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Crítica de Judy

Siempre que se acerca la temporada de Oscars, se empieza a estrenar un biopic tras otro. Películas ávidas de estatuillas que saben perfectamente de qué hilo tirar para encandilar a la Academia: grandes personalidades, historias bigger than life contadas más o menos de igual manera, cine dramático pero luminoso y grandilocuente, y reparto encabezado por una estrella a reivindicar y, probablemente, maquillar. Rara vez sale bien la cosa. Recordemos cómo trasformaron a Anthony Hopkins en un ser extraño que pretendía ser Hitchcock. Pero más que por las prótesis en los actores, si un gran número de películas de este estilo falla, es por su total carencia de innovación, por su falta de interés pese a lo importante que sea la persona en que se basan. Al fin y al cabo, hoy en día para saber vida y obra de alguien, buscas en Internet.

Las que pasan el corte son las propuestas que intentan ir algo más allá, usar a la celebridad como excusa para enarbolar un discurso con personalidad. The Imitation Game escondía entre sus entresijos un interesante planteamiento sobre la inteligencia artificial y los sentimientos. Judy, centrada en Judy Garland, realiza una parábola exquisita sobre el viciante poder de la maquinaria hollywoodiense, su habilidad para crear estrellas y desprenderse de ellas sin mayores consecuencias… más allá de la vida de estos juguetes rotos, claro, que acaban siendo dependientes de tal maquinaria.

La niña prodigio de El mago de Oz no tuvo un ocaso feliz precisamente. Como tantos otros casos, principalmente de actrices hollywoodienses, a la que pasaron unos años la Garland dejó de valer. Se hizo mayor, había que buscar carne fresca. Esa temporada, en la que la actriz ni siquiera tenía lugar donde dormir, centra el interés de la película de Rupert Goold. Una recuperada Renée Zellweger se pone en la piel de una actriz prácticamente acabada, si bien incapaz de escapar de su fama. Fama menguante pero siempre tan presente como para impedirle una vida normal. Y por lo tanto, única fuente de un mínimo de ingresos, mal que le pese. Por mucho que siga brillando en escenarios, la Judy de Zellweger es una mujer frágil, adicta, incapaz de conciliar el sueño y plagada de tics. Una vida marcada por un pasado oscuro, oscurísimo, en que se la explotó lo indecible. Marchando otra torta a Hollywood, representada principalmente por LB Mayer (Una de las M’s de la MGM) como gerifalte del cine que recuerda (no tan) lejanamente a Weinstein.

Judy no se corta demasiado, pues, a la hora de dibujar un negativísimo retrato de un mundo marcado por los intereses y los abusos de poder. La Garland es una herramienta que se usa a conveniencia y, cuando no sirve, se tira. A lo largo de toda la película cuesta encontrar rayos de luz, personas que de verdad están ahí para echar un cable. Y si embargo ahí está la diva, tratando de remar marea arriba por el noble objetivo de tener una vida tranquila junto a sus hijos.

Pero ojo, el guion de Tom Edge (adaptando la obra teatral de Peter Quilter) no pretende hacer de la actriz un mártir. La tesis de Judy (no demasiado alejada a la del reciente Joker de Todd Phillips), reparte responsabilidades, habla de decisiones y consecuencias, y muestra oscuros, sí, pero también claros. Hay que indagar a fondo para tratar de entender el efecto adictivo de Hollywood. Y las lecturas que de ello se desprenden son múltiples. Vaya, lo que decía al principio: lo que hace que este biopic valga la pena es que no se limita a un repaso de la vida y obra de su personaje principal, sin más. De hecho, poco de lo segundo hay en la película.

Y a todas estas, ¿Renée Zellweger qué tal? Pues especialmente bien cuando se sube a los escenarios. Como ya demostró en Chicago, se le da bien cantar y bailar en pantalla, y consigue emocionar (especialmente con la esperada Over the Rainbow y el discurso que la acompaña). Sin embargo, en los momentos de mayor carga dramática, el exceso de tics puede desviar la atención. Pero qué duda cabe: Judy es ella (aunque se parezca más a Liza Minnelli), y ser capaz de aguantar semejante peso sobre sus hombros bien valdrá una nominación, y quién sabe si algo más, a los inminentes Oscars de 2019.

Trailer de Judy

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3.5

En pocas palabras

La película sobre Judy Garland es mejor de lo que nos teníamos: lejos de ser un repaso benevolente a la vida de la actriz, critica a Hollywood, y muestra un ocaso de una estrella menos agradable de lo que se podía esperar. Bien.

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