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Crítica de Sex Education (Temporada 1)

Netflix y sus faroles. Cada vez parece más claro que navegar por su catálogo equivale a asistir a una partida de póker con infinidad de apuestas ganadoras, sin carta maestra en mano ni As en la manga necesariamente. Como buen jugador que es, muchas veces acaba ganando esa partida; lo hemos visto hace nada con su último estreno cinematográfico, el fenómeno A ciegas. Y como buen jugador que es, si se tira el farol y la jugada sigue saliendo, para qué va a cambiar la estrategia. Es el caso de Sex Education, una serie atrevida, arriesgada, transgresora y jugada maestra. All in. Sobre el papel.

El primer capítulo arranca con una escena (moderadamente) audaz, cierto humor socarrón, reparto reconocible (Gillian Anderson, Asa Butterfield), y la promesa de argumento para dar que hablar. Se asiste a una curiosa mezcla entre Master of Sex y Freaks and Geeks, con sus misfits pajilleros, sus cachitas mongoloides y las malotas con fama de sluts por un lado, y sus educadores sexuales y su sexo explícito, falto de tapujos, por el otro. Con ritmo picado, estilo colorista, y adecentados con una selección musical de aúpa (con extra de un Ezra Furman que es el protagonista principal de la BSO de toda la serie), pasan los 50 minutos iniciales que ya dejan en evidencia alguna alerta del posible bluff. Además de la inexplicable duración de sus capítulos, esto es. Y es que se trata de una serie graciosa pero no hilarante; con algunos gags logrados pero dilatados en demasía (o de creación ajena); timoratas salidas de tono en contraposición a momentos edulcorados que engordan un tono moralizante muy primitivo y banal. Casi tanto como su estructura, básica y desfasada.

Esto último, decepción de libro, se confirma conforme progresa la serie. La teórica transgresión a la que apunta con su premisa y su tono (ejem) macarra, queda sepultada con una temporada esquemática: primer capítulo de introducción que sólo habla de la trama central en sus 2 o 3 minutos finales, segundo epidosio de crisis y reafirmación del héroe de la función… Estrutura rancia, impropia de los tiempos que corren (¿quizá se pase de frenada con los toques de Comedia Clásica a los que también quiere apuntar?), y que tarda poco en devenir hacia, ay, el habitual entramado de enamoramiento no correspondido (y ver qué se puede hacer por revertir esa situación).

Y más clichés se van acumulando, y sus mil un subtramas empiezan a repetirse, a perder el interés o a desaparecer cuando más interesaban. Esto es quizá lo más frustrante de Sex Education: trata temas de envergadura y lo hace con sensibilidad y sin rodeos. Abandona su aura de fábula y conecta al instante a público y personajes… Para luego olvidarse por completo en pos de la ñoñería del resto de subtramas más puramente románticas. Y de este modo sí, queda aún el grueso del arco de su protagonista por definir, y afortunadamente eso no queda en el olvido: la extraña relación con su madre, la forma en que ella marca el desarrollo de tan complicada edad (16 añetes), eso que constituye de entrada lo mejor de la serie, y a la postre casi lo único realmente salvable de una serie voluntariosa y de gran envoltorio, pero de desinflado cómputo global. De emotividad salteada y entretenimiento a medias, pero a la que le acaban pudiendo su estructura trasnochada y su exceso de azúcar.

O quizá sea su necesidad de abarcar a todo tipo de público, que acaba por hacer de ella una indefinida masa a caballo entre lo adulto y lo juvenil, el drama teen y la comedia americanpiesca, lo romántico y lo gamberro, sin cuajar en ninguno de los bandos. Lo dicho, un farol. La jugada como tal puede resultar exitosa y seguramente así sea. Durante varios puntos de la partida cuela a la perfección. Pero como a algún otro jugador en la mesa le dé por plantar cara…

 

Trailer de Sex Education

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
2.5

En pocas palabras

Correcta y poco más serie sobre adolescentes de hormonas alteradas, que pretende ser transgresora y acaba siendo más academicista y correcta que los referentes clásicos que le asoman. Entretiene y se olvida a partes iguales.

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