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Crítica de Misión: Imposible – Fallout

Las entregas de la saga de Misión: Imposible son un poco como los posados de Ana Obregón. Uno no espera ver en las fotos de cada verano el cuerpo más despampanante; ni el mejor traje de baño. Lo hace más bien por ver hasta cuándo es capaz de alargarse la cosa. De la misma manera, el espectador que acude a ver Misión: Imposible – Fallout, está más pendiente de ver cuánto le puede aguantar el cuerpo a su estrella, un Tom Cruise casi sexagenario (que de hecho se rompió el pie durante el rodaje), que de buscar credibilidad a sus escenas o argumentos, como si de un Jason Bourne se tratara. Como todo el mundo, responsables de la película y videntes de la misma, estamos de acuerdo, los primeros se pueden tomar libertades. Y qué cosas, esas libertades ayudan a que una saga que debió acabar al final de su sensacional primera entrega, haya estrenado su sexta entrega y muchos la coloque ya como la mejor de todas. Claro que para eso, hay que tener en cuenta dichas licencias.

La primera, la más obvia: es la primera vez que un director regresa a los mandos. Tras Protocolo fantasma, Christopher McQuarrie escribe y dirige Fallout. La segunda, derivación de esta: se trata de la primera secuela directa. No es que la anterior fuese un punto y seguido argumental, pero en esta ocasión se retoman personajes secundarios más o menos donde se dejaron, por su posibilidad de volver abrir heridas emocionales que fuerzan a un planteamiento que, de hecho, sobrevuela las auras de la serie desde hace años: ¿tiene sentido que sigamos? ¿Tiene sentido que Ethan siga aceptando misiones? ¿Que el IMF siga existiendo? ¿Que se sigan estrenando entregas? Lejos, pues, de volver a abrir un caso a resolver a las primeras de cambio, esta vez Hunt hace un poco como Bond y se embarca en una aventura crepuscular que bien podría indicar que, ahora sí, hemos asistido a la última entrega de la saga. Luego, ya se sabe: si Daniel Craig no iba a volver a hacer de 007 hasta que vio el dineral que le ofrecían para la inminente Bond 25, Cruise estará atento al funcionamiento en taquilla de la que nos ocupa para plantearse su destino.

Y nosotros que lo celebraremos, mientras sus responsables (desde un J.J. Abrams que rescató la saga a McQuarrie o el propio Cruise, sacrificado motor de la saga más allá de su interpretación) sigan entiendo el espectáculo como lo entienden: como una sensación a obtener por vía de la humanidad de sus protagonistas y la espectacularidad de sus acciones, al margen (y ahí la cuarta licencia) del realismo de las mismas. Que si estamos todos aquí como en el posado de la Obregón, nos da igual que una cuenta atrás de 15 minutos dure el doble; que un accidente de lo más aparatoso genere a lo sumo un rasguño. Queremos disfrutar al máximo, lo que significa que se nos tiene que agarrar por el cuello y no dejarnos respirar durante los 147 minutos que dure el espectáculo, si no es para reír con alguno de los acertados chascarrillos de su guión. Ya nos han comprado, ya formamos parte de la familia de Hunt, Benji y compañía. Ahora queremos que sobrevivan. Nos da igual cómo y si eso significará que vengan más misiones imposibles. Sufrimos por que estén bien, ni nos planteamos que se pueda recorrer París en moto de esa manera, ni que se pueda saltar de un edificio a otro así.

Ellos lo saben, nosotros lo sabemos. Todos pactamos las reglas del juego antes de entrar en la sala, por lo que queda un espectáculo cómplice, sumamente adictivo, y con un añadido en forma de extra de implicación emocional. Suficiente para, por qué no, hacer de Misión: Imposible – Fallout una de las mejores, si no la mejor, entrega de una saga de espías sexagenarios que corren que se las pelan, minuteros que parecen funcionar a cámara lenta, y leyes de la física que debían de haber salido a tomar algo mientras se gestaba el film. Si sale una séptima misión imposible, se consumirá como se seguirá comprando la ¡Hola! cuando salga el posado. Ahora bien, los años le sientan cada vez mejor a Hunt.

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
  • Xavi Roldan
4

En pocas palabras

Una saga que sigue creciendo con cada una de sus entregas. Si Fallout es la última (como podría parecer; o al menos, tal y como la conocemos ahora), bien: es probablemente la mejor.

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