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Crítica de La gran apuesta (The Big Short)

Vale, es oficial: se abre la veda. Hollywood ya puede hablar abiertamente de la gran crisis de 2007/2008 por todo lo alto, y como suele ocurrir allende el charco, cuando se encuentra un nuevo nicho se agota hasta su última gota. Margin Call, The Company Men, El lobo de Wall Street, Wall Street 2. Ya no se trata de documentales (Inside Job) ni de dramas indies en que la crisis económica haga las veces de marco de la función; ahora se dedican películas enteras, de grandes presupuestos y con grandes nombres a ella vinculados, a analizar activamente lo ocurrido hace casi diez años, siendo las hipotecas, los bancos y los corredores de bolsas los principales protagonistas. La gran apuesta cuenta con Christian Bale, Ryan Gosling, Steve Carell y hasta Brad Pitt (también productor vía Plan B) en su reparto, y los dirige adaptando novela homónima Adam McKay. Ahí es nada. Dos horas y pico de metraje para ahondar en el carácter desproporcionadamente grande del proyecto, y nominaciones a cascoporro por si podía caber alguna duda de sus dimensiones. Y todo ¿para qué? Para volver a hacer la misma película una vez más. O la memoria colectiva es más efímera que la de un pez, o un servidor se ha vuelto loco y revive cada año cual Bill Murray.

El caso es que ya no tengo ni la más remota idea de cómo hablar de La gran apuesta sin que esto quede como un refrito de lo que ya hemos escrito otras veces por aquí. De nuevo nos encontramos con un director cuya personalidad se hunde en pos de un montaje espitoso, burdo intento de emular al último Scorsese; de nuevo, con un guion que busca a la desesperada hacer sombra al Sorkin más brillante; y de nuevo con una película coral de reparto correcto pero perfectamente sustituible por el de Margin Call, siendo sus respectivos personajes prácticamente fotocopias. Precisamente como si de una gran fotocopia se tratara, la película que nos ocupa se antoja deslucida (demasiadas veces y en muy poco tiempo se ha estampado el papel original) por una serie de problemas que, temo, puedan deberse a las propias ínfulas del film, que vienen acompañadas de normativas autoimpuestas contra las que no es capaz de lidiar. Un exceso porque sí, un montaje agotador sin demasiada necesidad, un guion que pretende acercar a sus protagonistas a un nivel de tierra pero luego los enfrasca en conversaciones de nulo interés para el espectador… Es eso, o que simplemente, la temática escogida ya no da más de sí.

Y es que en realidad, podrían reducirse todos los males de La gran apuesta a su mínima enjundia. Disfrazada de complicadísima ¿comedia? (así la describen y para el Globo de Oro a tal categoría fue nominada) con infinidad de entresijos y subentramados, y un galimatías bancario que puede sobrecoger, la esencia del film es un juego de niños, y todo se reduce a lo que ya sabemos de memoria (burbuja inmobiliaria, bancos cabrones, etc). A la mínima que el espectador se da cuenta del escaso jugo que va a extraer de todo el metraje, es cuando empieza a mirar el reloj con una insistencia cada vez mayor. Y es que no hay explicación alguna para sus más de dos horas de duración, en especial cuando no se dedica interés alguno en en tratar lo que, a la postre, es lo que realmente interesa cuando uno acude a ver una película de ficción a una sala de cine: sus personajes. Estos son los peor parados, aparecen y desaparecen, se les dedica cierta descripción inicial para luego enviarlos sin remisión a un estado de máxima superficialidad emocional cuando no se los condena directamente al olvido. La trama avanza a trompicones, saltando de uno a otro tan sólo en función de los acontecimientos y giros que vayan dándose, nunca para esbozar una pincelada más, un toque de profundidad que vaya más allá de una afición o una peculiar dolencia física. Si acaso Steve Carell es el que mejor sale parado de una película que pretende ser tan grande, que se le acaba yendo de las manos a McKay.

Una propuesta correcta, pero de discutible interés y nula originalidad, que se descompensa a cada minuto que pasa, deja una huella prácticamente invisible en el público, y desaprovecha por completo su increíble reparto. La tachan de comedia y a duras penas se saca una sonrisa a lo largo de todo el metraje. Bien, pues ahí está su nominación al Oscar a mejor película por lo que no sé, no me hagáis mucho caso, para la próxima que nos llegue sobre la crisis prometo hacer como si nunca hubiese visto nada parecido antes.

 

Trailer de La gran apuesta

https://www.youtube.com/watch?v=yubZMd1Bo8w

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
  • Xavi Roldan
2.8

En pocas palabras

Otra. Otra de esas películas tan empeñada en conseguir nominaciones, que se olvida de algo: es tan correcta en todos los sentidos, como carente de alma.

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2 comentarios en “Crítica de La gran apuesta (The Big Short)”

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