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Crítica de Pureza, de Garth Greenwell (Random House)

Garth Greenwell se desnuda. En todos los sentidos. Se expone, recurre a una historia -de tintes autobiográficos- dura, cruda, sexualmente descarnada, emocionalmente comprometida y comprometedora. Un salto mortal artístico que lo coloca en un lugar de madurez bruta, reservado a quienes parecen haber vivido mucho y aun así logran conservar la elegancia y el temple. ¿Perro viejo, este Greenwell? Quitando su producción poética, esta es sólo su segunda novela.

La primera fue Lo que te pertenece y era, como la que nos ocupa, un ejercicio de narrativa directo y sincero. Ahora el de Kentucky vuelve a relatar la vida cotidiana de su propio sosias, un escritor americano que da clases en Sofía, y las relaciones con otros hombres (aquí varios) vuelven a ser el centro emocional y visceral de la historia. Hay poco más que rascar desde un sentido puramente argumental. Este protagonista -sin nombre- estructura sus vivencias con otros hombres (también ellos casi anónimos, sólo distinguidos por una inicial) y hace orbitar su monotonía académica y vital entorno a sus encuentros sexuales, sensuales y emocionales. De las tres partes en las que se estructura Pureza una, la central, habla del amor. Las de los extremos hablan de sexo. Las tres reflejan una existencia libre, adulta y consentida en la que, sin embargo, se encuentran el tormento interno y el autodesprecio con la compasión. La sumisión con el dominio. El aburrimiento existencial con la búsqueda de nuevas emociones.

El sexo de Greenwell es un ejercicio de autoconocimiento, un acto de liberación, un automatismo y una necesidad de vida. El amor es pertenencia mutua, paz con uno mismo y el otro. El sexo sin afecto es pura individualidad, distanciamiento, placer con dolor y autoflagelación. No es violento, porque cuando el narrador, en perfectas facultades mentales -quizá no sentimentales- y ejerciendo su plena libertad, asume la violencia como algo aceptable esta deja de ser violencia. Pero sí es revelador, especialmente cuando pone en evidencia la ausencia de un ser querido en el otro extremo de la cama. O cuando salen a flote la vergüenza y los recuerdos de una infancia marcada por la represión de un padre despótico y violento.

Pero Pureza no es solamente búsqueda de amor y hallazgo de sexo. El autor dedica infinitos detalles al foreplay y al polvo, a la parafilia y al simple coito, pero también enfoca su esfuerzo en construir una personalidad esquiva, la del protagonista, y un entorno socialmente relevante, el de las protestas estudiantiles de la pasada década, que también llegaron a Bulgaria. Sí, es una novela minimalista desde un punto de vista argumental, pero resulta enorme, expansiva en la cantidad de pequeños detalles que construyen, de dentro hacia afuera, un viaje psico-emotivo de desarmante sinceridad.

¿Suena a cliché calificar este relato de dolor y gloria de ejercicio de literatura a bocajarro? No importa, eso es lo que es.

Pureza: desnudez, dolor y gloria
  • Xavi Roldan
4

Por qué leer Pureza

Si no existe ya un pequeño culto alrededor de la figura de Garth Greenwell es cuestión de tiempo: con sólo dos novelas editadas su prosa transmite una madurez y un sentido del riesgo dignos de las mejores plumas malditas de la literatura norteamericana.

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