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Crítica de Mank

INT. SALA DE CINE – NOCHE – PRIMER DÍA DE REAPERTURA DE LOS CINES EN HOLANDA

El día del enésimo desconfinamiento (tras dos semanas de cierre) de cines en Holanda (donde resido) coincide con el estreno en salas de Mank, la nueva obra de David Fincher, que es además una oda al séptimo arte centrada en la gestación de, nada y nada menos, el guion de la mejor película de la historia según muchos: Ciudadano Kane. La sala, en medida de lo posible, llena.

CORTE A: INT. SALA DE CINE – MISMA NOCHE – UNA HORA Y PICO DESPUÉS

Hacia media película, un par de parejas se levantan y se van de la sala.

Que David Fincher sea un nombre de moda no significa que sus películas sean siempre accesibles. Que sea uno de los mejores cineastas americanos vivos no implica que cualquiera vaya a disfrutar de sus propuestas. Claro, alguno de sus títulos son incluso hitos pop (Seven, El club de la lucha), pero otros exigen que el espectador se meta en su cabeza y se empape de sus intereses u obsesiones (Zodiac). Y Mank es, quizá, el mejor de estos ejemplos, amén de su proyecto más ambicioso hasta la fecha (y que me perdone cierto Benjamin Button).

Con guion escrito por Jack Ficher (Fincher Sr.), la película que nos ocupa se centra en el Hollywood de los años 30, marcado por la depresión, las guerras, la inesptabilidad política y los últimos ramalazos de la ley seca. Una época donde los cineastas pertenecían a la MGM o a la Paramount, donde los guionistas tenían menos importancia que los directores, y estos menos que sus productoras. De politiqueos y amiguismos, glamour y borracheras de agárrate y no te menees. Y una época por la que pululaba un tal Orson Welles, que tenía carta blanca para hacer lo que quisiera. Para su nuevo trabajo, el director contrata a Herman Manckiewicz (orcarizable Gary Oldman) para que le escriba algo en el siguiente par de meses… en calidad de escritor fantasma claro. Y a lo largo de dos horas y cuarto de riguroso ejercicio de reverencia al cine y las formas clásicas, a la gestación de dicho guion asistimos, y desde el lugar en que fue gestado: la cama en la que estaba postrado Mank.

A ritmo escopeteado, diálogos chispeantes y banda sonora a base de pulsantes compases de jazz (de los ya habituales Trent Reznor y Atticus Ross, también de Oscar automático) se desarrolla una trama que salta entre diversos años para ir revelando piezas de un puzzle cuya forma podremos ver sólo al final. Piezas que van presentando a un personaje tan brillante como cínico, y del que son necesarios diversos flashbacks para entender los claroscuros de su personalidad. Y de paso, de la industria cinematográfica. Y de paso, de la sociedad de entonces… Ja, de entonces. De todo ello puede establecerse una parábola sobre la actualidad (casualidades de la vida, Mank se centra parte de su interés en un periodo de duras elecciones estadounidenses) tan cínica como su personaje principal.

Claro que, a la velocidad a la que se van lanzando conceptos, ponerse a pensar en tal aliteración temporal puede llevar al agotamiento, e incluso al consiguiente abandono de la sala. Hablaba antes de la dificultad para entrar en Mank, y es que el trabajo de los Fincher es monumental en todos los sentidos, lo que se traduce en una constante descarga de estímulos. Formales, pues es exquisita la manera en que el director de La habitación del pánico recoge la esencia del cine de antes, la personalidad de esa época, y mezcla todo ello con su apabullante habilitad tras la cámara (lo mismo que sucede con la BSO, que es acojonante, repito). Estímulos emocionales, puesto que la cantidad de guiños en forma de personajes, estudios, pero también de planos y movimientos de cámara, le hacen a uno creerse en medio de El crepúsculo de los dioses, que de un momento a otro va a salir Greta Garbo a recoger un premio, o que está viviendo un capítulo de Hollywood Babilonia. Y estímulos argumentales, de esos que ponen el cerebro del espectador a funcionar a pleno motor con una historia real en la que, si no tenemos demasiado conocimiento, nos va a costar meternos.

Y es que Mank da por sentado que sabemos la historia de los EEUU de los años 30, quizá demasiado, lo que lleva a un bloque central en que el ritmo se enquista conforme se desarrolla la trama más política del film. Decía que el trabajo es monumental, y es que en todo caso, lo que más importa cuando se dan conversaciones sobre políticos y cineastas simpatizantes de uno u otro bando, es lo que las palabras no cuentan: como si de una masterclass de guion se tratara, la larga escena que culmina con la conversación entre Oldman y Amanda Seyfried, sirve para que veamos un juego de acercamientos y alejamientos emocionales de libro. Y es solo un ejemplo. Pero cierto es que el nivel de exigencia está por las nubes y más de uno puede desconectar.

¿Le hubiera venido bien algún que otro tijeretazo? Puede ser. Puede que se haya querido respetar tanto el trabajo de Fincher Sr, que el resultado final de Mank se haya visto ligeramente afectado. O que quizá todo forme parte de ese inexplicable plan de Netflix por hacer que todas sus películas se pasen de las dos horas de metraje, por motivos oscuros. En todo caso es un bache, indudablemente. Un bache argumental que afortunadamente sigue siendo delicioso para el paladar cinéfilo, pues la excelencia formal no baja el nivel. Y superado el bache, todo se acelera de nuevo, noqueando ya del todo a un espectador tan agotado, como rendido ante el apabullante espectáculo que está viendo. Y que culmina con todas las piezas adquiriendo su lugar y mostrando un puzzle fastuoso, en un clímax (basado en el diálogo) de los que cuesta ver.

CORTE A: INT. SALA DE CINE – MISMA NOCHE – LAS LUCES DE LA SALA SE ENCIENDEN

Los espectadores que se han quedado en la sala, la gran mayoría, tienen caras de agotamiento. Algunos parecen haber sufrido los envites del sueño más que otros. Pero hay consenso: Mank es una maravilla. Exigente, de ritmo irregular y argumento que interesará sólo a los niñosrata del cine. Pero una película excelente, una soberbia muestra de gran cine. Es tan buena, que es una pena que no sea la mejor del año, la mejor de la carrera del cineasta. Pero no sería de extrañar verla nominada a todos los Oscars del mundo. Si sólo gana uno… bueno, ya es lo que dicen: esto es Hollywood.

FUNDIDO A NEGRO.

Trailer de Mank

Reseña de Mank
  • Carlos Giacomelli
4

En pocas palabras

La nueva película de David Fincher seis años después de Perdida es, quizá, su más ambiciosa hasta la fecha. Una carta de amor al cine exigente y no apta para todos, con algún que otro traspié rítmico, pero absolutamente apabullante.

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