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Crítica de Soul

Me voy a meter en un jardín, lo sé perfectamente. Porque la película que nos ocupa, la última maravilla de Pixar, es demasiado grande, tiene demasiadas cosas que merecen una alabanza aparte, como para ponerme a escribir aquí las 500 palabrejas de turno y a otra cosa. Pero ateniéndonos a las normas de esta web, según las cuales hablamos del título que queremos, en especial si tenemos la necesidad de recomendarlo, no puedo acabar el año sin hablar de Soul. Porque el día de navidad de este año tan raro, Disney nos ha dejado bajo el árbol el mayor regalo, el estreno en su plataforma digital del nuevo trabajo de Pete Docter tras Del revés. Una continuación no oficial de ella, me atrevería a decir. Y una nueva muesca del Pixar adulto. Ese que rompe barreras una y otra vez cuando se creía que todo estaba inventado tanto en lo narrativo como en lo técnico. Ese de las obras maestras.

Si en Del revés se daba forma nada más y nada menos que al mundo de las emociones, en Soul se va aún más allá para imaginar, justamente, el Más allá. Pero también a todo lo contrario. La película va de un profesor de música que al fin tiene su gran oportunidad para convertirse en un músico de jazz de verdad… con tan mala suerte de que poco antes e su primera función, se muere. Lejos de aceptar su destino, el alma resultante hará lo que sea para volver a su cuerpo cárnico, aunque para ello rebase fronteras de vida y muerte, y deba hacerse cargo de una personalidad aún por terminar de construirse, antes de ir a parar a algún ser vivo en la Tierra. Si no ha quedado del todo claro mejor, prefiero no desvelar nada para que la sorpresa no se pierda.

Pasado un apabullante primer acto en que la brillantez técnica y la cantidad de ideas originales dominan el interés del espectador, el espectador se topa con una historia a caballo entre Qué bello es vivir y El cielo puede esperar. Soul habla de segundas oportunidades, de encontrar la chispa que da sentido a la vida, y por lo tanto de encontrarse a uno mismo. Y lo hace con el habitual esplendor de Pixar: tirando de emotividad pero sin pasarse de frenada (ya saldrán las lágrimas, ya saldrán); tratando al espectador, adulto o infante, con respeto; permitiendo que trama y personajes vayan creciendo de manera natural, calando cada vez más y más. ¿Cómo? Con un guion que sólo subraya cuando recuerda que el público al que mira es, en teoría, el más peque. Con una banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross (y música de Jon Batiste) que acompaña pero no empalaga. Y con un tempo calculado al milímetro para alternar aventura, evolución dramática, y chaladura técnica. Una clase de narrativa, como de costumbre, casi perfecta (acaso acabe unos decibelios por debajo de cuando empieza).

Y la chaladura técnica es indescriptible. No tanto por la excelencia que se aprecia en detalles, texturas, iluminación… atención en este sentido, a la presentación del personaje de Dorothy, a los paseos por Nueva York, o al barbero y la sastrería. Pero no, lo indescriptible es la representación de lo que ocurre en planos metafísicos. Es ahí donde Soul echa el resto componiendo un universo alucinante basado en… líneas. Trazos picassianos, figuras geométricas básicas, blanco y negro bidimensional. Estos sencillos elementos suponen los cimientos de la que probablemente sea la película animada más avanzada hasta la fecha. Metáfora exquisita de la moraleja del film. Y por supuesto, virguerías visuales que acaparan el interés al principio, sí, pero que jamás están por encima de la chicha narrativa.

No sé, a lo mejor si lo pienso un poco en frío se me pase, pero ahora mismo me cuesta no colocar a Soul en lo más alto del Top Pixar. Y por lo tanto en lo más alto de lo mejor del cine de 2020. A lo mejor acabe pesando más, en el futuro, la previsibilidad de su mensaje en lugar de la fastuosidad del conjunto. O quizá no, que, demonios, no hay que olvidar que esto es cine infantil. Ya decía que me metía en un jardín. Pero está claro que, a día de hoy, Disney nos ha hecho el mejor regalo del año y ni siquiera está siendo exprimido en su totalidad. Si ya es esplendorosa en nuestras teles, ver Soul en salas hubiera sido, simplemente, apabullante. Ojalá concluya la dichosa pandemia y alguien tenga a bien pasarla por cines. Pelos de punta sólo de imaginarlo.

Trailer de Soul

Reseña de Soul
  • Carlos Giacomelli
5

Por qué recomendamos Soul

Brutal nueva genialidad de Pixar a la altura de Del revés, o incluso mejor. Nuevo dechado de profundidad y simplicidad para agradar por igual a niños y adultos, de historia preciosa y de narrativa cinematográfica. Y por supuesto, de técnica.

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