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Crítica de Pequeños detalles

Pues lo voy a decir ya y me voy a quedar tan a gusto: por gente como John Lee Hancock el cine se apaga. Lee Hancock, director de ideales claramente conservadores, plasmados en un cine casposo y trasnochado en que la religión cristiana y la colocación del hombre blanco en lo más alto de la pirámide, acaban prevaleciendo por encima de cualquier otro valor artístico o argumental. Cosa que pirra en Hollywood, ya que a cada nueva película que estrena, más éxitos recibe, en forma de presupuestos más abultados y nominaciones en uno u otro premio. En el caso de la que ahora nos ocupa, Pequeños detalles, ya es de chiste: como no hay por dónde cogerla, sólo han podido nominarla (a falta de desvelarse los candidatos a los Oscars, ojo) al Globo de Oro a mejor actor secundario. ¿Justificado? Para gustos colores, pero la presencia del afortunado en la película es poco más que anecdótica: Jared Leto, con nariz prostética y pintas (y actuación) claramente deudoras del Matthew McConaughey de True Detective, aparece a algo así como la hora de metraje y tiene unas tres escenas para lucirse. Vamos, unos 20 minutos buenos, potentes… histriónicos también. Yo no creo que sea para tanto, pero es una película de John Lee Hancock, no puede quedarse fuera de las primeras planas. El responsable de The Blind Side y de Al encuentro de Mr. Banks tiene así su puesto en la ceremonia. Y probablemente, carta blanca para su próxima película pasada y desfasada, moralmente cuestionable y cinematográficamente carente de interés en el mejor de los casos. Luego el problema está en que la audiencia le da la espalda al cine. Ya.

A todas estas, ¿qué es Pequeños detalles? Pues un exploit sin demasiado pudor y muy desganado de Seven, básicamente. Denzel Washington es un detective entrado en años con un caso de asesinatos en serie que se le quedó por resolver y que ahora, ante un nuevo cadáver, ve como opción para retomar sus pesquisas. Y Rami Malek es el detective joven que lleva este nuevo caso. Rápidamente, la película confunde un tono sobrio, contenido, elegante y pausado, con una emulación de los andares y pintas de Washington, que parece arrastrarse por cada plano con mirada perdida, semblante gagá y vocalización utópica. Hay excusa: está atormentado por dicho caso. Pero no por ello debe sumirse al espectador en dos horas y algo de metraje con tufo a naftalina. Sí, la paleta de colores es oscura y parda. Sí, la banda sonora de Thomas Newman es melancólica y parece haber sido compuesta con una copa de brandy añejo en una mano y un puro en la otra. Pero hace falta algo más para atraer al espectador, en especial al que ansía una «película como las de antes», etiqueta de la que Pequeños detalles farda. Hace falta una dirección con personalidad o un guión capaz de aportar constantemente, aun en momentos en que la acción parezca completamente detenida. Y no pasa. Ni de lejos. El trabajo de Lee Hancock como guionista y director es pura y llanamente aburrido, previsible y carente de ideas. No consigue ni por un momento hacerse interesante hasta que, a la hora de metraje como decía, aparece Jared Leto.

Cuando el cantante de 30 Seconds to Mars hace acto de presencia se aviva algo de llama en el espectador, pues personaliza todo lo que ha pretendido cocer la película hasta entonces: el redneck con pelo grasiento que tiene pinta de coleccionar órdenes de alejamiento y que el público asocia al malo de manera inmediata; los fantasmas del pasado que acosan a Washington y no le dejan dormir (y de ahí que parezca adormilado todo el rato); las ansias por encontrar a un culpable que obsesionan a Malek, sobre todo porque detona un miedo terrible en su interior: su mujer e hija podrían ser perfectamente las próximas víctimas del asesino. Es un personaje que lleva al extremo a los detectives, en definitiva, al borde de perder el raciocinio (insisto, no hablamos de Morgan Freeman, Brad Pitt, Gwyneth Paltrow y Kevin Spacey). Minipunto para la película por, al fin, avanzar… Pero rápidamente perdido cuando llegamos a la hora y diez.

Sí, diez minutos después de su punto álgido, Pequeños detalles alcanza su mínimo: el interrogatorio. Es, literalmente, atroz el montaje con el que se despliega dicha conversación en comisaría. Con Rami Malek en el epicentro (otra vez, el de Mr. Robot, protagonizando la peor escena del año: ya le ocurrió en otra conversación, en Bohemian Rhapsody: aquí la escenita), planos de décimas de segundo se suceden a velocidad de vértigo enfocando semblantes de unos y otros, pretendiendo ¿qué? ¿Generar tensión en el espectador? Lo que consigue es que apartemos la vista, so pena de que se nos atraganten las palomitas. Lo cual no deja de ser una metáfora perfecta de todo lo que ocurre en el film: John Lee Hancock va por unos derroteros, y el espectador por otros. Pretende que nos metamos en la psique de los protagonistas pero los tenemos tan vistos, y están escritos de manera tan simplona y previsible, que ni nos acercamos. Pretende que nos creamos las decisiones gilipollas que Makel va tomando a lo loco y teóricamente motivado por el miedo y las ansias de dar con el maloso, pero tan sólo logra sacarnos un par de risotadas involuntarias. Nunca acaba de entenderse qué se pretende: ¿un whodunit? No porque la presencia de Leto lo cambia todo. ¿Un discurso sobre los subconscientes maltrechos por fantasmas del pasado? Está tan subrayado todo y desde el primer minuto (Denzel Washington llega a decir en algún momento que «nunca te abandonan»), que cuesta creer que sea el único objetivo. ¿Una crítica al exceso de poder de la policía? Pues tampoco sale bien, ya que un par de giros finales no hacen que cambiemos de opinión sobre ninguno de los personajes, buenos o malos, ni de las decisiones idiotas que han ido tomando.

Eso sí, que no se alarme nadie que, a las primeras de cambio, Lee Hancock aprovecha para meter una imagen religiosa y un par de frases relacionadas con la fe. Y aunque a partir de un cierto punto le dé por criticar a las fuerzas del orden, lo hace en paralelo a un esfuerzo titánico por exonerar al poli blanco, en detrimento del negro, que acaba la función cual malhechor pandillero, mientras que el primero sale de rositas habiendo tomado decisiones mucho, mucho peores. Pero hey, este es el director que pintó a Sandra Bullock como una especie de Teresa de Calcuta por ayudar cristianamente y desde su posición social elevada, a un pobre negro tonto que sólo valía para jugar a rugby. Película aberrante que le valió una nominación a mejor película y un Oscar a mejor actriz. Ahora los Globos de Oro nominan a Leto más como agradecimiento que otra cosa, ya que si Pequeños detalles se salva de los Razzies, es porque su aparición la hace llegar hasta la categoría de vulgar película de sobremesa. Uf, pelota al palo: pueden seguir rindiendo pleitesía a Lee Hancock y su idea trasnochada del cine, a sus valores y a su no-tan-velada defensa del hombre blanco. ¿Que por artistas como él, el cine esté muriendo? Bueno, ya resucitará al tercer día, o algo.

Trailer de Pequeños detalles

Reseña de Pequeños detalles
  • Carlos Giacomelli
1.5

Pequeños detalles en un tuit

Aberrante ejercicio de caspa conservadora que le hace flaco favor al cine y ensalza valores cuestionables, disfrazados de exploit desvergonzado de Seven. La presencia anecdótica de Jared Leto salva algunos muebles, pero no la libra de la quema.

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