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Crítica de One Night in Miami

Poco a poco Prime Video, la plataforma de cine y series de Amazon, va birlando terreno a las otras dos grandes por excelencia. Después de un par de años consolidando su oferta en series, entra con fuerza en 2021 presentando una firma candidata a los premios gordos. Y ha querido el caso que haya ocurrido con una carambola doble. One night in Miami coincide prácticamente en el tiempo con La madre del Blues, de Netflix. Y como aquella, es una adaptación teatral (también centrada en personajes ilustres negros). Pero además, hete aquí el combo, dicha obra teatral, así como el guion cinematográfico, está escrita por Kemp Powers. Guionista de la reciente Soul, gran protagonista de la tercera de streaming en discordia. ¿Será este el año de Prime Video?

Caprichosas coincidencias al margen, lo cierto es que el debut en la dirección de Regina King (vista en la serie Watchmen) se salda con el que probablemente sea el mejor título de la nueva era de Amazon como productora. Pero es que es uno de esos casos en que no podía ser de otro modo. One Night in Miami plantea la hipotética conversación resultante de la reunión entre Muhammad Ali, Jim Brown, Sam Cooke y Malcolm X, justo en el momento en el que la olla está haciendo más chup chup. Casi nada. Es el último el que engatusa al resto, haciéndoles creer que van a acudir a una fiesta de aúpa, pero la ocasión se las trae: X quiere que cada uno se cuestione su rol en la sociedad, cómo pueden influir y ayudar a que las cosas cambien. No es una película que se ande con chiquitas precisamente. Y sí, está ambientada en los 60… Lo digo para evitar confusiones entre quienes también crean que en 2021 andemos bastante necesitados de tales reuniones entre gente influyente.

Ahí está el mayor logro del libreto de Kemp Powers: en un discurso brutalmente válido a día de hoy. Y que no pretende ser demasiado aleccionador, ojo. Por supuesto que expresa el punto de vista de su creador abiertamente, pero al final, lo único que realmente no admite discusión aquí, es que lo que los famosos hacen impacta en la sociedad. Y que el racismo permanece enquistado en nuestra sociedad. Por lo demás, si Malcolm X le cuestiona a Cooke las letras de sus canciones, él rebate en igualdad de condiciones que no tiene por qué ser un Bob Dylan negro. Es sólo una conversación. Una conversación alucinante y que pone el cerebro del espectador a trabajar a mil por cien. Y todo, o la inmensa mayoría de ello, en el interior de una habitación de un hotel. Un poco como 12 hombres sin piedad, ahí es nada.

La contrapartida de esa expresa voluntad por alejarse de adoctrinamientos excesivos, es quizá cierta falta de punch inmediato. One Night in Miami acaba noqueando, pero lo hace cuando se vuelve a ella, con la calma. No se espere nadie un final a lo I have a dream… entre otras cosas porque la película tampoco tiene los derechos del mítico discurso. Ahora bien, quizá parte de esa falta de punch se deba a su planteamiento formal, también austero por voluntad propia. Regina King dirige con sobriedad y sin demasiadas florituras. A diferencia de la antes mentada La madre del Blues, aquí su condición de adaptación teatral no condiciona (valga la redundancia) el formato de la película. Y hasta ahí bien. Pero la austeridad absoluta de la película no consigue la solemnidad pretendida, sino una ausencia casi total de momentos para el recuerdo. Casi.

Y es que sí los hay, y los hay debido a un reparto brutal. Kingsley Ben-Adir, Aldis Hodge, Leslie Odom Jr. y Eli Goree consiguen establecer una química inmediata entre ellos. A cada uno le corresponde un rol bastante marcado (en ocasiones roza la caricatura, todo sea dicho) sin olvidarse de las personalidades a las que encarnan, y responden de manera excelente. ¿El resultado? Un buen puñado de diálogos, estos sí, de impacto inmediato. Lo que King no consigue con sus brochazos (esa escena final con Malcolm X iluminado y un Ali que se debate entre la oscuridad y la luz…), y de hecho, lo que podría haber fallado por un guion que peca de demasiado sesudo en alguna que otra ocasión, lo consiguen los cuatro actores recitando con perfecta naturalidad sus líneas.

Y a la postre, One night in Miami esconde carencias y saca a relucir fortalezas. Y por relevancia, por trabajo grupal, porque consigue hacerse interesante en todo momento sin perder el norte, queda en una de las gordas del año. Un potente do de pecho de Prime Video que, de paso, confirmación de que todo lo que salga del teclado de Kemp Powers habrá que seguirlo de cerca. Imprescindible.

Trailer de One Night in Miami

Reseña de One Night in Miami
  • Carlos Giacomelli
4

Por qué ver One Night in Miami

Adaptación de una estimulante obra de teatro que teoriza sobre una quedada entre Malcolm X, Ali, Cooke y Jim Brown. No pierde fuerza a su paso a la (pequeña) pantalla, gracias sobre todo a un reparto que sabe dar vida a sus personajes, y a la situación en que se encuentran, a la perfección.

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