podras perdonarme algun dia critica

Crítica de ¿Podrás perdonarme algún día?

¿Cuánto del reconocimiento a un artista está en las cualidades intrínsecas de sus obras y cuánto está en, simplemente, su nombre? Marielle Heller, que ya venía de cotas muy elevadas (The Diary of a Teenage Girl), intenta responder a esta pregunta a través de la figura y milagros delictivos de Lee Israel, biógrafa de ocupación que en los años 90 se hizo popular por culpa de un escándalo de falsificaciones. Como respuesta a su frustración tras ser rechazada por el mercado editorial Israel descubrió un don para suplantar y asumir el estilo de diversos literatos de prestigio y se lanzó a escribir sus propias cartas rubricadas con sus respectivas firmas. Asumir el toque propio, único y teóricamente inconfundible de cada uno fue suficiente para engañar a libreros y buscadores de reliquias, que pagaron generosas cantidades por documentos presuntamente firmados por Noël Coward, Dorothy Parker, Edna Ferber o Louise Brooks.

Una historia, basada en la memoria de la propia Israel, que maneja elementos de drama criminal pero que desde la sensibilidad de Heller y sus guionistas Nicole Holofcener y Jeff Whitty se convierte más en un agridulce estudio de personajes que en un thriller. El retrato, entre la comedia neoyorkina y el drama cotidiano, de una personalidad incómoda. La de una mujer tan brillante como complicada alejada de la vida social y deseosa de, simplemente, expresarse a través de sus escritos y poder vivir de ellos. Una escritora lo suficientemente ingeniosa y amoral como para, simplemente, decidir monetizar el engaño y sentir una especie de satisfacción artística por ello. El retrato de Israel es, definitivamente, mucho más sutil y complejo de lo que podría parecer a simple vista.

Porque la película no retrata a una caradura ni a una garrapata social sino, simplemente, a una amante de la literatura que debe hacer algo desagradable para sobrevivir. Israel no parece sentirse especialmente incómoda con la estafa, es cierto, ni resulta ser un dechado de bonhomía o una tragedia moral con patas, pero sí echa de menos las épocas donde el mundo editorial no pivotaba solamente entorno a los bestsellers. Ella es, en fin, una romántica, una ladrona que canaliza la voz de los grandes de la literatura a través de un discurso propio. A su manera sus cartas no son sólo objetos de falsificación, sino una nueva forma de arte apropiacionista, algo así como unos covers a la inversa. También una fuga desesperada hacia la búsqueda del espacio artístico propio en un entorno que la ha privado de ello.

Y sí, entran en juego esas cuestiones relacionadas con la literatura como industria, con la cotización de los propios nombres por encima de las obras y con la línea que separa el arte de la simple memorabilia. Pero, por encima de todo, ¿Podrás perdonarme algún día? pretende dignificar a los que están en las sombras viviendo sus vidas la forma más tranquila posible para que, de algún modo, el resto pueda llevarse su porción de reconocimiento. Así Heller desplaza el foco de la edición literaria desde las clases destacadas de la intelligentsia, la academia y los círculos intelectuales hacia una Israel que está fuera del sistema, que transita librerías antiguas y mantiene la esperanza de vender sus antiguas biografías aunque estén apiladas en las mesas de los saldos. Y no sólo ella, también su amigo y compañero de fechorías Jack Hock representa esa parte del mundo a la que el resto considera desclasados pero que, en realidad, tienen su propio espacio, reglas y creencias.

Esa camaradería entre los desplazados y la soledad como opción vital centran el interés de Heller, que opta por narrar su historia desde la sensibilidad y la austeridad formal. Pendiente en todo momento de encontrar su propia voz en una película que tan fácilmente podría haberse inclinado por una exposición convencional o un apartado formal funcional la directora se muestra sutil, templada y humilde. No derrocha recursos expresivos, porque prefiere mantenerse en un plano de austeridad narrativa, pero los que usa son muy elegantes. El resultado es una película llena de matices, sugerencias y con el espacio suficiente como para dejar que sus dos actores protagonistas terminen resultando el obvio centro de atención: tanto Melissa McCarthy como Richard E. Grant, la primera en la interpretación más incontestable de su carrera, son el cerebro, las tripas y el corazón de una película que no levanta la voz, pero que sabe cómo modularla para transmitir un discurso sincero e interesante.

 

Trailer de ¿Podrás perdonarme algún día?

 

 

Valoración de La Casa
  • John Blutarsky
4

En pocas palabras

Marielle Heller revalida su posición privilegiada dentro del indie mainstream con esta estupenda especie de biografía tangencial de una biógrafa estafadora

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