la forma del agua

Crítica de La forma del agua (The Shape of Water)

Guillermo del Toro se ha hecho mayor. Y lo mejor es que lo ha hecho manteniéndose fiel a sí mismo y abarcando el grueso de su filmografía: aquí hay bichitos y rarezas para contentar a su público mayoritario (el que se da al onanismo cuando oye el nombre de Hellboy), pero también hay margen para la investigación por parte de aquellos que quisieron saber más después de, por ejemplo, El espinazo del diablo. Con su nueva propuesta, ya premiada por encima de toda expectativa, se embarca en una alucinada fábula ambientada a principios de los 60, cuando a un súpersecreto centro de investigación norteamericano va a parar una bestia humanoide que despierta la atención de Elisa, empleada de la limpieza que verá con cada vez más malos ojos las brutalidades llevadas a cabo contra tan peculiar ser acuático… y con ojos cada vez mejores al tipo en sí.

Cierto es que La forma del agua consigue hacer formar parte al espectador del cuento de hadas, quizá desde que lo convence a hacer frente a lo que apunta a, sic, un nuevo Amélie wannabe. Inicios irritantes que afortunadamente se van oscureciendo, sin por ello perder un aura onírica de claroscuros, y que acaban de encandilar de una vez por todas cuando aparece en pantalla un siempre excelente Michael Shannon. Ya con las cartas sobre la mesa, Del Toro se vuelve a descubrir como el hábil narrador que es, pero sobre todo como imaginativo artesano del cine, recargada forma (os pido perdón por ello) para decir que entra por los ojos. Y lo hace porque esta vez el bestiario del autor de El laberinto del fauno queda en un plano secundario, en pos de un trabajo de discurso, sentimientos y personajes mucho más trabajado que de costumbre. Es por ahí por dónde el director da el do de pecho. Por lo que digo, vaya, que ha madurado definitivamente.

Ojo, eso no evita que La forma del agua recorra una senda por todos conocida, lo cual incluye protagonistas y antagonistas, principales y secundarios, absolutamente previsibles y simplones. La diferencia es que, si acaso, esta vez suenan más humanos, más creíbles. Y sí, incluyo al hombre-pez. Todos ellos acuden a contar la de, no sé, 1, 2, 3… Splash!. A ese nivel de escasez de ideas argumentales estamos. La diferencia: que acompañamos durante todo el viaje (o casi). Este es un caso de no importa qué, sino cómo lo cuentes, y en este sentido Guillermo del Toro da en el clavo con una propuesta más adulta, madura, sesuda que de costumbre. Más contenida, incluso. Y por tanto, por increíble que parezca… más creíble.

No suelo estar muy contento cuando me encuentro con la enésima repetición de una fórmula demasiado manida, pero tampoco creo que sea justo despreciar esta película por ello, cuando supone un derroche de esfuerzo y creatividad en otros sentidos. Cuando significa un paso hacia delante y en firme por parte de su responsable (atención a esa escena doblemente onírica; el Del Toro de hace unos años no se hubiera atrevido ni de lejos)… y qué demonios, cuando se hace tan entretenida y entrañable como para conseguir que hasta la histriónica Sally Hawkings caiga menos mal que de costumbre.

 

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
  • John Blutarsky
3

En pocas palabras

No, no es la mejor película de la historia, ni del año. Es una entretenida película a medio camino entre el romance y la ciencia ficción, que no esconde sus referentes ni sus intenciones. Otra cosa es el hype.

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