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Crítica de Sólo las bestias

No se podrá decir, desde luego, que Dominik Moll no lo haya intentado de todas las maneras. Sólo hay que ver el (fallido) intento de adaptar a Matthew Gregory Lewis con Vincent Cassel de protagonista (El monje) antes de saltar a una comedia sobre la madurez. Pero, a excepción de su debut (Harry, un amigo que os quiere), la suerte le ha dado la espalda. Pero quien la sigue la consigue, y parece que, al fin, ha dado con la tecla con Sólo las bestias. Y vaya un acierto. Partiendo de la novela de Colin Niel, el galo se ha sacado de la chistera un muy estimulante juego de apariencias, un puzzle donde no todo es lo que parece, sólido tanto en fondo como en forma por partir de un guion por momentos alucinante. Otros no tanto, vale, ahora entramos en detalle; pero de entrada, qué gusto toparse, aún a estas alturas, con propuestas como Sólo las bestias, demostrando que aún se pueden hacer cosas en el cine.

Partiendo de la desaparición de una mujer en mitad de una tormenta de nieve, la película hilvana lo que parecería ser un sobrio, elegante… pero vulgar thriller a lo whodunit. Sin embargo, a poco que avanza, su estructura se multiplica conforme van presentándose posibles implicados en el asunto. Y entonces se obra la magia. La de una película que, sin tomar por tonto al espectador en ningún momento, sí le fuerza a tomar rutas que, luego, pueden tornarse en pasos en falso, y obligarle a replantearse lo que está viendo. Sólo las bestias se convierte así en una muñeca rusa, donde cada uno de los episodios que conforman su trama cuenta con detalles suficientes para mantener el interés prácticamente intacto.

Prácticamente, porque de forma inevitable, acaba haciendo acto de presencia cierto agotamiento. Algo de esperar, ya digo, cuando una película está tan condicionada por su estructura. Pero nada que resulte demasiado grave. Se trata, de hecho, de un mal menor rápidamente compensado con interpretaciones notables, y con un planteamiento formal gélido, directo, sin miramientos, que le va como anillo al dedo a un thriller que se hubiera hundido, de caer en el exceso. Afortunadamente, Sólo las bestias se mantiene contenida en todo momento, rozando el límite quizá, con su último giro. Minutos finales más dados a concesiones peliculeras, en comparación a lo que el momento colaba como muy enfermizo, pero sumamente plausible thriller rural. Bueno, habrá quien arrugue la nariz por ello, pero lo que ha hecho Moll es explotar las virtudes del lenguaje cinematográfico para hacer una película de ficción, no se nos olvide. Y como tal, es lícito que cuente con un final digno de película, ¿no?

Trailer de Sólo las bestias (dice más de lo que debería, por eso)

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
4

En pocas palabras

Notable thriller con infinidad de giros y pistas en falso, cuyo excelente guion propone una muñeca rusa para intentar averiguar qué ha ocurrido para que una mujer desaparezca en medio de una tormenta de nieve. Estimulante ejemplo de lo que aún se puede hacer a la hora de contar una historia

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5 (1 vote)

2 comentarios en “Crítica de Sólo las bestias”

  1. ‘Harry, un amigo que os quiere’ me gustó. Y tratándose de películas francesas ya es un qué.
    Luego no le seguí la pista a este hombre.

  2. Carlos Giacomelli

    Pues no te recomendaría que vieras El monje, menudo tostón. Harry tenía truco, Sergi López, jejeje. Pero sí, a mí también recuerdo que me gustó en su día… Y esta, a ver si la ves y me cuentas!

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