La Casa » Cine » Crítica de Petite Maman
petite maman critica

Crítica de Petite Maman

A Céline Sciamma le hace falta muy poco para alcanzar cotas elevadísimas de emoción (y reflexión). De sus cuatro películas hasta la fecha se puede extraer, grosso modo, un denominador común que sirve de detonante para ello, en forma de personajes en construcción, que empiezan desubicados y emprenden un recorrido hacia su liberación, encuentro consigo mismos, o como mínimo tranquilidad sentimental (o algo que se le acerque). En Tomboy, una niña se hacía pasar por niño porque no encajaba en la etiqueta que le había tocado. Luego llegó Girlhood, que seguía a una colegiala en activa búsqueda de un lugar. Retrato de una mujer en llamas elevaba al límite el discurso, con unos personajes que pedían a gritos desprenderse de cadenas y prejuicios, y emprender el vuelo. Y ahora llega Petite Maman, que vira un poco el timón en cuanto al mensaje social de fondo, pero sigue en la línea de presentar a un personaje al que le falta algo para, digamos, encontrar la tranquilidad, acabar de definirse.

Es más sutil, por eso: aquí empezamos con la pérdida de la matriarca de una familia, la abuela, que deja una casa a vaciar por parte de su hija y nieta. Una nieta a la que la cámara de Sciamma persigue para descubrirnos sus muchas carencias. Sin ir más lejos, no pudo despedirse como hubiese querido (y por eso la sensacional secuencia inicial). Pero peor que eso es la soledad, la incomunicación. La imposibilidad de seguir siendo la niña que está empezando a dejar de ser: su madre está por otras cosas, ya no le hace el caso de antes (al margen de que, ahora, ande liada con la casa de la abuela). Pero en estas que se le da una segunda oportunidad para volver a contar con plena atención. Para volver a jugar todo el día con ella, como si la diferencia de edad y de responsabilidades no importara. Con la particularidad de que, efectivamente, no importa.

A medio caballo entre una historia de fantasmas y un bucle temporal digno de la mejor historia de ciencia ficción, Petite Maman nos sumerge en un tinglado donde las reglas, de repente, dejan de ser como las conocemos. Sumida en este sentimiento triste, melancólico y que le es desconocido, la niña da de casualidad con una situación que le permite disfrutar de madre y abuela en su totalidad, otra vez. No se nos da demasiada explicación (y no seré yo quien destripe la magia de la película) porque asistimos a esta paradoja temporal/experiencia paranormal desde el punto de vista de una niña a la que de un día para otro, le vuelve la sonrisa a la cara. Por supuesto que ni se para a plantearse la verosimilitud de todo ello, más allá de lo mínimo. Y ni falta que hace, ya que de nuevo, lo que quiere Sciamma es hablar de sentimientos desde un plano puramente visceral. En estos 72 minutos de nada, y en los que repito, la sutileza se desmarca como protagonista absoluta, Petite Maman se esconde en una historia digna de la dimensión desconocida sólo para convertirse en un entrañable, sumamente emotivo y sentido ecosistema de emociones de intensidad brutal. Realiza un retrato precioso del ocaso de la infancia y del deseo de que no acabe nunca. Nos habla de las primeras ocasiones en que toca hacer frente a cuestiones adultas; de la pérdida, de los entresijos de la familia y de la añoranza. Y por supuesto, de ir encajando las piezas que irán dando forma a uno mismo.

Sólo hay una escena con banda sonora, único embellecimiento por encima de su hiperrealista planteamiento formal y sin embargo, el impacto del film es sobrecogedor desde su apertura, esa secuencia que comentaba más arriba y que, por cómo nos pone en situación sin decir nada explícitamente, ya nos tiene a su merced. Petite Maman es, en definitiva, quizá la película más pequeñita que haya pasado por nuestros cines este año. Pero es, a su vez, quizá la más grande de todas. Una propuesta de aquellas que crecen y crecen, tanto como para querer volver a verla otra vez. Tanto como para querer que su recuerdo perdure en nuestra memoria todo lo posible, porque son las cosas bonitas las que labran nuestro recuerdo. Como cuando no te preocupaba nada más que tu madre te leyera el cuento de buenas noches tras haber estado jugando contigo toda la tarde.

Trailer de Petite Maman

Petite Maman: Céline Sciamma sigue deleitándonos
  • Carlos Giacomelli
5

Por qué ver Petite Maman

En apenas 72 minutos, Petite Maman se convierte en un torbellino emocional como pocas veces vivimos en el cine. Parte de un capricho fantástico para calar hondo con una historia humana, sincera y sentida, y que sin embargo nunca peca de melodramática o forzada. Es tan natural como la vida misma, y quizá justamente por ello no podemos sino empatizar plenamente con ella y grabarla para siempre en nuestro recuerdo.

Sending
User Review
0 (0 votes)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *