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Crítica de Un monstruo viene a verme (A Monster Calls)

Vaya por delante: con tres películas en cartera, me sigo sintiendo algo desapegado del cine de J. A. Bayona. Y hablo de una consideración personal. No soy ajeno a las bondades empáticas ni a las posibilidades populares de El orfanato y Lo imposible, que consiguieron conectar con el público masivo con una capacidad asombrosa. Ni mucho menos niego las virtudes formales y narrativas que el realizador viene demostrando desde incluso mucho antes que todo eso: ya en sus lejanos videoclips el director exhibía un músculo escénico considerable. Pero algo me saca siempre de sus películas: esa búsqueda del sentimentalismo mainstream que tan bien llegaron a dominar los confesos maestros del realizador -Spielberg a la cabeza- pero que en su caso sigue pisando la mayoría de sus posibles aspiraciones autorales.

Dicho esto sí le tengo que reconocer a Un monstruo viene a verme que es el mejor y más depurado de los tres largometrajes que conforman el curriculum de Bayona. Como digo sigue siendo una película sin profundas marcas de autor. Y sigue teniendo como aparente objetivo último el de tocar la fibra del espectador. Esta vez mediante un cuento triste y un puntito oscuro sobre un niño que debe dar el salto a la adolescencia enfrentándose por primera vez a su propia verdad. Una verdad ligada a la certeza última: la muerte. La cosa se articula entorno a eso. Un hijo de padre ausente (estilema spielberguiano por excelencia) debe lidiar con la posible muerte de su madre gravemente enferma. Como una especie de somatización a lo bestia de sus miedos, se materializa ante el chaval un enorme monstruo-árbol que le promete tres historias -¿en un discurso guiño a Twin Peaks? A saber-. Y con ellas, la perspectiva de finalmente conocer y dominar la pesadilla que lo atormenta.

Por ahí anda Un monstruo viene a verme. En esa deuda constante hacia un sentimentalismo que parece peaje obligatorio. También es cierto que aunque el guión (esta vez obra de Patrick Ness que adapta su propia novela) sigue telegrafiando las emociones, aquí las costuras dramáticas son menos evidentes que en Lo imposible. Que las pequeñas catarsis con las que va desplegándose la trama van dando fuelle constante al aparato emotivo. Que la relación entre niño y monstruo tiene puntos de comunión interesantes. Que en el fondo de la historia subyace un homenaje a la fabulación y la imaginación infantil. Pero no es menos cierto que algunos momentos que ocurren en la «vida real» (fuera de la mente del niño) andan escasos de ritmo y originalidad. Y que la banda sonora, a pesar de ser bonita y resultona, termina cargando las tintas de lo lacrimógeno.

La columna de aciertos está obviamente encabezada por el tremendo trabajo técnico del realizador. Si todo lo que ocurre en la película ocurre como ocurre es porque Bayona derrocha a cada plano habilidad escénica y pericia narrativa. Insisto en que me sigue pareciendo que desprecia una posible apuesta por un discurso más personal y arriesgado, pero al César lo que es del César. Por otro lado, las secuencias de fabulación, pequeñas piezas animadas con la acuarela como textura preeminente, son exquisitas. No sólo en lo visual: lo que cuentan sitúan la historia en un punto donde lo maniqueo no tiene cabida. En esos momentos la película se coloca en un plano de matiz, de sutileza y de relativismo, recordándonos que todos guardamos zonas de penumbra en nuestros corazones. Que el alma humana es un puro claroscuro.

Me trago reticencias personales y admito que el balance final no puede ser sino positivo, por lo menos para quien guste de este tipo de producciones. Y me consta que es casi todo el mundo. Soy incapaz de leer la cartilla a una película que logra tan holgadamente todo lo que se propone, que articula tan bien sus herramientas para lograr sus objetivos. Quién soy yo. No, sencillamente dejaré que la vida siga, que la industria haga su trabajo y que la película coseche el éxito aplastante que probablemente se habrá ganado. Pero secretamente desearé que un director tan enormemente talentoso como lo es J. A. Bayona algún día dedique sus esfuerzos a mejor causa.

 

Trailer de Un monstruo viene a verme

 

 

Valoración de La Casa
  • Xavi Roldan
  • Carlos Giacomelli
3

En pocas palabras

A quien le encaje el cine de Bayona tendrá aquí su recompensa. Es el mayor exponente de su estilo. A quien no ya…

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