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Crítica de Nación salvaje (Assassination Nation)

Desde su petardísimo homenaje inicial a El resplandor, a su conclusión estrafalaria versionando a Miley Cyrus, todo en Nación salvaje (vista en Sitges 2018 con su título original: Assassination Nation) es una provocación. A su director y guionista, Sam Levinson, no le queda otra: es una película cristalinamente dirigida a un público muy concreto, a quien debe quedarle claro un mensaje. Por tanto, se debe recurrir a un mismo medio de comunicación, a saber: las nuevas tecnologías y formas de expresión que usan las nuevas generaciones. Móviles, redes sociales, videoclips… Lo que en su día hizo Orson Welles, vamos, paralizando a todo el mundo con una locución de radio, por aquél entonces la mejor vía de dirigirse a la sociedad.

En realidad, esa broma del de Ciudadano Kane incluía cierta crítica, alarma si se quiere: la sociedad tiende a la asunción de opiniones, o directamente realidades, en función de su visceralidad, sin plantearse siquiera su veracidad. George A. Romero nos dijo a todos que nos estábamos volviendo idiotas por culpa de la sociedad del consumo. Cronenberg culpaba a la tele. Hoy en día basta un twit anónimo para dar por muerto a alguien o acusar sin prueba alguna a cualquiera.

Vivimos tiempos de linchamiento en redes, la opinión personal proviene de la masificación social, de lo viral. ¿Se molesta alguien por ir a indagar la plausibilidad de lo opinado? Ah… Es una época de caza de brujas, en definitiva. Y en este sentido, no es gratuito que Nación salvaje ocurra justamente en Salem.

Ahora bien, lo triste de todo ello es su origen, real y absolutamente denunciable y condenable. Lo estamos viviendo con el movimiento #metoo, pero lo llevamos sufriendo prácticamente a diario en las noticias: cuando no es un abuso, es un maltrato o un asesinato, y en un 99% de los casos (como poco) la violencia siempre proviene de un género. Y de la edad de las víctimas, mejor no hablar. ¿Tendemos a dar por válidos testimonios anónimos de twitteros cuestionables? Sí. ¿Hay que dar de una vez un golpe en la mesa y acabar ya con la violencia de género, la diatriba sexo fuerte/sexo débil, etc? También.

Todo esto, Sam Levinson lo sabe. Y todo esto es lo que sirve de condimento para su película. El mensaje, ya lo decía, es claro. La forma de expresarlo, aún más. EL cineasta sabe que debe dirigirse a un público joven, y no le valen las medias tintas. Recurre a pantallas en vertical, a vídeos de YouTube y a mensajes de WhatsApp sobreimpresos en pantalla. Sus protagonistas son cuatro chicas jóvenes, que a veces se dirigen directamente al espectador sin miramientos. Cuatro heroínas que en absoluto disimulan sus carencias o errores pasados, porque una cosa no tiene nada que ver con la otra y Nación salvaje quiere dejarlo totalmente claro. No es no, punto pelota. Atención captada, mensaje simplificado (no es peyorativo), sólo falta mantener el interés. Para ello, el ritmo de la película es el de un videoclip pasado de rosca, durante al menos dos de sus terceras partes (siendo la última un, algo más, rutinario despiporre de acción, para acabar de meterse en el bolsillo a todo tipo de espectador). El director se esfuerza y hace todas las virguerías del mundo para no rebajar pulsaciones; atención a ese espectacular plano secuencia desde el exterior de una casa, con la cámara subiendo y bajando del primer al segundo piso, acerándose a una habitación, a otra, saliendo al jardín…

Nación salvaje es una película qué agarra por el pescuezo y agota a todo el que la ve, pero a su vez y lo sumerge y lleva hacia donde el director quiere. De modo que es también un divertimento, y por ello no se arruga con sus sanas dosis de caspa, humor idiota, y voluntad de serie B. Quizá su discurso no esté finamente elaborado, poesía y sutileza brillen por su ausencia, pero teniendo en cuenta el público al que se dirige, no podía concebirse de otro modo. Es hora de que cambiar las cosas, esto no es nuevo; pero es hora de que este llamamiento se haga a todos los niveles, y no solamente en modo de dramas sociales en el cine u obras de arte-denuncia en otros ámbitos, con nula capacidad de atracción al público más joven y generalizado (justamente el que marcará el porvenir de las próximas generaciones). Ese cambio está empezando a verse, Capitana Marvel es un buen ejemplo a seguir, y el que nos ocupa otro.

Que Nación salvaje no sea una película perfecta nadie lo duda. Su carga inicial se va diluyendo conforme pasa por la piedra de la acción tontaina y la violencia gratuita, y semejante falta de matices quizá haga que un público con un mínimo de criterio crítico no se la pueda acabar de tomar en serio. Pero tiene un objetivo bien claro en el centro de su diana y no lo pierde de vista en ningún momento. Lo alcanza de pleno, y de paso propone un nuevo debate que daría para horas de charla: ¿cómo debe dirigirse el cine a un público que normalmente pasa olímpicamente de él? ¿Cuándo debe una película saltarse los cánones más clásicos, y usar los lenguajes de comunicación actuales, vengan de donde vengan? ¿Cuándo debe el espectáculo dar paso al mensaje, y viceversa, sin pasarse ni de un lado ni del otro? Película muy a tener en cuenta.

 

Trailer de Nación salvaje (Assassination Nation)

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3.5

En pocas palabras

Adrenalínico cine-mensaje para las nuevas generaciones, escrito a brochazos y con formas de expresión alejadas de las que se suelen usar en la gran pantalla, pero inapelablemente certero. Y entretenido.

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