the old man and the gun critica

Crítica de The Old Man and the Gun

Es un truco básico del manual de guionista variar uno de los términos en una ecuación más o menos conocida para añadirle un plus de interés a una premisa que antes iba escasa de ello. Y si bien el cine de atracos parece haberlo dicho todo desde hace décadas no hay más que añadirle un pequeño twist al asunto para renovar la fórmula cambiando, por ejemplo, la condición de sus protagonistas. Steve McQueen lo ha hecho recientemente con sus Viudas y David Lowery parece haber recurrido al también manido recurso de la tercera edad para articular una película de bandidos encantadores desde un prisma otoñal.

Y todo en The Old Man and the Gun parece condicionado por ese punto de vista y consagrado a esa causa. La de dignificar al antihéroe americano cinematográfico surgido a partir de finales de los 60, el caradura carismático asaltabancos que solía adoptar los rasgos de Paul Newman o Robert Redford. Para dejar aún menos lugar a dudas, es este segundo quien interpreta aquí al protagonista de una película que parece haber sido construida a su medida. Más bien a medida de su persona en los setenta, crápula y seductor al mismo tiempo. The Old Man and the Gun pretende no más que eso, apelar a un cine excitante y agradable, con un punto transgresor, pero que nunca cruza de verdad la línea. O por lo menos no lo hace ya hoy, en 2019.

La historia, presuntamente real y situada a principios de los 80, es la de un atracador de la tercera edad que en toda su vida sólo se ha dedicado a eso, a robar bancos y a fugarse del presidio, aun a costa de hipotecar su propia vida afectiva, dejando de lado a aquellos de los que debería haber cuidado. La película hace evidente (en una línea de diálogo subrayadísima) su mensaje: a veces es vivir al límite lo que nos permite, simplemente, sentirnos vivos. Un mensaje interesante, casi meta teniendo en cuenta al veterano actor que lo vehicula, pero no necesariamente novedoso ni arriesgado. Ese es, probablemente, el gran defecto de la propuesta de Lowery, que no se despega de lo familiar de todos sus planteamientos argumentales. Un guión, en otras palabras, muy bien planteado y matizado, pero falto de empuje creativo y auténtica inventiva.

Por otro lado la película despliega cierta camaradería acompañando al protagonista de otros dos secuaces poco desarrollados como personajes pero aun así medianamente carismáticos (Danny Glover y Tom Waits, siempre un placer volver a verlo en pantalla). Y, especialmente, trabaja el núcleo afectivo de la historia, centrado en la relación que se genera entre el protagonista y el personaje de Sissy Spaceck, con quien entabla una especie de romance campestre crepuscular, muy americana.

Se conforma Lowery con eso, y poco más, y a cambio ofrece un aseado estilo setentero, nostalgia bien entendida y muy elegante que huye de los recientes clichés de la habitual recuperación, formalista pero vacía, del cine de los 80. Un ejercicio de mímesis visual que asume para si las formas e incluso los tempos de cierto cine de Robert Altman o Sidney Lumet y le añade una ligerísima pátina de postmodernidad y estilo propio, especialmente en lo que se refiere al montaje. Movimiento estilístico que hemos visto mil veces pero que, en este caso, destila un respeto más o menos genuino y una pericia escénica notable.

Al final, a pesar de todo, la película resulta melancólica y entrañable, guarda alma y corazón, destila simpatía, conecta bien con una cinefilia con base asentada en el llamado “nuevo Hollywood” y en general derrocha elegancia narrativa y claridad expositiva. Y a pesar de no estar convirtiéndose en un autor rotundo, en cualquier caso David Lowery está sabiendo articular un currículum donde se combina gravedad (En un lugar sin ley, A Ghost Story) con ligereza nutritiva (Peter y el dragón) y con ello evita cargar las tintas y se está construyendo una carrera sólida y sana sin fisuras ni grandes tropiezos.

 

Trailer de The Old Man and the Gun

 

 

Valoración de La Casa
  • John Blutarsky
3.5

En pocas palabras

Ejercicio de recuperación setentera y homenaje a su central Robert Redford que deviene en agradable pasatiempo,  reflexivo, moderadamente emotivo y en cualquier caso interesante.

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