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Crítica de La casa lobo

En la génesis conceptual de La Casa Lobo radica un contexto histórico real francamente turbio. La película nos habla de una colonia, una comunidad alemana asentada en Chile en los años 60 de la que logra escapar la protagonista de la historia. Pero esto es reflejo de una Colonia real, la (mal) llamada Dignidad, donde se torturó y asesinó a presos políticos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Un lugar, para mayor infamia, fundado por un antiguo militar nazi que terminó convirtiendo Colonia Dignidad en una especie de siniestro centro neurálgico de una secta en la que se cometieron numerosas atrocidades.

¿Hasta aquí bien? Atención. La Casa Lobo es una película de animación. La protagoniza una niña. Está rodada con objetos cotidianos y alimentada por el fuel fantástico que recorre todos los cuentos infantiles tradicionales. Pero no es difícil adivinar que esto tiene poco de película familiar. Y mucho de fábula pesadillesca que pretende afrontar una serie de demonios -sociales y personales- desde el aliento alegórico que, precisamente, desprenden esos cuentos. Y es que en esta propuesta de los chilenos Joaquín Cociña y Cristóbal León (más la coguionista Alejandra Moffat) hay referencias explícitas y reinterpretaciones de algunos elementos de Los tres cerditos, de Caperucita roja, de Ricitos de oro. Pero su aparato estético, tan sucio y feísta como sofisticado, es afín a las animaciones de vanguardia de los años 70 y 80 de los hermanos Quay o de Jan Svankmajer, vacas sagradas del extrañamiento, la decadencia, la luz-oscuridad-luz y la perturbación vía stop motion.

Esta es la técnica expresiva primordial para unos cineastas que tienen casi tanto de eso como de artesanos plásticos. Que no dudan en dar vida a su cuento oscuro mediante distintas técnicas cinéticas y pictóricas, usando la orografía de los objetos cotidianos, las texturas de diversos materiales artísticos y de escritorio: papel maché, cinta adhesiva, arcilla, pelucas, cinta de papel y atrezzo real caracterizan a unos personajes (la protagonista María y sus criaturas Pedro y Ana) que habitan un único espacio cerrado. Una casa sobre cuyas paredes se narra la historia, proyectada en un óleo que en una especie de stop motion pictórico kamikaze va estampando capas y capas de fotogramas, uno encima del otro, destruyendo a cada capa la anterior. Quizá contado así suena un poco raro, pero el efecto es el de una película animada a lo bruto e imbuida, por ello, de una especie de belleza hipnótica punk.

Como efecto del stop motion la cámara está en permanente estado de nervio, la imagen no deja de moverse y el diseño de audio genera constantes efectos de sonido insistentes y desagradables. Con lo que se consiguen dos de las emociones primordiales que vehiculan la propuesta: la inquietud y el desasosiego. Al fin y al cabo este es un cuento tan siniestro y perturbador como ese contexto histórico del que hablaba. Y la historia de esta Maria es la de un personaje a quien le han arrebatado la inocencia y que se ha visto obligada a huir, física y psicológicamente, hacia sus propias pesadillas, atenazada por su paranoia y por un terror que se esconde a plena vista, disfrazado de cotidianidad, en absolutamente todos los rincones de una casa onírica, surrealista… y mundana. En semejante lugar a María sólo le queda hablar consigo misma (apenas hay diálogos en la película y sólo dos voces, en off, narran la parte verbal de la historia) y escapar hacia adelante, aunque ello pueda costarle la cordura.

Así, desde ese binomio cordura/chifladura es como se experimenta esta película incómoda y asfixiante, atractiva y en muchos momentos fascinante. Con la sensación de estar siempre a la carrera, de no tener el culo sentado en un asiento seguro, de estar haciendo algo mal sin saber muy bien qué. La Casa Lobo es una película que genera inseguridad y malestar. Pero también es una propuesta que hechiza y seduce desde un posicionamiento que hoy, en momentos de pandemia, puede tener una interpretación añadida que no tenía cuando fue rodada hace un par de años: que el confinamiento entre cuatro paredes siempre puede ir a peor.

Trailer de La Casa Lobo

Reseña de La Casa Lobo
  • Xavi Roldan
4

La Casa Lobo en un tuit

Esta reinterpretación de los cuentos clásicos, reconvertida en  perturbadora fábula sobre el terror como fin de la inocencia, es un prodigio visual tan encomiable en lo técnico como desasosegante en lo artístico.

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