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Crítica de Lovers Rock (Small Axe)

Empresa titánica, insensatez megalómana o ejercicio de desbordante creatividad. Steve McQueen parecía no estar satisfecho con una carrera más o menos regular y se ha desmarcado de todo (del mercado, de las tendencias, de la gente cuerda en general) ideando, escribiendo y dirigiendo una especie de antología cinematográfica para la televisión que es más una colección de películas -cinco en total- con peso y espesura propias, que una serie al uso. Small Axe ha venido a titularse una antología que llega auspiciada por la BBC y que está sirviendo como recipiente en el que verter las inquietudes narrativas y formales propias del autor tanto como una necesaria reivindicación social. La de los ciudadanos británicos con orígenes en las Indias Occidentales y su ajetreada vida cotidiana entre los años 60 y 80.

Y si la inicial Mangrove ya ejerció de potente cartucho de trilita incrustado en las entrañas de un sistema policial corrupto -por racista- las apuestas se duplican, triplican, con Lovers Rock. Mientras la primera era una historia al uso, un thriller social y un drama judicial de toda la vida aun narrado de manera impecable esta es, directamente, un artefacto que vuela a su aire ya desde su planteamiento expositivo: prácticamente toda la acción sucede en una casa en el transcurso de una blues party. Una fiesta rastafari en un domicilio particular situado en la zona oeste de Londres, a principios de los años 80, donde un DJ armado con un sound system ejerce de maestro de ceremonias para unas pocas decenas de personas entregadas al akelarre musical. Una pequeña multitud que decide transmutar su frustración en baile, su amor en canto, sus derechos escamoteados en ritmo. Que opta por hacer de la opresión felicidad y rabia identitaria.

Y aunque poco de eso se explicita de verdad la pasión de todo un pueblo corre por las venas de Lovers Rock. Menos cautiva de un guión convencional que Mangrove, Lovers Rock podría ser, por sus hechuras narrativas, un testimonio documental a lo Wiseman, alejado de un discursivismo evidente, rendido a lo sensorial. Y aunque el entramado dramático lo mueven las personas y sus relaciones (en especial una historia de amor minimalista pero de extrema delicadeza y profundidad) lo verdaderamente interesante es cómo McQueen inflama su puesta en escena con el reggae, el mismo lovers rock (un subgénero romántico del reggae), el soul, el funk, el dub y el dancehall para reflejar mediante una caligrafía de cámara sabrosa y delicada una permanente tensión de los cuerpos individuales hacia su centro de gravedad lógico: otros cuerpos. Es decir, a pesar de su discurso intelectual lo que realmente ocurre en Lovers Rock es una capitulación explícita hacia el corazón y las entrañas que da como resultado una experiencia audiovisual visceral, inflamada del espíritu atávico del ritmo (excepcional selección musical) y del calor de la madrugada en una liturgia que podría ser la versión menos extrema y chiflada de la que se marcaban los amos locos de Jean Rouch.

Lejos de la impostación o el oportunismo social -al fin y al cabo McQueen está entonando un homenaje personal a sus propias raíces y familia- la película se agarra a la reivindicación con honestidad, profundidad y humanidad. Y a nivel formal actúa en consecuencia. Es precisa pero vibrante. Calculada pero libre. Visualmente evocadora usando iluminaciones pardas, colores cobrizos, cálidos, contrastados con la frialdad cortante del exterior. Y sin exceso de cálculo todo resulta estar en su lugar y todo dura lo que tiene que durar. El realizador deja que el tiempo se escurra aceitoso entre los cuerpos en movimiento, los gestos, los pequeños detalles -decenas de ellos- que definen a los personajes, sus circunstancias, sus ritos sociales. Garantizando el acabado final de una auténtica pieza de orfebrería cinematográfica de altísimo nivel y calado que prefiere transmitir antes que contar y contagiar antes que explicitar. Exquisita obra maestra.

Trailer de Lovers Rock (Small Axe)

Reseña de Small Axe: Lovers Rock
  • Xavi Roldan
4.5

Por qué deberías ver Lovers Rock

Steve McQueen coloca otra obra mayor en su filmografía dando voz a una comunidad ignorada en el cine dejando que se exprese a través de sus canciones, sus relaciones sociales y aquello que puede convertir un pueblo en algo universalizable: la música.

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