petra barbara lennie

Crítica de Petra

La nueva película de Jaime Rosales confirma lo que ya sabíamos: a dirección le ganan pocos. Petra es exuberante, la cámara del de Hermosa juventud se mueve con toda la intención del mundo entre los protagonistas mientras estos, en largos planos secuencia, van encajando las piezas de su enrevesado puzle argumental. Como lo hace por los espacios, dotando de vida propia ora hogareña, ora desasosegante, a caserones, montañas y en general todo rincón por el que pasa.

Por su parte, el guión (con su firma y la de otros dos pares de manos) ayuda a tejer esa telaraña milimétrica que funde lo artístico con lo cerebral (no por nada se divide en capítulos netamente separados entre sí) y, ya a cierta distancia, lo emocional: en conjunto, Petra es un denso ejercicio de estilo, de un argumento poliédrico cargado de apariencias engañosas, tan elevado como incómodo para el espectador que intuye rápidamente que tras ese aura de costumbrismo se esconden unos bajos fondos con tufo a podredumbre.

Sin embargo, con esta película se confirma también algo que se ha ido percibiendo a lo largo de toda la filmografía del director: un impacto emocional por debajo de lo deseado. En la propuesta que nos ocupa hay pasajes de muy alta carga dramática; algún exceso incluso. Pero se está tan pendiente de lo visual, tan enfrascado en acabar de digerir el entramado, que pasan muy desapercibidos.

O quizá haya sido culpa del reparto, que parece casi más incómodo que el propio espectador con las formas de Petra. Esos planos secuencia, interesantes al principio, acaban tornándose repetitivos y forzados. Tanto, como lo parecen Bárbara Lennie, Àlex Brendemühl y Marisa Paredes, con interpretaciones a medio camino entre el esfuerzo, la improvisación y el error (en no pocas veces se pisan frases, se traban…); curiosamente, quien parece estar más cómodo es un Jaume Botey hasta ahora desconocido. No hubiera venido mal cierta relajación por parte de Rosales, limitando acaso los planos secuencia a los momentos álgidos y rebajando excelencia formal en pos de la naturalidad que, además de a los actores, nos hubiera servido a nosotros para empatizar un poco más con una obra que peca de altiva.

Tampoco es novedad alguna. El director de La soledad siempre ha estado más pendiente del estilo que otra cosa, por algo se le encumbra con total justificación como uno de los mejores cineastas de por aquí. Petra, sigue en esa línea, pero no deja de ser gracioso que en una escena de la película, se oigan conversaciones sobre el ombliguismo de los artistas. Quizá sea la forma de Rosales de entender la autoparodia, pero lo cierto es que si aquí se hubiese puesto un poco más accesible, hubiéramos salido ganando todos. El reparto, el primero.

 

Trailer de Petra

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
3

En pocas palabras

De tanto esfuerzo que se invierte en obtener la perfección formal, de tan estudiada al milisegundo que está, Petra se olvida de rebuscar en lo más básico: las emociones. Excelente, pero gélida.

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