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Crítica de Muñeco diabólico (2019)

Si sólo puede usarse un adjetivo para definir la saga Chucky, quizá el que más le vaya sea el de cabronceta. Y es que al margen de los altibajos, del resultado final de cada título, siempre ha intentado mantener elevadas cotas de humor negro, más y más irreverente conforme pasaban los años y el tinglado se sostenía cada vez por menos pinzas. En 2019, Muñeco diabólico tampoco se ha liberado de la plaga del reboot, y por el camino ha perdido a su máximo responsable, un Don Mancini que pocos meses atrás anunciaba nuevas entregas de la serie original. A saber. Pintaban bastos, y sin embargo, hete aquí un reboot con razón de ser. Uno que aporta, que refresca. Oh, y un nuevo cabroncete.

El renovado Muñeco diabólico guarda pocos parecidos con el Chucky de toda la vida: ya no es un ser animado místicamente (lo que sea) sino un robot inteligente, domótico y toda la pesca, que tiene una pequeña tara, por así decirlo. Lo interesante de todo ello es el discurso que ahora se adhiere al personaje y, por extensión, a la propuesta en sí: más que con el slasher puro y duro, hay aquí más parecidos con Terminator, con Inteligencia artificial o con aquel capítulo de Los Simpson en que la casa de Evergreen Terrace se renovaba y se enamoraba de Marge. Al menos, durante buena parte de su metraje. Y además, hay mensaje de los que enrocan: la violencia al alcance del niño inocente (o muñeco), quién es el malo realmente, cuánta culpa tiene la sociedad de su propio mal…

Lo cabrón está en los parecidos razonables: El muñeco diabólico coincide con el estreno de Toy Story 4 y su protagonista se llama Andy. Como el Andy animado, este encuentra en un muñeco a su mejor amigo. Y como el vaquero Woody, Chucky también se muestra celoso a la hora de compartir amistades. Sólo que, claro, aquí se vuelve tarumba y empieza a matar a diestro y siniestro. ¿Más parecidos? Tirando de nostalgia y apuntándose a esa nueva ola de terror que parece estar protagonizada enteramente por niños, la película se parece tanto a E.T. que a un cierto punto el niño va vestido de Elliott. Pero a su vez se atisba cierto pitorreo justamente a costa de ese abuso de la nostalgia en el cine de género reciente. ¿Más? ¿Habéis leído por ahí el modelo en que se dice que se ha inspirado la nueva versión del muñeco? Hablan de cierto presidente norteamericano con pelazo rubio.

También es verdad que no todo es tan bonito: el nuevo Muñeco diabólico carece de la personalidad de la anterior en todos los sentidos, lo que pone en entredicho la perdurabilidad de la película. Y la combinación retro+humor+gore no siempre acaba de casar a la perfección: conforme avanza, va cayendo irrevocablemente hacia una vulgarcilla sucesión de asesinatos con mucho de pitorreo, sí, pero menos capacidad punzante. En definitiva, no estamos ante la gran película de terror del año, ni mucho menos. Pero como tampoco parece que los responsables del tinglado tengan mayores intenciones que las de entretener, me vale. Child’s Play 2019 aporta frescura, entretenimiento y ciertas dosis de genuino mal rollo con las que no se contaba, por lo que en tiempos de acumulaciones de remakes, reboots, continuaciones y adaptaciones, esta película se pone del lado positivo, que visto lo visto, ya es.

 

Trailer de Muñeco diabólico (2019)

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3.5

En pocas palabras

Chucky vuelve pero lo hace en forma de reboot. ¿Hace falta? Por supuesto que no, pero bien que se agradece ya que, al menos, consigue aportar y entretener como un demonio. Pues bienvenido sea.

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