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Crítica de Patrick Melrose (Temporada completa)

De todos los problemas que tiene la serie Patrick Melrose, una miniserie de cinco episodios basada en la saga de novelas medio autobiográficas de Edward St Aubyn, el que se traduce en una herida mortal es el segundo episodio. Entero. Una hora para olvidar que no sólo bloquea el ritmo y las, en líneas generales, positivas sensaciones del primer capítulo. Va más allá y evidencia unas carencias que desde ese momento, el espectador ya no querrá pasar por alto.

Rebobinemos: Benedict Cumberbatch es Patrick Melrose, un tipo joven, elegante, con planta, y en una más que evidente situación de bienestar económico. Pero tiene un problema: es un drogadicto de cuidado. Un viaje de Sherlock a Nueva York debido a la muerte de su padre (Hugo Weaving) se encarga de dar el pistoletazo de salida argumental, y durante todo el episodio vamos viendo a un shakespeariano ser oscuro y atribulado, con evidentes heridas del pasado aún abiertas, motivadas justamente por un progenitor que parecía, como poco, estricto. Nada nuevo bajo el sol, en verdad: tanto por temática y entramado como por el estilo con que se registra esta lucha interna (contra demonios) y externa (contra la adicción) recuerdan a cualquier Trainspotting, Réquiem por un sueño, o sucedáneo.

Con una excepción: Patrick Melrose es un tipo rico y estirado, de esos que parecen tener problemas tan sólo porque se los buscan. No digo que la clase alta de la sociedad no pueda tener problemas, pero bien sabido es que a nivel cinematográfico, la empatía con el público se consigue antes si se trata de personajes de clase media para abajo. Claro que de momento poco importa: Cumberbatch se come la pantalla con una actuación sumamente histriónica y exagerada; justo lo que le demanda la situación. Y su tono, su voz en general, otorgan el toque perfecto de ironía y humor negro que el guión de David Nicholls parece buscar.

Sólo que entonces acaba el primer episodio, y arranca el segundo.

Un insoportable flashback a los años mozos del protagonista, limitados a un par de días de su verano en la lujosa y aburrida casa de campo de su familia, con los lujosos y aburridos amigos de su familia. Todo, como queriendo empaparnos del tedio de ese periodo, pero sumiéndonos en un estado de letargo total del que no se nos despierta ni cuando se hace algo más de hincapié en la severidad del padre y el embriagado pasotismo de la madre.

Dedicar un episodio entero a unos flashbacks que, luego, igualmente van apareciendo a lo largo del resto de la serie; hacerlo sin aportar apenas datos, y sin siquiera revelar el único punto realmente decisivo a la hora de marcar la personalidad del personaje (eso se cuenta más tarde por más que no haya demasiadas dudas al respecto), es un paso en falso. Sólo que tan en falso, como para que abramos los ojos: sin un actor-héroe (porque Sherlock parece que convierta en oro todo lo que toca) que desvíe nuestra atención, se eleva el rechazo por parte de personajes tan sumamente snobs y relamidos, cayendo especialmente mal una Jennifer Jason Leigh que parece drogada más allá de los límites de su personaje.

Algo se rompe, en definitiva, en la relación pantalla-espectador que partía ilusionada, pero que en realidad aún no había dado motivos suficientes como para estabilizarse. Y no se recupera por más que el tercer episodio pueda ser el mejor de la serie. Encandila por la vista con una fotografía elegante, un montaje divertido y esforzado, ya sin el condicionamiento de las sobredosis. Recupera al personaje en su edad más o menos correcta, y se busca de nuevo el tono irónico, cenizo. Pero ya no cae bien, ni interesan lo más mínimo las subtramas que pululan por ahí con más pena que gloria, por lo que las sensaciones de tedio y rechazo perduran. Pasa el cuarto episodio (de nuevo en la odiosa casa de verano pero en otro momento y con un maquillaje lastimoso, por cierto) y los párpados hacen esfuerzos de más por mantenerse abiertos; llega el quinto y la sensación es más de alivio que de disfrute: por fin se acaba un viaje largo, denso, que buscaba el reto y la relevancia pero que, ay, acaba cayendo en la irrelevancia más absoluta. De querer saber quién es Patrick Melrose, se acaba deseando no haberle conocido nunca.

 

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
  • John Blutarsky
2.5

En pocas palabras

Patrick Melrose lo tiene todo para triunfar, pero al igual que su personaje principal, no lo aprovecha. Él tiene dinero, la serie recursos infinitos. Ambos lo despilfarran. Lástima.

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