no te preocupes no llegara lejos pie critica

Crítica de No te preocupes, no llegará lejos a pie

Gus Van Sant es un viejo conocido -casi un dolor de muelas- de todos los que se empeñan en separar los autores “de verdad” de los asalariados de esa pérfida máquina de hacer rosquillas que dicen que es Hollywood. Reincidente en esto de alternar la más radical independencia (Gerry, Elephant, Last Days, su remake de Psicosis) con productos más enfocados al regocijo de las plateas generalistas (El indomable Will Hunting, Descubriendo a Forrester), el único que parece no rasgarse demasiado las vestiduras con el tema es él mismo. Por supuesto, los réditos creativos suelen ser mayores cuando hace un cine más incómodo, pero tampoco conviene sepultar en el olvido la práctica mitad de su filmografía. Especialmente porque ni todas sus películas indies son intachables (Ellas también se deprimen) ni todas sus comerciales son olvidables.

Es el caso de No te preocupes, no llegará lejos a pie, aparentemente enmarcada en la vertiente popular del autor, pero no tan rácana en valores cinematográficos como podría haber sido. Lo cierto es que los ingredientes que maneja invitarían a ello: el biopic como punto de partida, las desgracias personales como catalizador dramático y el espíritu de superación como mensaje final. Todo esto está aquí, pero Van Sant sabe presentarlo de manera medianamente ágil, fresca y entretenida. Porque esta es, cuanto menos, una película bien ejecutada y un intento de transgredir ligeramente las reglas implícitas del biopic más canónico.

El interés se centra en la figura del ya fallecido John Callahan, dibujante de tiras cómicas huérfano que sufrió un accidente automovilístico en los años 70 mientras él y un amigo iban bebidos. El suceso lo dejó encadenado a una silla de ruedas de por vida y lo sumió en una depresión de la que sólo reflotó gracias a sus dibujos, negrísimas y políticamente incorrectas tiras que usaba para sublimar de sus propios miedos y desgracias, con un estilo visual cercano al de clásicos como William Steig o al de ciertos francotiradores gráficos de la revista MAD. Callahan fue, pues, una personalidad caótica canalizada a través un arte incómodo, bruto y lacónicamente tronchante.

Por ahí va un poco Van Sant. Su película no es ni de lejos tan audaz como podría, ni destila el sentido contracultural que sí tienen otras aproximaciones a dibujantes underground americanos (American Splendor, Crumb) pero sí se resiste a caer en el esquematismo narrativo. Su enfoque es tan volátil como la personalidad y los dibujos de Callahan y pretende capturar el arrojo y la brusquedad de su trazo mediante un montaje que salta en el tiempo y que manipula el tono y el enfoque dramático a su placer: hay mucho drama convencional, pero también altas dosis de comedia negra. También la representación animada de los propios monigotes tiene ese aire punk que nos devuelve ligeramente a un cineasta que nunca parece haber renunciado por completo a los códigos del indie en el que se forjó como autor. Es más, incluir en el reparto a Kim Gordon -ex Sonic Youth- o a Carrie Brownstein -Selater-Kinney- podría parecer una decisión anecdótica, pero en parte también es señal de ello.

Son elementos de interés que sin embargo terminan algo difuminados frente a, digámoslo ya, la indisimulada vocación de crowd pleaser de la obra, que relata los sinsabores de una vida peculiar hecha carne en un actor de prestigio en busca del Oscar (Joaquin Phoenix), que hace del trabajo en equipo (las sesiones de terapia) un reducto de heroicidad de los desclasados, que está construida entorno a los obligatorios pequeños momentos de catarsis de cada uno de los personajes, que no renuncia a la subtrama romántica algo almibarada. Y que podría titularse “Los 12 Pasos de la Recuperación: La Película”, en su clara voluntad de redimir al individuo reincrustándolo en la sociedad de la que se escindió -vía clímax con discurso emotivo- sin desposeerlo de sus fogonazos de personalidad impertinente.

Así que un poco de cada. Ni No te preocupes, no llegará lejos a pie nos devuelve al Van Sant más inquieto, ni tampoco resulta otra estúpida película americana de alcohólicos huérfanos en silla de ruedas. Una victoria a medias con la que a pesar de todo el propio realizador, insisto, parece estar bastante cómodo.

 

Trailer de No te preocupes, no llegará lejos a pie

 

 

Valoración de La Casa
  • John Blutarsky
3

En pocas palabras

Un Gus Van Sant a medio gas demuestra que cuando le apetece puede facturar un drama 100% temporada de premios sin, con ello, poner en duda ciertas inquietudes estilísticas.

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