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Crítica de Meseta

Que los tiempos cambien se nota en todo, absolutamente. Pero quizá la meseta castellana sea uno de los mejores reflejos de ello. Juan Palacios agarra su cámara y se pierde por los apabullantes terrenos de la España vacía y se dedica a observar. No necesariamente con voluntad crítica, aunque pueda desprenderse dicha lectura en sus momentos más melancólicos; simplemente constata, en un viaje de hora y media, que lo rural se queda atrás, porque los tiempos cambian. Ya está, eso es Meseta, ni más ni menos.

Acabo de tildarla de viaje, pero la película es más bien un alto en el camino. Palacios deambula por tierras cada vez más asilvestradas, cada vez menos pobladas, y casi parece que estuviera tomando aire. Lo hace acompañado de quienes aún viven del campo, quienes resisten a abandonar la meseta para marcharse, como la inmensa mayoría, a la ciudad más cercana. Así, el documental muestra de paso los vestigios de una vida pasada. Y de nuevo, no pretende hacer crítica alguna, pero no sólo de añoranza se sirve el film: hay también sentimientos encontrados en relación a lo que hemos perdido al optar por las comodidades de la urbe.

Tras un hipnótico paseo con un rebaño de ovejas, y alternando con planos que nada tienen que envidiar a los documentales de Herzog, Meseta va presentando a una serie de personajes que hablan de lo que supone vivir más de 80 años en el campo; de lo inexplicable que resulta que haya gente que tenga tierras en la meseta y nos las visite nunca. Ojo, también de lo difícil que es encontrar Pokémon (queda, aún, algún joven en los campos), o realizar viajes largos. Y que cada cual se quede con lo que prefiera.

La verdad es que se busque por donde se busque, en Meseta no hay truco, lo que ves es lo que hay. Es un documental que se limita a observar los restos de un costumbrismo español en vías de extinción. No hay grandes moralejas ni discursos. Hay cierta reflexión, pero no pretende avasallar al espectador. Y sin embargo, de alguna manera éste corre el riesgo de quedar afectado, sin saber muy bien por qué. En especial quien se sienta atrapado en las rutinas y frenesíes implacables de la ciudad y el capitalismo, y no tenga tiempo de hacer una pausa para, eso, tomar aire. Y es que Meseta es preciosa de ver y se digiere con el mayor de los relajos. Pero de manera imperceptible, se abre paso en el alma como la naturaleza se come poco a poco las carreteras que se abrían paso por la meseta española, ahora en desuso.

Trailer de Meseta

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3.5

En pocas palabras

Documental que recorre la meseta española para constatar su paulatino abandono y, de paso, regalar un poco de melancolía al espectador. Bonita y sutil reflexión sobre el paso del tiempo y la evolución de la sociedad.

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