la sombra de la ley

Crítica de La sombra de la ley

No, así no. Este es el tipo de cine que debe erradicarse de la industria española, si se quiere perder de una vez por todas el para ser española. Frase que suele acompañar a un está bien/no está mal, siendo en verdad una involución en el recorrido que siguen Lacuestas, Vermuts o Sorogoyens. Sí, porque esa coletilla implica ya no sólo una connotación peyorativa hacia un cine que lleva años luchando por consolidarse como, de nuevo, un referente más allá de Hollywood; es que además quiere confirmar que la película en cuestión quiere parecerse a otras (una traducción posible: no es tan buena como su homónimo hollywoodiense), en vez de buscar innovación y personalidad suficientes como no poder usar esa frase por carecer completamente de sentido.

Afortunadamente, la lucha que se lleva a cabo desde un frente más indie está teniendo sus frutos. Pero falta el cine de productora, el de las inversiones millonarias, el que anuncian Telecinco, Antena 3, o la cadena que sea que se meta detrás de una megaproducción y, claro, no quiera tomar riesgo alguno para recuperar lo invertido. En el caso de La sombra de la ley se ha invertido un pastizal en decorados/CGI y reparto: todos los actores españoles y no sólo (aunque sólo una es de la Ciudad Condal, curiosamente) se unen en un thriller policíaco ambientado en la Barcelona de los años 20. Se pretende jugar al Érase una vez en América de Sergio Leone y a Lo intocables de Eliott Nes de De Palma. Aunque Dani de la Torre, aquí se quiera parecer también a los Coen de Muerte entre las flores y al Sam Mendes de Camino a la perdición. En fin, mucho en liza, y más si se suma la crispación política actual, que trasciende el plano puramente estatal desde hace ya demasiado tiempo.

Así pues, riesgos cero. Adelante una trama que puede ser más o menos interesante pese a más de un pasaje previsible en el mejor de los casos, pero que no vaya a remover conciencia alguna. Y adelante, sobre todo, un desarrollo de la misma caduco en lo formal, lo narrativo y lo interpretativo. Todo lo que pasa por delante de los ojos y oídos del espectador navega entre lo casposo y lo desfasado, hasta el punto de poder avanzarse éste a todos y cada uno de los próximos movimientos de cámara de De la Torre. No, no exagero. El plano de la pelea que sigue a Luís Tosar desde el cogote, la persecución con coches por maizales (los típicos maizales de Barcelona, claro) que cuenta con los rutinarios planos cenitales, la alteración de la velocidad de obturación, la banda sonora que intenta conducir sin tapujo alguno las emociones del espectador… hasta los colores (con un filtro grisáceo azulado) se tornan previsibles en una película tan académicamente impoluta como totalmente falta de riesgo, de decisión artística, de demostración de que hay alguien a los mandos.

Peor: un guión que ha cambiado una y otra vez (según explicaban los responsables del film en rueda de prensa) para perder casi toda connotación política inicial, se va trufando de momentos para el involuntario descojone: desde el uy, me he quedado sin balas justo ahora a los vergonzantes saltos mortales que el guión realiza para justificar acciones futuras (el momento en que Tosar estrecha la mano a Adriana Torrebejano; el hecho de que en una carretera de campo desierta no se vea venir un coche por el retrovisor). Protagonizados, todos ellos, por personajes huecos, aclichetados hasta que sólo pueden tomarse a pitorreo a ambos lados de la cámara, y si no que me expliquen por qué Ernesto Alterio, Vicente Romero (¿o es Antonio Resines?)… todos menos Tosar parecen hacer caricaturas de sus alter egos. Herida mortal para una cinta que pretende ser tan seria, formal, solemne, como para no permitir a ninguno de sus personajes que sonría un poco en algún momento de la función.

¿Al menos, qué tal a nivel de ambientación? Pues bien, pero. No cabe duda de que con tal desaguisado, toca aferrarse a contemplar las imágenes de una ciudad muy distinta a la que vemos hoy en día. Y sí, si bien se aprecie el retoque digital, los marcos cumplen a las mil maravillas y permiten disfrutar a quienes conozcan la ciudad, con un buen puñado de ubicaciones reconocibles aun en fase de construcción y/o cambio. Pero, decíamos. Y es que tal invitación a descubrir la capital catalana tiene como contrapartida una serie de mensajes (no tan) subliminales: desde el hecho de que no se oiga ni se lea una sola palabra en catalán (salvo un irónico benvinguts) a que casi todo el reparto sea de otras geografías españolas. Que el único personaje no tan negativo sea un vasco que venga de Madrid. Que otro personaje diga claro que volveremos a Barcelona, cuando las cosas se calmen (tal cual). En fin, no pretendo hacer aquí apología de uno u otro lado político, entre otras cosas porque me parece un tema agotador. Pero un poco más de elegancia por parte de esta producción de Atresmedia no hubiera estado de más, más que nada porque hubiese ayudado a una película que de esta manera no consigue hacer de su marco, un lugar mínimamente creíble. El espectador asiste a una función ambientada en Barcelona y siente la misma proximidad que si hubiera sido en Manhattan.

Ojo, que hay más mensajitos, ¿eh? quien se haya mantenido despierto durante todo el metraje (complicado) verá a la anarquista joven que pobre, aún no sabe lo que hace, interiorizará el también hay policías buenos… ¡menos mal que el guión se cambió para rebajar su carga política! Ya digo, todo con la sutileza de un elefante en una cacharrería.

Y todo, en general, cutre. Sí, es la palabra que mejor se ajusta a un La sombra de la ley que si tiene algo que derrochar es caspa pura. Caspa que provoca el no haber querido arriesgar absolutamente nada desde ninguno de sus frentes, forzando a una película desfasada en lo formal, alarmantemente falta de ritmo, sonrojante a nivel de guión y ridícula a nivel actoral. Pero muy bonita de ver. Pues vale.

Por aquí no sólo somos fans del cine español (como de cualquier otro cine bien hecho, venga de donde venga). Es que entendemos perfectamente a Tosar (el único que se salva de la quema, para variar) cuando a la hora de presentar la proyección en Sitges dijo: si no os gusta, le vais a De la Torre, a mí no me vengáis a tocar las pelotas. Él, uno de los abanderados del buen cine de por aquí, no quiere estar por estos fregaos. Como no debería querer estar nadie, a estas alturas. ¿De verdad nos conformamos con el no está mal para ser española? ¿De verdad es esto lo que queremos mostrar al mundo (la película ya cuenta con distribución internacional)? Así no.

 

Trailer de La sombra de la ley

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
2

En pocas palabras

Una película de puesta en escena fabulosa pero fallida en todo lo demás. Guión ridículo, interpretaciones ídem, y sobre todo, una falta de riesgo formal que la condena rápidamente al letargo primero, y al olvido después.

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