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Crítica de Judas and the Black Messiah

Seguimos sumando películas entorno al Black Lives Matter. Siguen llegando biopics, dramatizaciones de momentos cumbre para el Movimiento de los Derechos Civiles. Y lo más importante: siguen subiendo el nivel medio. De un tiempo a esta parte, el mensaje sigue intacto y nada más faltaría, pero los cineastas se van alejando del biopic plano y masticado, y atreven con otros géneros, otras inquietudes. La moraleja no pierde un ápice de su fuerza, pero ya no condiciona tanto la calidad del producto cinematográfico, ya que la necesidad de estar constantemente señalando al espectador con el dedo se ve reducida y da paso a, por ejemplo, estimulantes conversaciones en las que diferentes puntos de vista ponderan igual (One Night in Miami…). O a planteamientos un punto más desenfadados de lo acostumbrado (Infiltrado en el KKKlan o, y en menor medida, Hermanos de armas). O a un discurso mucho más sesudo y con espacio para un buen puñado de grises. Caso de Judas and the Black Messiah.

La película de Shaka King cuenta la historia de Fred Hampton (interpretado de manera exquisita por Daniel Kaluuya), presidente de las Panteras Negras a finales de los 60, y por lo tanto cuando la ciudad de Chicago era un polvorín (los hechos que aquí se narran coinciden con los de El juicio de los 7 de Chicago). En pleno calor social, Hampton no contaba con un problema gordo, como fue la presencia de un infiltrado del FBI en las filas de su partido, Bill (Lakeith Stanfield, quien coincidió con Kaluuya en Déjame salir, por cierto). Justamente con este último se abre la película, por lo que ya de entrada, un a priori manido drama biográfico de moralidad inquebrantable… nos muestra a un protagonista con más sombras que luces. Y las sombras no se disiparán en ningún momento. Al contrario, el guión entona un «homo homini lupus» en cuyo origen se sitúa el hombre blanco (y en este caso, personificado en J. Edgar Hoover), pero que no resta culpas a los Panteras por sus actos violentos, a la postre generadores de aún más sangre. ¿Cambia en algo la moraleja? No. ¿Y la película? Agradece y de qué manera que el sermón dé paso a la reflexión, situando al espectador en una posición no siempre cómoda (viéndose incluso forzado a hacer de abogado del diablo en algún que otro momento).

Y es que Judas and the Black Messiah quiere ser, ante todo, una buena película. Para convencernos de ello, King opta también por un empaque cinematográfico de altura. Se empapa del cine de los 70 hasta el punto de recorrer las calles de Chicago al estilo de Scorsese, mientras adopta un tono digno de Lumet, ocasionalmente de Peckinpah, remachado con la obvia sombra de Spike Lee. El jazz y el blues van estableciendo el tono emocional de una cinta que, pese a su clara condición de drama histórico, por momentos se consume como un thriller de dicha década; que pese a su claro posicionamiento, sigue ahondando en el conflicto moral de su protagonista. Ciertas irregularidades rítmicas, fruto de no haberse moderado en la sala de montaje (la película rebasa, aunque por poco, las dos horas), hacen que el plan se tambalee en un bloque central donde lo anecdótico se apodera de la función. Pero más allá de esos reveses, Shaka King enarbola su discurso, tanto a nivel individual como social, de manera encomiable. Al César lo que es del César.

De manera que Judas and the Black Messiah aporta otro grano de arena más a la confirmación de que se puede hacer cine de denuncia, político o social… o más concretamente, que se puede afrontar cinematográficamente el drama racial estadounidense, sin rebajar intensidad pero también sin olvidarse de ser, justamente, una obra cinematográfica ante todo. No han transcurrido ni cinco minutos y ya dice uno de los personajes que «una placa asusta más que una pistola». El mensaje está más claro que el agua. Pero también en esos cinco minutos hemos conocido a un personaje turbio, a quien hay ganas de descubrir. Y lo hemos hecho por vía de una obra artística francamente gratificante. Tranquilos, acabaremos reflexionando y queriendo un cambio con igual intensidad. Pero podemos disfrutar de buena película, que es también a lo que habíamos venido.

Trailer de Judas and the Black Messiah

Judas and the Black Messiah – Universo expandido

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Crítica de Judas and the Black Messiah
  • Carlos Giacomelli
4

Por qué recomendamos Judas and the Black Messiah

Un nuevo biopic sobre los años 60 y la cuestión racial en los Estados Unidos que plantea sus reflexiones de manera lúcida e inteligente, tornándose en una notable película que se sigue con (casi) intacto interés de principio a fin.

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