La Casa » Cine » Terror » Crítica de La posesión de Emma Evans

Crítica de La posesión de Emma Evans

¡Será por exorcismos! Si hasta hace apenas un par de años teníamos que vérnoslas canutas para ver una buena posesión demoníaca en el cine, en tan sólo diez días (lo que dura el festival de Sitges) hemos podido asistir a un mínimo de tres películas con dicha temática. Y de todas, “La posesión de Emma Evans” ha sobresalido, lo cual tampoco es decir mucho habida cuenta de la competencia, pero no por ello se le debe restar mérito al segundo trabajo del joven director Manuel Carballo.
Rodada en Inglaterra con un reparto autóctono y apenas conocido, la cinta relata el progresivo desmoronamiento de una familia en la que uno de sus miembros, la dichosa Emma (Sophie Vavasseur), padece de una enfermedad bastante peculiar, concretamente la presencia del diablo en su cuerpo.
Tildarla de enfermedad no es en absoluto gratuito, ya que la primera y principal baza del film es justamente enfocar la problemática desde un punto de vista sumamente realista, íntimo y cercano, como si de un mal más terrenal y exclusivo del núcleo familiar se tratara. Y sincero, lo cual debería exonerar la película, de entrada, de cualquier decisión controvertida que pueda tomar su guión. Pero no adelantemos acontecimientos.
Empecemos por el principio, con el enfoque que Carballo le da a su trabajo y que supone el principal elemento distintivo del mismo. Un estilo sobrio, frío y apagado al que acompaña un montaje fugaz, casi nervioso, y que acaba convirtiendo al espectador en cómplice del espionaje que parece estarse llevando a cabo en la casa de los Evans. En definitiva, busca hacernos olvidar que estamos ante una producción cinematográfica, nos disfraza de un hermano, primo o tío de esa familia, y eso posibilita que se acreciente la empatía del público hacia el film.
Los diversos episodios de la posesión se hacen así mucho más vívidos, el terror se gesta con mayor facilidad y la escalada hacia los límites de la enfermedad se sigue con interés y se acepta con todas sus consecuencias, lo cual incluye situaciones francamente duras. Y todo ello sin recurrir a excesivos efectismos, ni a trampas propias del género.

 

Aquí es donde entra en juego la sinceridad a la que aludía al comienzo, y que significa el otro gran elemento distintivo de la cinta. A diferencia de burdos ejemplos norteamericanos, el que ahora nos ocupa rehuye de trucos, reconoce limitaciones y opta por un devenir sumamente lógico que poco a poco se va haciendo más extremo bien en lo que respecta a la niña poseída, bien en la trama per se. Es por ello que cuando el guión (de David Muñoz) emprende un giro tan inesperado como a fin de cuentas innecesario, del que la película se resiente hondamente, no hay nada que se le pueda achacar. Se trata de una decisión lícita y además inesperada, cuyo problema es que se antoja totalmente desacertada al restarle esa plausibilidad previa y darle al film un tramo conclusivo peliculero que no requería.
Y ya que nos adentramos en el saldo negativo, cabe reconocer que la estructura episódica que supone la columna vertebral de la producción en ocasiones peca de repetitiva, especialmente cuando se remite a unos flashbacks que tardan mucho en explicar más bien poco.
Con todo, “La posesión de Emma Evans” sigue siendo una más que aceptable propuesta que cumple en su función de entretener y hacer pasar un mal rato a quienes le tengan respeto a la temática de exorcismos. Un par de decisiones erróneas halladas en su clímax le impiden alcanzar mayores cotas, y la relegan a un mero entretenimiento cinematográfico, pero que como tal funciona y no por ello deja de significar una propuesta arriesgada y digna de, por lo menos, darle una oportunidad. Eso, y que se ha convertido en la mejor película del género desde “El exorcismo de Emily Rose”, lo cual tampoco es moco de pavo.
6/10

4 comentarios en “Crítica de La posesión de Emma Evans”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *