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Crítica de El nuevo Nuevo Testamento (Le tout Nouveau Testament)

Tras unos años sin saber demasiado de él, Jaco Van Dormael (Las vidas posibles de mr. Nobody) regresa a los cines de por aquí con una propuesta que, de nuevo, pretende desmarcarse, buscar la etiqueta de rareza entre las rarezas. Lo cual honra al belga, claro está, máxime si se arriesga tanto como lo hace con El nuevo Nuevo Testamento: Dios existe, vive en Bruselas, y es un cabrón absoluto. Él mismo se encarga de crear justificaciones para expresiones tipo me cago en Dios/en la hostia creando leyes de Murphy a granel desde el Pc de su casa, aferrado a una cerveza y a un pitillo. Su premisa da para levantar ampollas, ¿no? Por supuesto, luego se descubre que todo es postureo y que semejante discurso incendiario no es tal: en verdad, el argumento real se centra en la hija de Dios (hermana de Jesucristo por tanto) una niña que se escapa de su casa dispuesta a encontrar un grupo de apóstoles que la ayuden a arreglar las cosas. Pero de entrada, el riesgo es loable, y la diversión consecuente, también. Y lo digo de entrada porque, a la postre, en la premisa queda todo. A la que la broma deja de hacer gracia, El nuevo Nuevo Testamento se hunde en la miseria pecando de lo que ya pecaba Mr. Nobody a ojos de sus detractores: una estructura monótona y repetitiva hasta la saciedad. Suerte que, al menos, la que nos ocupa no esté tan enfollonada.

Quizá, el problema resida en que la chicha no dé para más que un corto, y el alargo se note demasiado. Son seis los apóstoles que debe buscar la niña, y seis las veces en que la estructura se repite. Demasiado, con tan poca sustancia que llevarse luego a la boca: todos los personajes tienen alguna frase para la posteridad neo-bíblica, y todos tienen algún problema emocional que solventar. Mini-películas, capsulas de unos 10 minutos que empiezan, se desarrollan y acaban igual, y conforme se suceden van dejando al descubierto la falta de ideas de un Van Dormael que, ante tal problemática, recurre a la huida fácil: convierte su propuesta en una suerte de Amélie 2. Todo evoca a la exasperante película de Jean-Pierre Jeunet, tanto a nivel argumental como formal. Patochadas surrealistas que confunden el humor con la gilipollez (especialmente hiriente lo de Catherine Denueve), voz en off, montaje barroco, efectos especiales voluntariamente evidentes, un toque rematadamente kitsch… con estas cartas negocia El nuevo Nuevo Testamento un argumento que al margen de lo divino, la de una niña que tiene mucho que aprender sobre la vida, y varios frikis de la sociedad que tienen mucho que solucionar de sus respectivas vidas, que se ayudan mutuamente.

Suerte que de Dios no se acabe de olvidar del todo. Aquí y allá, se le siguen dando algunas escenas a un excelente Benoît Poelvoorde en la piel de borracho todopoderoso, violento Zeus, altísimo hijo de puta. Pero de nuevo, una de cal y una de arena: su subtrama (Dios sale de su casa para perseguir a su hija, y descubre que con mala leche no se llega a ningún sitio) está asociada a un discurso denigrantemente machista, al estar vinculada a la de la mujer de Dios, retratada como una ama de casa estúpida y válida tan sólo para pasar la aspiradora, hasta el punto de que incluso en su momento para la redención tiene que ver directamente con su mongolismo y sus deberes como limpiadora. El público en su mayoría le ha reído la gracia; a este lado un servidor se ha sentido ofendido ante semejante discurso.

Pero en fin, al margen de polémicas, el principal problema de El nuevo Nuevo Testamento pasa por su falta de ritmo, debido tanto a la repetición ad nauseam de su estructura como a sus nada disimulados esfuerzos por dárselas de diferente, de cool, de modernete. No cabe duda de que Van Dormael es un habilidoso cineasta, y que a veces puede llegar a ser muy gracioso. Pero quizá menos devaneos mentales en la forma y las apariencias, y más vueltas a su guion antes de haber sido presentado le hubieran sentado divinamente a una película que pierde fuelle a la media hora, pasando de una propuesta fresca, rompedora y muy divertida, a un suplicio soporífero y hueco.

 

Trailer de El nuevo Nuevo Testamento

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
2

En pocas palabras

Una idea atrevida y tronchante que se va diluyendo minuto a minuto hasta convertirse en una insoportable perogrullada más  de Jaco Van Dormael.

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