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Crítica de Quién te cantará

En Persona es una actriz que de la noche a la mañana se queda muda. En Quién te cantará, una cantante olvida cómo cantar. En ambos casos, necesitan ayuda externa. Estaremos de acuerdo pues, en que para la tercera película de Carlos Vermut, el punto de partida es evidente. Sin embargo, no menos obvio es dar por sentado que el director de Magical Girl no iba a quedarse en un mero homenaje a Bergman. A poco que se lea un poco sobre la película, o a los pocos minutos de arrancar su proyección, ya van saliendo otros referentes de los que arañar alguna idea o concepto: desde las películas más cerebrales de Hitchcock (hay mucho de Recuerda… aunque no sea la única) a los ejemplos más contenidos de la filmografía de Almodóvar, en los que el morbo y la ansiedad parecen estar en un estado de calma chicha. También se le puede añadir alguna gota del Arrebato de Zulueta, y por tanto del mito de Drácula y sus siervos. Oh, y hablando de siervos, quien quiera ver aquí algo de El sirviente, tampoco andará desencaminado.

En definitiva, se puede determinar con mayor o menor atino una nube de la que Vermut ha bajado su última película. Pero sigue siendo evidente que quedarse ahí es caer en el error. Y es que Quién te cantará vuelve a confirmar que la suya es una voz no sólo conocedora del mundillo, sino única y cien por cien reconocible. Como hace Tarantino, a su manera claro, Vermut no tiene ningún problema en mostrar sus referentes, para acabar desmontando sus piezas y uniéndolas en un discurso propio, que esta vez resulta menos hermético que de costumbre si bien igualmente transgresor y desasosegante.

En este thriller sobre la vampirización y la (falta de) identidad, influyen su habilidad tras la cámara, maravillosamente combinada con el montaje, el filtro cromático y la fotografía, y la banda sonora de un Alberto Iglesias que entiende a la perfección por dónde debe moverse: por algún lugar extraño entre el retorcimiento y la seducción, el terror y el drama, el pop (con las canciones interpretadas por Najwa Nimri y Amaral adquiriendo el protagonismo) y el clásico. Reflejo de la película en sí, vaya, que no se arruga a la hora de adoptar diversas pieles para mantener al espectador en un perenne estado de incomodidad.

Claro, fundamental el guión. Vermut encaja de nuevo todas las piezas de un puzzle complejo y con diversas opciones de ser completado (si bien el número sea sensiblemente inferior al de su anterior trabajo, o de una Diamond Flash con la que hay más de un nexo de unión…), y lo hace siendo fiel a sí mismo, dejando inalterada por tanto la que, a juicio de un servidor al menos, supone su mejor baza: su habilidad por entrar y salir de un universo totalmente suyo para expandir o contraer su onda expansiva. A ver, que me explico…

Quién te cantará tiene en un enfermizo juego de obsesiones y dependencias su principal baza. Roles en constante intercambio, saltos de dueñas a esclavas: Lila pierde su memoria y necesita a quien la eduque de nuevo, así que su ayudante Blanca va en busca de Violeta, quien a su vez necesita huir de una casa en la que su díscola hija adolescente la tiene casi esclavizada… Una necesita a una madre, la otra necesita a una hija, la del medio (la gota blanca que se necesita para remover en una tonalidad purpúrea y convertirla en la otra) hace un poco de Renfield, sirviente de Drácula. Un reto que debe presentarse con sutileza e inteligencia, con escenas que ataquen al subconsciente del espectador (Lila y Violeta llorando y riendo a la vez; cuando Violeta canta a la propia Lila sus canciones, rodeada de pósters y cuadros de la cantante…) y momentos que sean algo más explícitos. Bien, pero eso no evita que apueste por diálogos o reacciones de sus personajes entre lo castizo, lo friki, lo paródico o lo surrealista. Eso, universo muy suyo siempre presente y siempre perfectamente encajado para que ningún espectador pueda arrugar la nariz. Y así, consigue que una escena en un karaoke a ritmo de Ni tú ni nadie no sólo pegue, sino que se cargue de significado y, en cierto modo, de poesía. O de musicalidad, si se quiere. No desentona.

Lo único que quizá sí chirríe un poco en medio de una armonía casi perfecta, es el personaje de la hija, una Marta (Natalia de Molina) que evoluciona de manera demasiado abrupta en las cuatro o cinco escenas de su subtrama correspondiente, descuidando una serie de personajes de desarrollos sutiles y estudiados, además de perfectamente interpretados por Nimri, Eva Llorach y Carme Elías.

Nota discordante, pero apenas perceptible en una melodía, por lo demás, perfecta.

Carlos Vermut sigue siendo el cineasta más relevante de la industria española actual.

 

Rueda de prensa de Quién te cantará en San Sebastián 2018

 

 

 

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
4

En pocas palabras

Un nuevo éxito en la filmografía de Carlos Vermut. Su película más relajada sigue poniendo al espectador en una excitante posición de tener que trabajar activamente durante el visionado de la misma.

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