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Crítica de Rapera a los 40

Si los 60 son los nuevos 40, 40 años no son nada. Una segunda adolescencia, una juventud prolongada, un «pubescencia reprise». La crisis de la mediana edad sigue estando ahí inamovible, en los 40 -en los tiempos que corren también al cumplir la treintena y supongo que también al alcanzar el medio siglo-, pero en cualquier caso es una época tan buena como cualquier otra para por fin hacer esas cosas que se nos quedaron en el tintero. Si le preguntan a Judd Apatow y Steve Carell, perder la virginidad. Para Radha Blank, renovarse como narradora de historias abandonando un campo que no la satisface (el esnobizado mundillo de la dramaturgia neoyorkina) para probar suerte en otro un poco más volátil e incierto. Menos dado a novatas de más de 20 años. El del rap.

Rodada mayormente en blanco y negro y 35 milímetros The Forty-Year-Old Version (la cita a Apatow no era causal), aka Rapera a los 40, supone este doble debut de Blank. Como realizadora y como -más o menos- rapera. Sí es cierto que en la vida real no ha hecho carrera como emcee, dadle tiempo, pero la historia tiene bastante de autobiografía. De propio testimonio de eso que comentaba, el descubrimiento de que una no tiene por qué encasillarse en algo que no la satisface. Y de que nunca es tarde para encontrar un hueco más confortable en el mundo. Especialmente si, como en este caso, se deja atrás un ambiente eminentemente blanco e impregnado de un liberalismo que tiene algo de pose, algo de culpa, algo de oportunismo y bastante de declaración de intenciones políticas. La autora, siempre sarcástica, interpone en la línea de fuego de su revólver la instrumentalización de los afroamericanos por parte de un empresario del showbiz que sólo busca hacer espectáculo y limpiarse una conciencia ahogada por el white guilt.

Blank echa mano de ese tono ácido para montar una película-confesión que tiene tanto de testimonio como de rescate cómico de aquella vida brooklynite oldschool que empezó a convertirse en estética a medio camino de la celebración y la reivindicación a mediados de los 80. Y aunque en lo visual en Rapera a los 40 palpita el nervio del indie de los 70 (el del primer Casavettes) la energía bubblegum es la del primer Spike Lee. Lo cual no le surge a la autora de la nada: durante lo que duró su andadura estuvo al timón creativo de Nola Darling, la serie que adaptaba la seminal obra maestra del autor de Haz lo que debas. Al final, el venenoso deslengüe de Blank al micrófono tiene tanto de la verborrea ácida del neoyorkino como del autocuestionamiento identitario de sus dramas más afinados.

Eso es ante todo Rapera a los 40. Más allá de sus acertadas interpretaciones y su atractivo look. Una tragicomedia pura lúcida y muy divertida. Un vehículo inequívoco para un mensaje que podría haber resultado un poco moña, propio de un melodrama inspiracional blandurrio, pero que sin embargo queda convertido en algo radical y universalmente indiscutible gracias al empuje, la frescura y los ovarios de Blank: en el arte y en el amor nunca es tarde y cuando hay fuego creativo una debe sincerarse con una misma, encontrar la propia voz, confiar en los impulsos y echarle narices.

Trailer de Rapera a los 40

Reseña de Rapera a los 40
  • Xavi Roldan
4

Por qué ver The Forty-Year-Old Version

Debut y descubrimiento valioso el de esta Radha Blank que se lanza al vacío en lo real y en lo ficticio: como nueva voz de la comedia indie confesional y como mujer que, alcanzada la cuarentena, debe resignificarse a nivel profesional e identitario

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