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Crítica de Metroid Dread (Nintendo Switch)

Casi dos décadas han tenido que transcurrir desde que Samus Aran se mostrara en la hasta anteayer última entrega numerada de Metroid. Un cuarto episodio de la serie principal que, a pesar de todo, no significó nuestro último contacto con la cazarrecompensas interestelar: desde entonces ha habido spinoffs en distintas plataformas y una saga paralela en 3D, Metroid Prime, que terminó resultando tan esencial como los primeros títulos. Sin embargo, como digo, Fusion significó el último capítulo en la veta principal… hasta hoy: Dread aparece ahora como el quinto episodio del culebrón espacio-operístico, dispuesto a reivindicar sus raíces 2D y a reclamar su lugar preeminente dentro de un subgénero al que, directamente, ha dado su nombre, o por lo menos la mitad del mismo: el metroidvania.

Y sí, estamos un pelín saturados de ello, de metroidvanias. Pero es que si alguien podía permitirse el lujo de apelar de nuevo a tan universal diseño de juego y sistema de mecánicas y de paso recordarnos por qué son ya institución, esa era la propia Samus. Y lo ha hecho a golpe de refinamiento de la fórmula y de depuración de sus propuestas jugables. Eufemismo del año, claro, para decir que Metroid Dread no inventa casi nada. Sólo aplica acertadísimos cambios, perfila algunos sistemas, peina impurezas y, en general hace lo que mejor sabe haciéndolo lo mejor que se puede hacer.

Y luce estupendo, por supuesto. Que esto es extraoficialmente la punta de lanza de la nueva Nintendo Switch Oled y tiene que verse bonito, fluido, llamativo. Lo es, todo ello, muchísimo. Y, ojo, sin necesidad de upgradearse a la nueva consola. Jugado en una Switch base Metroid Dread ya es un título atractivo, con una estética cibertrónica que incorpora -como de costumbre- distintos biomas llenos de vida y de elementos arquitectónicos alienígenas, en esta ocasión manufacturados por el estudio español Mercury Steam con exquisito mimo. El mismo cuidado que transpira la dirección de arte, el sonido, las animaciones, especialmente las de Samus, y los diseños de la mayoría de enemigos, jefes y de esos E.M.M.I, roboperretes sedientos de sangre equipados con un pincho retráctil en mitad de la cara.

Pero todo eso es sólo la superficie. En el corazón del juego hay un Metroid clasiquísimo basado en, un poco, lo habitual en la saga y en el género: un adictivo ejercicio de exploración a lo largo de unos mapas que se van abriendo de manera extraordinariamente orgánica (es alucinante el trabajo de diseño narrativo y de niveles que hay detrás de esto, una catedral de game design), la obvia progresión en las capacidades y en las armas de Samus, que cada vez le permiten alcanzar nuevas zonas del escenario, y un sistema de combate a distancia y cuerpo a cuerpo que, en esta ocasión, nos regala un goloso añadido: el parry. Ese contragolpe que permite arriesgar un poco más a mayor gloria de un timing perfecto para, de tener éxito, obtener mayores recompensas en forma de munición y energía. No es, como digo, la única novedad: la presencia de los E.M.M.I., suerte de enemigos (casi) imparables que se mueven por zonas acotadas y que funcionan de modo parecido al Mr. X de Resident Evil 2, aportan el “dread” del título y añaden momentos de frenetismo que sólo ofrecen dos salidas posibles: escapar o morir. Son segmentos trepidantes que se contraponen a los pasajes de exploración, más relajados, y a los de combate directo, especialmente tensos en unos bosses considerablemente complicados.

Estos son los ingredientes básicos en un juego que sobre el papel parece muy adscrito a unas fórmulas preestablecidas pero que entre las manos del jugador crece y crece gracias a un diseño armado a base de cariño, buena factura y, sobre todo, muchísimo flow. Se siente como una vuelta a casa y al mismo tiempo como algo venido del futuro. Como, lo decía al principio, un nuevo episodio y a la vez una nueva lucha por el trono que se salda con éxito y nos evoca una frase rimbombante pero contundente: la reina ha vuelto.

Metroid Dread: Gameplay

Metroid Dread: vuelta bidimensional con sabor a gloria
  • Xavi Roldan
4.5

Por qué viciarse al Metroid Dread

La gran apuesta de Nintendo para los últimos meses de 2021 se ha convertido en, casi, uno de los mejores exclusivos de su consola híbrida. Metroid Dread es un retorno a la esencia 2D de la saga en un juego con un feedback extremadamente agradecido, algunas nuevas ideas felices y un diseño general altamente sofisticado.

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