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Crítica de La dama de oro (Woman in Gold)

La noticia tiene lugar cuando se quieren recuperar cuerpos extraviados, enterrados en fosas comunes. Y el cotilleo, cuando se producen peleas descomunales por repartos de herencias descabelladas. Por ese motivo, que la gran cuestión que plantee La dama de oro sea la lucha de una mujer por recuperar en los tiempos que corren un cuadro que le fue arrebatado a su familia cuando la Segunda Guerra Mundial (y sin recurrir a un equipo formado por Clooney, Damon y compañía en plan pelotón militar)… quizá quede en poca cosa. Demasiado poca de hecho, por más que se trate de una obra original de Klimt. Es el primer gran problema con que debe lidiar una película que sirve para demostrar que en el cine, aunque parezca lo contrario, no vale todo; que una de dos: o tienes una trama lo suficientemente fascinante como para poder desarrollarla con la mayor de las vulgaridades, o eres capaz de plantear un tratamiento fresco, diferente en lo narrativo o lo formal, con el que llevar a buen puerto una minucia argumental. Y ese es el segundo problema de La dama de oro.

Simon Curtis tiene entre manos una historia real de peso efímero, que a duras penas pasa de la curiosidad, y se obsesiona con mantenerse fiel a los hechos como si de un documento casi oficial se tratara, buscando cierto rigor informativo que se traduce en la impersonalidad suprema en todos los sentidos. En primer lugar, a nivel emocional, pues lo único que consigue sacar al espectador de la apatía más absoluta, es la interpretación de una Helen Mirren, para variar, de Oscar. No hay grandes conflictos, no hay grandes tragedias, y todo se va desarrollando en forma de un lugar común tras otro, haciendo de ella una señora dura pero de buen corazón, y del abogado que la ayuda (Ryan Reynolds) el novato de turno que se toma muy a pecho un caso que a nadie más le importa. Como es de esperar, su relación trasciende lo meramente profesional, de manera que poco a poco La dama de oro va tornándose un canto a los valores humanos, la importancia del trabajo en equipo y la superación personal. Por si fuera poco, el inenarrable personaje de Daniel Brühl hace acto de presencia únicamente para servir de punto de apoyo ultra-expositivo: es de esos personajes que sólo sirven para forzar preguntas y comentarios que sirvan para masticar el guion. No, nada nuevo bajo el sol. Ni demasiado bueno.

Y como decía, que no tenga un solo recurso, un solo plano digno de recuerdo, no ayuda. La apatía dramática se contagia de inmediato a los sentidos audiovisuales, durante el visionado de lo que no merece mayor atención que el que se le depara a un subproducto de sobremesa. Mirren aparte, claro. Es evidente cómo va a acabar la película y el arco evolutivo por el que van a pasar los personajes porque es un film que henos visto en demasiadas ocasiones. Pero es que aunque no fuera así, tampoco nos importaría lo más mínimo.

 

Trailer de La dama de oro

 

Y en el Blu-Ray de La dama de oro…

Emmon saca a través de Savor esta película en Blu-Ray, y como es habitual, lo hace con una edición muy sencillita (apenas dispone de extras en forma de una ronda de entrevistas de 15 minutos y un trailer) y de nivel audiovisual prácticamente impecable. No son grandes aspavientos técnicos, los suyos, pero tampoco es que lo requiera un film de imagen nítida y contornos bien definidos, y audio en DTS-HD 5.1 para sus tres opciones de audio. La distribuidora sigue superponeindo textos en castellano en la imagen original en lugar de traducirlos con un subtítulo, y eso podría provocar unos colores algo alterados, pero no molesta en absoluto.

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
2

En pocas palabras

Una película de premisa interesante pero muy manida. Tanto como para necesitar por algún otro lado una revolución, un soplo de aire fresco y renovado, que nunca llega.

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