La Casa » Críticas » Crítica de Irrational Man

Crítica de Irrational Man

La filmografía de Woody Allen es más o menos cíclica, y alterna cuatro personalidades que a día de hoy siguen siendo perfectamente identificables: está el Woody Allen Brillante (Blue Jasmine), el malo (Magia a la luz de la Luna), el aburrido (Conocerás al hombre de tus sueños) y el divertido, sin más ni menos (Si la cosa funciona). Por su parte, los argumentos también tienden a repetirse, y aunque haya un poco de esto y lo otro en prácticamente toda su carrera, ésta podría categorizarse fácilmente mediante varias etiquetas, siendo la de thriller cómico una de las más reconocibles. Al lado de Delitos y faltas, Misterioso asesinato en Manhattan o se situaría Irrational Man, nueva intriga con aventura amorosa, crimen y planes perfectos, ahora ubicada en un campus universitario al que va a parar un profesor de filosofía profundamente atribulado, hasta que una estudiante cambia las tornas. En definitiva, una propuesta que pretende ser tan sólo un divertimento, menor por plantearse menos objetivos de los que habitualmente pululan por las grandes obras del de Annie Hall. Pero esa relajación, ese ajuste de prisma, le va que ni pintada al neoyorkino: su película de 2015 se descubre como una de las más anárquicas de su cosecha reciente. Es liviana y pretenciosa a la vez, esquemática y libre, clásica y rompedora. Y claro, tan expuesta como de costumbre a ser adorada y defenestrada a la vez.

Lo que no se puede negar es lo bien que le sienta la experiencia: a sus 79 años, Woody Allen sigue corrigiendo y adaptando, aún en un proceso de aprendizaje. Así, aunque sitúe su Irrational Man sin vergüenza alguna en una zona de confort por todos conocida, lo hace actualizando su discurso con las claves del éxito de Midnight in Paris o la antes citada cinta protagonizada por Cate Blanchett. De este modo, salta al ruedo un humor negro perfectamente afilado, al tiempo que se estudian personajes rotos por dentro o aún en proceso de construcción: un desmejoradísimo pero con encanto jamesdeaniano Joaquin Phoenix por un lado, y una soñadora Emma Stone que si cae en las redes del juego del amor es por pura inexperiencia por el otro. En general, ambos con bastante mala leche, fruto de un exceso de filosofadas. Tanto él como ella viven de las citas a grandes pensadores, adoptan estilos de vida aprendidos en la literatura, se condenan a sí mismos a cierto romanticismo decadente, y claro, de ahí sólo pueden salir amarguras y egos altivos que maquillan profundas carencias emocionales. De ahí a creerse con el poder de decidir quién vive o muere según lo éticamente correcto, o maquinar un plan que si tiene que salir es por justicia, hay un paso. En realidad un poco lo de siempre, adornado con grandes (y grandilocuentes) frases y citas y referencias para dar y regalar, pero simplificado en favor del aire despreocupado de todo el film.

Y lo que decíamos: eclecticismo (relativo, claro) en forma de recurrir a la voz en off cuando más conviene, y olvidarse de ella después; de comedia y drama enzarzados tanto en lo argumental como en lo formal; y de entramado que sin ser el colmo de la originalidad, adopta las vestimentas más variadas, suponiendo una vuelta de tuerca más a lo visto en Scoop, que a su vez le daba un repaso a Delitos y faltas. Todo ello encaja en una película que encuentra su armonía en la figura del director y guionista, siempre presente a todos los niveles aunque no aparezca frente a las cámaras. Irrational Man es una película inconfundiblemente alleniana y como tal vuelve a ser una demostración de lo bella que es la sencillez, de la narrativa basada en la economía de planos y la inteligencia desde la silla de la dirección. También, de la verborrea onanista y del egoísmo del individuo, del absurdo (lo irracional) de la vida y de lo condenadamente bien que maneja este hombre las bandas sonoras de sus trabajos.

Un reparto perfecto (¿alguien lo dudaba?) completa una jugada que no es maestra, pero porque no le da la gana. El objetivo de Irrational Man pasa por entretener, y para ello quiere despertar el interés del espectador por ver hasta dónde va a llegar un argumento que se va enfangando conforme progresa. Y no decepciona. Thriller refrescante y sin pretensiones, vamos, y obra menor de Woody Allen, pero de aquellas que se acaban viendo incluso más veces que las buenas.

7/10

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *