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Crítica de Jinetes de la justicia

Los accidentes ocurren. Aunque sean una putada. Aunque sean imposibles de comprender. Simplemente pasan. O no. Por una serie de casualidades, entre las varias víctimas mortales de un accidente de metro se encuentra la mujer de Markus, quien recibe la visita, al poco de suceder la desgracia, de un tal Otto que trae consigo una teoría: su mujer murió en un accidente orquestado. Es importante hacerse eco del arranque de Jinetes de la justicia para desentrañar su mensaje real antes de hablar de la trama de venganza en que éste se desarrolla; para esclarecer su tonalidad anímica soterrada, antes de centrarse en el humor negro que destila su envoltorio. Y es que en una época en la que la banalización impera, la película de Anders Thomas Jensen corre el riesgo de ser tomada por su apariencia más superficial, la que la cataloga de «thriller de acción nórdico» para gozo del espectador que se contenta con cuatro tiros y tres gags, siendo en verdad un drama sobre la pérdida y sobre lidiar con las cosas que a ojos de quienes quedan, deben tener una razón de ser. No puede ser que sean fruto de la mala suerte.

Bastante más chicha, en definitiva, que convierte a la película de Anders Thomas Jensen en un torbellino emocional. Se asiste a un prólogo que invita a pensar que nos hemos equivocado de sala, y luego a un accidente que hiela la sangre y que se contempla con el mismo estupor que el de su protagonista (un excelente Mads Mikkelsen, como siempre). Tal blancura angelical del inicio y el brutal momento que sigue, dejan marca en una propuesta con un poso incómodo, un extra de intranquilidad siempre presente aun cuando se pone, de manera puntual pero tambiñen literalmente, idiota. Porque sí: pasado el trauma inicial, Jinetes de la justicia ese efectivamente un thriller de venganza, con momentos de acción de violencia elevada; y es también, en líneas generales, una comedia de humor negrísimo salvo en ocasiones en que, directamente, tira de gags propios del slapstick.

Y ojo, que bajo este prisma también funciona perfectamente. Anders Thomas Jensen le toma el pulso de manera impecable a un entramado que se va enredando y adquiriendo una sensación de punto de no retorno que confirman sus exabruptos violentos y esa sensación, cómo decirlo, ¿crepuscular? que se apoya sobre los hombros del grupo protagónico. Un grupo de personajes pintoresco, por decir algo, donde reside la verdadera clave del éxito de Jinetes de la justicia: tanto da lo rocambolesca que se torne su trama o lo estrafalarios que sean quienes la protagonicen. Al final, esto sigue yendo sobre personas, seres humanos que afrontan una situación inenarrable apoyándose y haciendo piña como buenamente pueden. Quién iba a decir que con un grupo que parecería digno de Mystery Men, íbamos a empatizar como lo hacemos.

De manera que entre una cosa y otra, tenemos una película que esconde un drama tratado con una sutileza mucho mayor de lo que aparenta. Y lo que aparenta es una comedia que tarda poco en arrancar sonrisas, o risotadas directamente. Con una trama propia del thriller de venganza que también cuaja. Interpretada de vicio y exquisitamente realizada. En definitiva, todo funciona a la perfección y no creo que sea coincidencia, lo cual tiene gracia habida cuenta de que justamente, el tema a debatir es si las coincidencias existen o no. Sea como sea, película a la que rendir culto desde ya.

Trailer de Jinetes de la justicia

Jinetes de la justicia: las coincidencias no existen.
  • Carlos Giacomelli
4

¿Por qué ver Jinetes de la justicia?

Gratísima sorpresa en forma de drama profundo y sentido camuflado de alocada comedia negra, y thriller de venganza. ¿Cómor? Sí, todo cobra sentido y a las mil maravillas en una de las películas de la temporada.

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