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Crítica de Porcelain, de Moby (Editorial Sexto piso)

Pues me ha costado encontrarlo pero resulta que sí, que existe una edición en castellano editada por Sexto piso de Porcelain, la autobiografía de Moby. O más bien la primera parte, ya que si ésta se editó en 2016, en 2019 el músico publicó Then It Fell Apart, de la que hablaremos en breve (y que, espero, también acabe llegando a las librerías de por aquí).

A sabiendas de la existencia de una continuación, sabed pues que en Porcelain Moby repasa sus vivencias hasta la publicación de su obra más celebrada, el álbum Play. Y ese coitus interruptus tan en seco responde a dos motivos: el primero es que su vida da un vuelco radical, claro; el segundo, que el éxito del disco coincide con el momento en que el mundo también da un vuelco radical, en especial la ciudad en la que vive, un 11 de septiembre de 2001 que además es, vaya coincidencia, el día de su cumpleaños.

Y esa coincidencia es vital para ubicar el libro que nos ocupa. Porque la del músico es una de esas historias que sirven de trasunto para la de una ciudad, Nueva York marcada por quienes la han vivido. Y si Moby no vivió en ella toda su vida, no fue porque no quisiera: sus orígenes paupérrimos, retratados aquí con ligereza para que suenen hasta divertidos pese a su gravedad, tienen un leitmotiv bien claro: Moby sueña con acabar viviendo en la Gran Manzana, capital de la(s) revolución(es) musical(es). Por lo que la obra está hablando de la ciudad aunque aparezca sólo de refilón, hasta que por fin logra mudarse de cualquier manera. Vamos, que la de Moby es una historia de gestación del héroe, entendiendo como tal el soñador que a la que tuvo dos duros se fue a esa ciudad y la convirtió en el mito que fue, en especial antes de la gentrificación. Y del atentado, claro.

También es la vida de un músico. Y como tal, Porcelain alberga un buen puñado de anécdotas que echan luz a la mutación del Moby iniciático, desconocido y mucho más roquero, al bailongo que despuntaba y luego al de la careta de TVE1. Discotecas, famosetes, bambalinas de las discográficas… Y todo con un extra de particularidad: Moby es un blanco hetero y de orígenes fervientemente cristianas. Es decir, hay camino del héroe desde la pobreza (extrema) a la fama, pero lejos del arquetípico cocktail de sexo, drogas y rock’n’ roll, universo al que el de Why Does My Heart Feel So Bad? tardó en acercarse. O de cualquier minoría. Moby era un chavalín normal y corriente que no bebía y le tenía miedo a la masturbación. Perspectiva rara vez explorada en el turbulento mundo de la fama, y que funciona porque nos hace ver al personaje desde un prisma un tanto distinto a lo acostumbrado, al tiempo que el discurso sobre la maldad corruptora del éxito. No, a día de hoy Moby ya no es tan angelito. Y no se esconde.

Descendiente de Herman Melville, el propio músico escribe esta titánica obra (entre Porcelain y Then It Fell Apart habrá poco menos de 1000 páginas) por sentirse en deuda con su pasado, dice, y sin andarse con medias tintas. Afirma cambiar alguno de los nombres que pululan por sus relatos más sórdidos, pero no altera los hechos dando una imagen de sí mismo que queda bien lejos de la canonización. Dejando el grueso de la degeneración para la segunda novela, que responderá a la pregunta qué ocurre cuando lo tienes todo, en la que nos ocupa el enfoque está en la escalada, en la huida de la pobreza y la obstinación por alcanzar la gloria. Aunque por el camino haya muchas sombras a las que inevitablemente acabe cayendo, acaso con mayor dureza por sus castos orígenes. Todo en un relato sumamente consciente, pero en absoluto moralizante, y a la vez tan distendido como para tornarse en un bigger than life entretenidísimo, alejado de la autobiografía canónica.

Como mucha otra gente imagino, Play se contaba entre mi colección de discos cuando salió. Pero jamás fui especialmente fan de Moby (entre otras cosas porque todo lo que viene después me parece un intento de repetición cada vez más brumoso) hasta descubrir su faceta como escritor. Claro, este es su primer libro, y el segundo vuelve a ser la historia de su vida. A lo mejor esto acaba aquí y queda como un ejercicio onanista de agárrate los machos. Pero no seré yo quien le niegue aptitudes envidiables para hacer de 500 páginas sobre una vida que ni me va ni me viene, una aventura poliédrica y reflexiva que se devora más que se lee.

Porcelain: las memorias de Moby (primera parte)
  • Carlos Giacomelli
4

Por qué leer la autobiografía de Moby: Porcelain

Entretenidísimas memorias de Moby desde sus inicios y hasta el lanzamiento de Play. A través de la suya, que presenta sin voluntad alguna de redención, nos hace partícipes de las historias de quienes dieron forma a la personalidad de Nueva York.

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