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Crítica de Cómo sobrevivir en un mundo material (Kajillionaire)

No sé cuántas veces habremos dicho ya que lo que importa no es tanto el qué, sino el cómo. Que en el cine hay un número limitado de temáticas, y se empleó a fondo tal y como nació el formato. Kajillionaire, o Cómo sobrevivir en un mundo material (sic), es un clarísimo ejemplo de ello. La nueva película de Miranda July, nueve años después de El futuro, va de algo que el cine (indie en especial) ha tratado hasta la saciedad: de una adolescente que busca su sitio en el mundo. Pero es en la manera en que se desarrolla esta trama, fresca, juguetona a la hora de decidir qué cartas mostrar y cuáles guardarse para más adelante (o no mostrarlas en absoluto incluso), donde se encuentran los suficientes alicientes como para acabar rindiéndose al personaje de Evan Rachel Wood (estupenda). En las capas que se le van añadiendo a tan manido núcleo, donde se descubre su originalidad.

Y es que al principio, July quiere jugar al despiste: una familia estrafalaria se dedica a acometer pequeñas fechorías y timos de todo tipo para ir tirando económicamente. Padre y madre (Richard Jenkins y Debra Winger) se aprovechan un poco de su rarita hija, quien queda claro que no ha tenido una relación normal con otro ser humano en la vida. Empiezan los matices, se van sumando dimensiones. La soledad en un mundo hiperconectado, la incomunicación en el seno familiar, el yugo que suponen sus tradiciones, los palos en las ruedas del autodescubrimiento… Bien pronto, Cómo sobrevivir en un mundo material empieza a mezclar marcianadas con emociones reconocibles, invitando al espectador a divertirse con el entramado, pero sobre todo a situarse en lugar del personaje principal. En especial cuando entra en sus vidas una revolución puertorriqueña (Gina Rodriguez) que lo pone todo patas arriba: se autodefine integrante de la banda de timadores, propone planes nuevos, y pone en jaque la normalidad que Old Dolio (la Wood) creía estar viviendo.

La irrupción de este elemento externo da alas a Kajillionaire, poniendo encima de la mesa un sinfín de piezas nuevas para que el espectador se monte el puzzle a su manera. Se puede creer que genera turbulencias, o terremotos, en esta familia cuyos patriarcas tanto parecen tener todo en control; como se puede pensar que nada en verdad está escapando de sus manos. Se pueden interpretar las motivaciones de diversas maneras, y su presencia permite también que teoricemos sobre el pasado de la protagonista: ¿qué nos está queriendo decir realmente la escena del jacuzzi? En fin, una miríada de propuestas que están ahí para que las usemos si queremos, en una película luminosa y ágil, sutil tanto en su fondo como en su forma.

De hecho, con sutileza infinita se adentra Miranda July en un tramo final precioso, si bien no exento de dobles lecturas algo más oscuras. Hay espacio para todo: plantearse (esa maravillosa escena del baile) si no hemos juzgado con demasiada rapidez lo que es normal y lo que no. Dudar de los padres, dudar de la hija (¿hasta dónde puede llegar el juego de engaños?). Disfrutar con nuevas emociones que añadir a un conjunto ya de por sí bastante poblado de ellas. Y ya lo veis, todo ello partiendo de una premisa manida hasta la saciedad.

Quizá Cómo sobrevivir en un mundo material requiera de cierto esfuerzo al inicio, para entrar en ella y aceptar sus reglas y el universo que propone. Una vez conseguido, se convierte en una experiencia rica en todos los sentidos: entrañable, cómica, dramática, bien hecha y muy bien interpretada. ¿Lo mismo de siempre? Sí, pero a su manera, bastante original. Nueva peli de culto indie al canto, vaya. Y majísima se mire por donde se mire.

Trailer de Kajillionaire (Cómo sobrevivir en un mundo material)

Reseña de Kajillionaire
  • Carlos Giacomelli
3.5

Cómo sobrevivir en un mundo material, en un tuit

Miranda July regresa a la cartelera con una propuesta tan manida en esencia, como rica y refrescante a la hora de la verdad: Kajillionaire no cuenta nada que no nos sepamos ya de memoria, pero aporta un amplio abanico de lecturas y emociones, que sumadas a un entramado marciano, la califican como una de las películas más majas del año.

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