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Crítica de Infierno bajo el agua (Crawl)

Bueno, es oficial: el verano de 2019 ya está aquí, como atestigua la peli con bicho del año. Vuelve a ser turno de cocodrilos, que esto es cíclico y tocaban después de los tiburones de la temporada pasada. Y nos los trae quien hace poco pasó por la rueda en forma de pirañas. Ah, pero ahí la primera pista de dónde nos estamos metiendo: con ustedes, Infierno bajo el agua, por el, ejem, maestro del terror de esta generación, Alexandre Aja. ¿Y en qué se diferencia la que nos ocupa de A 47 metros, Tiburón 3D: La presa o similar? Única y exclusivamente en el galo. Que no es poco.

Si no hemos conseguido superar aún alguna de sus secuencias más antológicas (esos minutos en el interior de una caravana de Las colinas tienen ojos); si a la hora de pensar en un entretenimiento reciente caemos inevitablemente en Piraña 3D antes o después, no es por mera coincidencia: Aja sabe sacar oro de la nada, en forma de minutos que se consumen a velocidad de crucero y a un suspense, una tensión, de cotas siempre elevadas con independencia del producto que se traiga entre manos (la película por la que se dio a conocer se llamaba, sorpresa, Alta tensión). ¿O quizá sea una cuestión de honestidad?

En Infierno bajo el agua no hay lugar para la sorpresa: esta es exactamente la basura cósmica que cualquiera puede esperar de su sinopsis. A saber: se avecina el huracán padre así que hay que salir de la ciudad como alma que lleva el diablo, pero una joven va en dirección contraria en busca de su padre, que no da señales; y se queda atrapada y asediada por cocodrilos gigantes. Serie B de libro, rodada con medios tendientes a cero y cuyo guión bascula entre el refrito y lo idiota. Quizá con una media de decisiones erróneas menor a lo habitual, pero poco más. En estas que Aja se pone manos a la obra.

Jugando a la carta inversa en relación al remake de las pirañas, la película enfrenta a los protagonistas y las bestias desde los primeros compases, apenas unos minutos después de la obligada introducción de turno (con el consecuente drama de garrafón). Y Aja despliega todos sus trucos, haciendo que entre jijis y jajas, el espectador acabe aguantando la respiración durante buena parte del visionado. Tanto da que se recurra a sobresaltos acústicos o a burdos homenajes (ejem) a Tiburón; que se juegue con nuestros sentimientos (ese perrito) o que se requieran saltos de fe. Infierno bajo el agua no pretende ser lo que no es, es más, parecería orgullosa del despiporre a su costa. Esas gestas heroicas, esos puntuales chorretones de sangre, esa destrucción progresiva del escenario… Por si fuera poco, desde aquí apostamos algo a que el rodaje fue un divertimento como la copa de un pino. Y se contagia.

Así que entre susto y susto, entre bocanada y risotada, pasan en un suspiro los 80 y pico trepidantes minutos de esta Infierno bajo el agua obligadamente tonta, condenadamente entretenida. Apáguese la neurona, adquiérase el lote de refresco y palomitas más grande que ofrezca el cine, y al agua cocodrilos, que el verano ha llegado oficialmente. Bueno, al menos parece que este año lo hace con más salero que de costumbre.

Trailer de Infierno bajo el agua

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3

En pocas palabras

El verano no empieza hasta que se estrena la primera película con bicho, y en 2019 es turno de Infierno bajo el agua. Divertimento idiota a cargo de Alexandre Aja, que da lo que promete, en el mejor sentido.

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