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Crítica de Semillas, de Ann Nocenti y David Aja (Astiberri)

Uno sostiene este Semillas en sus manos y las primeras vibraciones ya son positivas. Pero luego empieza a leer las páginas y los sentimientos se encuentran. Por un lado es un libro precioso, exquisitamente editado por Astiberri, maravilloso al tacto y, especialmente, a la vista. David Aja se ocupa de su apartado formal y eso ya es garantía de calidad sin discusión posible. Pero por otro lado su historia, planteada por la ya venerable Ann Nocenti, contiene una serie de elementos hostiles presentados de una forma calculadamente ácrata. No es este un tebeo amable. Es un relato distópico que viene a abofetearnos ya desde sus primeras páginas. Una historia de ciencia-ficción en un mundo que se ha ido al garete, al borde de su extinción, sangrando abiertamente por sus múltiples heridas. Y como digo, Nocenti no lo pone fácil. Tampoco Aja. Pero, obviamente, no lo pretenden.

En la sociedad límite de Semillas existe un muro y una parte de la población escindida. También alienígenas interesados en la genética humana. Y un estamento periodístico que ya usa la fake new como arma arrojadiza informativa habitual. Es un escenario reflejo de varias cosas: de las teorías poco halagüeñas sobre el devenir del ecosistema y el futuro de un planeta que se nos muere. De un escenario real (la era Trump) en el que el conspiracionismo ha irrumpido como forma de discurso -a menudo institucional- aceptado. Y de algunos conceptos más o menos estándar de la ciencia ficción Pulp y la cultura paranormal pop.

A partir de todo este hummus temático Nocenti y Aja elaboran una historia a medio camino del neonoir, la intriga periodística y el romance chiflado: la de una periodista capaz de poner patas arriba el establishment revelando un par de asuntos de alcance social sísmico y la de una pareja insospechada que podrían, ellos también, comprometer un plan global de escala interplanetaria. Pero en ocasiones parece que ese foco de claridad narrativa se pierda -quiero pensar que deliberadamente- en virtud de los temas profundos de los que se quiere tratar: el avance tecnológico, el trasteo genético y el ejercicio de (el cuarto) poder, encarrilándose al alimón hacia un escenario de autodestrucción. Ya avisaba: Semillas es una historia hostil. En ella hay destellos de humanidad y esperanza, pero en esencia resulta en una lectura bastante negroide.

Su exposición es detallista, pero su lenguaje resulta en muchos momentos seco, antipático. Nocenti no pone las cosas fáciles, siempre parece que (casi por substracción) esté sólo insinuando muchas ideas, que juegue menos cartas descubiertas de las que se guarda en realidad. Lo mismo puede decirse del trabajo de Aja, a primera vista menos exuberante que de costumbre en su planificación de página, más rudo en su trazo y tinta y más austero en el color: ese bitono gris verdoso es implacable. Pero finalmente igual de interesante, expresivo y sugerente (el uso de los pentágonos es brillante) que de costumbre. Por ello entrar en Semillas resulta más fácil que quedarse. Pero también por los mismos motivos si uno se queda el relato termina instalándose en la memoria. Haremos bien de guardarlo ahí: quizá llegado cierto punto y cumplidas ciertas profecías podremos decir que ya íbamos un poco avisados.

Reseña de Semillas
  • Xavi Roldan
3.5

Por qué leer Semillas

Esta rotunda colaboración entre dos grandes del medio, Ann Nocenti y el pucelano David Aja, se salda con un cómic rasposo pero lúdico, tan pulp en sus conceptos previos como severo en sus planteamientos

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