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Crítica de Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 2 (The Hunger Games: Mockingbird. Part 2)

Sí, debo admitirlo. Me he sentado en una butaca del cine, dispuesto a zamparme la segunda parte del tercer acto de Los juegos del hambre, sin recordar ni uno sólo de los 110 minutos que duraba la anterior entrega. Es así, y denota una cierta falta de profesionalidad por mi parte, si se quiere. Lo reconozco. Pero es que Sinsajo: Parte 1 era un pseudoespectáculo tan, tan mortecino en todos sus aspectos que, sinceramente, mi cabeza consideró que tenía mejores cosas a recordar durante los meses que han pasado entre aquella y esta conclusión a la saga. En mi memoria, lo que sucedía en la estupenda En llamas daba pie a una nube grisácea de acontecimientos indescriptiblemente sosos e indescifrablemente monótonos que debían servir como puente a la épica conclusión de las aventuras distópicas de Katniss Everdeen. Y un poco así ha sido: por lo visto ocurrían cosas muy relevantes en aquella y, nuevo acto de contrición por mi parte, reconozco que en ocasiones iba un poco perdido con esta. Pero, la verdad, salvando algunos conceptos esquivos y personajes para mí cuasianónimos, intuyo que si hubieran prescindido de aquella, la trilogía habría quedado de lo más cuca. Porque, afortunadamente, Sinsajo 2 le enmenda ligeramente la plana a la saga y remonta un poco el vuelo.

Ni de lejos todo lo deseable. Lo deseable hubiera sido que el cénit (insisto, En llamas) hubiera quedado obsoleto ante un nuevo festival de cine palomitero adolescente trepidante y furioso. Y no es así; lamentablemente Sinsajo 2 arrastra algunos de los tics más molestos de su predecesora. Especialmente un ritmo espasmódico que deriva en un interés global variable, demasiado intermitente. Hay aquí más acción (gracias a Dios) más ruido y más secuencias épicas. Esto tiene mucha más pinta de clímax, de final de altura, de conclusión memorable. Pero aun así, la oscuridad más ceñuda pareció apoderarse de la serie hace un año y ya no la ha abandonado. Siguen habiendo momentos de pesar impostado, de seriedad forzada y de rigor dramático aparentemente espeso pero realmente un poco hueco. Palabrerío un poco insulso y arengas formulaicas. Un aire de falsa madurez que recorre toda la cinta y termina catalizando en un final compuesto de varios epílogos inútiles y melífluos. Y que además anula en parte una de las grandes bazas de la serie: esa minería psicológica que hace con sus personajes, sus miedos y sus deseos. Sinsajo 2 vuelve a interesarse por lo que pasa por dentro de las cabezas de sus protagonistas; por lo que sienten y los conflictos que sufren, centrándose en esta ocasión especialmente en Peeta y, obviamente, en la propia Katniss. Pero al mismo tiempo se atranca en esas obsesiones, que terminan siendo un tanto reiterativas y cansinas. A ello no ayuda, por cierto, un diseño de los protagonistas masculinos falto de chispa y carisma.

Cosa que, obviamente, no puede decirse de la parte femenina. Jennifer Lawrence vuelve a robar la función una vez más. Y de qué manera. Convertida ya en la heroína de acción juvenil total, Lawrence aporta todo el poderío interpretativo que la caracteriza, genera empatía emocional y da la talla en lo físico, respondiendo muy bien a un puñado de secuencias donde se dan la mano la acción y los picos emocionales. Es en esas escenas, por otro lado, donde la película encuentra sus mejores momentos. Habida cuenta de que la realización de Francis Lawrence sigue siendo efectiva y eficiente pero despersonalizada, cuando la espectacularidad hace acto de presencia y las distancias cortas empiezan a importar un poco menos, Sinsajo 2 sabe dar el do de pecho: no es un macroespectáculo enfebrecido, pero recupera un poco el sentido de la aventura de En llamas. Resulta poderosa en lo visual y recuerda, muy conscientemente, a un puñado de buenos ejemplos del cine bélico (ese grupo de soldados desplazándose taciturnamente sobre un montón de ruinas que pueden colapsar en cualquier momento). Y puestos a guiñar, sabe incluso hacer cierta referencia a Aliens, en una secuencia algo loca que culmina en un momento inesperadamente brutal. Afortunadamente ese tono, más cinético, más infectado de sentido de movimiento, va ganando la partida y el puro tedio verbal termina por dosificarse bastante.

Buena cosa en una serie que ha terminado, en su cuarta entrega, por diluir sabiamente su carga de crítica naíf -a la sociedad hipermediatizada, a los regimenes absolutistas- y dosificarla alejándola del trazo grueso en el que podría haber incurrido, a tenor de lo presentado en anteriores entregas. Con todo, Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 2 es una digna conclusión a una saga que finalmente no ha llegado a ser todo lo que podría haber sido, pero que sin embargo ha terminado postulándose como la mejor de todas las series de acción distópica adolescente para esta primera parte del siglo XXI.

 

Trailer de Los juegos del hambre – Sinsajo parte 2

 

 

Valoración de La Casa
  • Xavi Roldan
  • Carlos Giacomelli
3

En pocas palabras

Un cierre digno para una saga irregular, pero que gracias a partes como esta acaba convirtiéndose en la mejor de su categoría (la épica juvenil distópica… o algo).

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