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Crítica de Outer Range, temporada 1 (Prime Video)

Arranca el visionado de Outer Range y es inevitable que un pensamiento se adueñe del cotarro: un nuevo intento de sucesión de Perdidos. La serie del debutante (ahí es nada) Brian Watkins tiene una fuerte vertiente de ciencia ficción, traducida en mil y una preguntas que se van abriendo durante el visionado de cada episodio, en cliffhangers, y en personajes de los que extraer secretos conforme sabemos sobre ellos… incluso a base de flashbacks. Sin embargo, la serie goza también de un contrapeso de gran envergadura, como es el drama de dos familias enfrentadas por las tierras de sus respectivos ranchos, y conforme progresa, el aura lostie se va desvaneciendo en pos de lo que, de hecho, leí en un twit y creo que la clava: esto parece la mezcla perfecta entre Falcon Crest y La dimensión desconocida. A lo que yo añadiría un toque de True Detective. Cuanto menos, curioso, ¿no?

Outer Range sigue a un vaquero con motivos para andar muy preocupado. En sus tierras ha aparecido un agujero oscuro como el betún, que no parece tener fin, y cuya explicación no parece tener sentido alguno. Problema añadido: le va a costar mantener esas tierras, puesto que el rancho vecino no sólo está en una situación económica mucho más boyante, sino que amenaza con hacerse con ellas por vía judicial. Además tiene a uno de sus hijos en depresión tras la desaparición de su mujer, mientras que el otro intenta ganar competiciones de rodeo. Las cosas cambian, vivir de tus tierras no parece una opción de largo recorrido… y menos cuando tras una disputa entre los hijos de las familias rivales, ocurre una desgracia que obliga al protagonista a tomar cartas en el asunto. Una mujer, que parece aparecer de la nada, le pide además instalarse de acampada en sus tierras, a lo que él acepta sin prever que ella también acabará implicándose en su vida de manera bastante más activa de lo esperado. A partir de aquí, toda información ulterior relativa a la trama es susceptible de convertirse en spoiler, así que mejor no jugar con fuego. Queda claro el carácter bipolar de una trama que se va desenredando poniendo sobre la mesa siempre más preguntas que respuestas, hasta confluir en un final que deja con un palmo de narices al espectador.

Una conclusión tan abierta que acaba siendo más un revés que otra cosa, para una serie que hasta sus últimos compases, en todo momento había basculado con sumo acierto entre el sci-fi y el drama. Si acaso, desequilibrando de manera voluntaria la balanza en favor de lo segundo porque, por encima de todo, Outer Range quiere ser una historia humana de una familia de vaqueros modernos en un pueblo perdido de América, donde la sheriff de policía es de origen indio y la homosexualidad es un tema tabú; donde los hombres caminan como si anduviesen escocidos, hablan como si tuvieran algo en la boca todo el rato, y se meten la camisa por dentro de los tejanos para que reluzca la gigantesca hebilla de su cinturón. Donde unas tierras valen más que una vida. Quiere ser un thriller policíaco sobre un drama generado, básicamente, por la testosterona del macho con sombrero. Todo ese arco dramático es tratado con sumo cuidado en una serie que opta por un devenir a cocción lenta y contenida. Sabe perfectamente que el espectador quiere saber más sobre el agujero, pero dosifica esa información con atino, para permitir que no se pierdan de vista sus personajes, interpretados a las mil maravillas por gente de la talla de Josh Brolin, Imogen Poots o Lili Taylor, entre otros. Calculando, en definitiva, la frustración que le genera a un espectador que acaba entregado a las primeras de cambio. Entre otras cosas porque todo lo referente al dichoso boquete se traduce en una bomba informativa que nada tiene que envidiar a los grandes golpes de efecto de, de nuevo, Perdidos. Por eso sorprende que, ante un ejercicio tan calculado, queden en el aire infinidad de cabos sueltos a los que dar salida en temporadas venideras, al no haber encontrado ocasión en estas primeras ocho horas.

Ocho horas para ocho episodios que, al margen de su utimate cliffhanger, suponen una grata sorpresa en una cadena, Prime Video, que iba necesitada de mayor calidad en sus series exclusivas. Outer Range se convierte en uno de sus títulos de cabecera, siendo una rara avis misteriosa y juguetona, que a su vez destila elegancia y calidad cinematográfica en todos los sentidos y que, pese a ser una opera prima, arriesga con decisiones tanto argumentales como formales, que ya han generado fuertes divisiones de opiniones. Tiene campo por delante y debe mejorar, de eso no hay duda; pero esta primera hornada deja con muy, muy buen sabor de boca (y ganas de rebuscar por Internet explicaciones e interpretaciones de su final, lo cual también mola lo suyo).

Trailer de Outer Range

Outer Range: The Twilight West
  • Carlos Giacomelli
3.5

Por qué ver Outer Range

Josh Brolin protagoniza este western dramático y fantacientífico en el que se dan la mano dramas sobre tierras, ranchos, peleas y desapariciones… y un agujero en el suelo que parece un agujero negro de origen y potenciales cualidades indescifrables. Estimulante mezcla de géneros que atrapa desde las primeras de cambio y deja con muchas (acaso demasiadas) ganas de más.

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