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Crítica de John Wick 3: Parabellum

Dejando de lado su vertiente superheroica, la acción en el cine, la made in USA/macho macho men, siempre ha sido cíclica: diversos actores se han ido alternando el reinado y cuando no eran Seagal/Van Damme, eran Schwarzenegger/Stallone. Los tiempos que corren parece que tienen dos nombres propios: Tom Cruise y Keanu Reeves. Cuando parece que el primero ya es pasto de tele, se saca de la manga un nuevo episodio de Misión: Imposible. Y cuando el segundo parece haber sucumbido a la fama de alguno de sus célebres personajes (Speed, Matrix)… se convierte en uno aún mejor.

Sleeper por excelencia de los últimos años John Wick salió de la nada y se abrió paso a base de tortas. Adrenalínica carta de presentación de un tal Chad Stahelski especializado en interpretar escenas de riesgo, y dado, por tanto, a la coreografía de las peleas y las persecuciones. Justamente ahí, en ese background, estaba la clave. Bueno, y en Keanu Reeves. Su argumento no escondía (ni esconde) su condición de excusa para encadenar set piece tras set piece. De mamporros, esto es; el actor de Noviembre dulce ya se encargaba de compensar esa falta de guión, por así decirlo, aportando su inexplicable carisma, ese que otorga a todos sus héroes desde su inmutable semblante. Éxito al canto, continuación y reconversión en saga, y a partir de ahí, aumento exponencial de todas sus bondades.

John Wick 2 ahondaba en una inesperada subtrama de casas de asesinos, pero en realidad seguía siendo otro pretexto para potenciar, pulir incluso, las virtudes de la película como puro espectáculo. Con comodines, claro: que nadie confunda esta saga con cualquier chaladura de Michael Bay, que aquí hay lo mínimo indispensable para que los personajes convenzan y la trama engresque. A saber: Keanu Reeves mola, esto es así, y a su personaje le tocan algo imperdonable que, de inmediato, genera empatía con el espectador. Y todos los secundarios se escogen con atino desde el primer momento: Ian McShane, Lance Reddick, Laurence Fishburne… Además, la trama es mínima, pero inesperadamente embolicada en un universo enorme al que se llega de un detallito de lo más mínimo. Todo esto por un perro…

Todo ello aplica aún más para John Wick 3, este Parabellum que supone la cumbre (hasta la fecha, al menos), de la saga. El argumento riza aún más el rizo en esta historia de casas de asesinos que nunca se olvida del dichoso cachorro. Reeves empieza a correr y pegar tiros desde los primeros compases (la película empieza justo donde acabo su predecesora, ni un minuto más). Y la acción se torna aún más espectacular, más frenética, más violenta. John Wick: Parabellum es la confirmación inapelable de lo que se intuía con las dos anteriores. Es un do de pecho que suena a western crepuscular, a yakuzas, a The Raid y a Mentiras arriesgadas. A Uncharted y a Assassin’s Creed. Es la reinvención (una vez más) del cine de acción más esencial: el del tipo que se venga y a por el que van todos. La postulación de que aún se puede. Qué demonios, la respuesta a marvelitas adisneysados, caballeros oscuros y mujeres maravillosas. Es oscura, es sucia, es gore y lluviosa. Pero no por ello grave ni dramática. Duele verla, pero no rehúye de un humor sano, autoàródico. Y sobre todo, es una generadora de iconos casi imparable. Ya no es sólo Keanu Reeves y sus golpes de espada en moto; es Halle Berry como despiadada justiciera, Reddick como robaplanos profesional, Fishburne como capataz pasado de rosca.

Y a todas estas, el espectador metido de buenas a primeras en una carrera constante y sin apenas tregua. Tanto como para no percatarse siquiera de que donde ha ido a parar es a algo más: a una saga de inesperada épica y con su propia mitología, ya firmemente asentada y funcionado con perfección suiza. John Wick: Parabellum es, en definitiva, más y mejor en todos los sentidos. Quien me lo iba a decir a mí, que la primera vez que vi algo relacionado con la saga, fue en forma de póster en una página de mala muerte, como si del típico subproducto de una estrella venida a menos se tratara. No, no: John Wick es algo grande, es una revolución. Y Parabellum es la traca… ¿final?

 

Trailer de John Wick 3: Parabellum

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
4

En pocas palabras

John Wick 3: Parabellum es la confirmación de lo que se viene intuyendo desde que arrancara la saga en 2014: que estamos ante algo muy gordo. Tanto como que estamos ante la mejor película de acción del año.

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