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Crítica de Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego

Stieg Larsson escribió la trilogía Millennium y falleció poco después. Eso es lo que la mayor parte de nosotros sabíamos sobre él. Sin embargo, no debería ser ese su legado, y ha hecho falta esta miniserie documental, Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego para que nos demos cuenta. Resulta que hay mucho donde rascar, sobre todo en todo ese tufillo neonazi que destilaba alguno de los personajes a los que se enfrentaba Lisbeth Salander en los libros y sus posteriores adaptaciones cinematográficas.

En pocas palabras, Larsson, antes que escritor, fue un jodido héroe de nuestro tiempo. Y el objetivo de Henrik Georgsson, director de la serie que nos ocupa, ha sido hacer llegar sus hazañas al público mayoritario especialmente ahora, que se necesita más que nunca. Porque el responsable de Los hombres que no amaban a las mujeres dedicó su vida, literalmente de hecho, a combatir contra los movimientos de ultraderecha que tan violentamente afloraban en Suecia, pero también en el resto Europa.

Mediante sus pesquisas, sus publicaciones, y poniendo a riesgo su vida y la de quienes le rodeaban, Larsson fue responsable principal de la cosa no fuera a más. Por lo que el valor de este documental no pasa solamente por descubrir una figura sumamente interesante a quienes veíamos, en esto, un mero ejercicio de marketing para lucrarse a costa de un escritor que tuvo un golpe de suerte. Nada más lejos de la realidad.

No, el auténtico valor de Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego es mostrarnos una realidad que nos amenaza directamente. Es ponernos sobre aviso de lo que se nos viene encima y, para mayor inri, recordándonos que el escritor ya no está entre nosotros. Y que, por tanto, necesitamos a más como él, capaces de dejarlo todo para desenmascarar a fascistas que aún pululan como si nada. Esos que se cuelan en nuestras vidas camuflándose, por ejemplo, de partidos políticos de derechas (y hasta ahí vale) y se autodefinen como patrióticos y poco más. Pues no, mirad, no tiene que colar más. Que lo que hace VOX ahora en España es lo mismo que hace el partido de los Demócratas de Suecia en el documental, y eso acaba en asesinatos (el de Olof Palme, sin ir más lejos) o atentados terroristas de motivación racial. Que el viraje a la extrema derecha por el que parece pasar Europa debe corregirse antes de que sea demasiado tarde.

Es entonces, cuando la serie entona su llamamiento; cuando Larsson deja de ser el centro de interés porque cede los focos al retrato político (y sobre todo social), cuando El hombre que jugó con fuego no es que se convierta en una propuesta interesante de ver, sino en un documento fundamental al que todo el mundo debería prestar atención. Lástima que su formato (cuatro episodios de unos 45 minutos) pueda suponer una barrera importante para ello. De hecho, cierto es que el conjunto se resiente un poco de ello: el ritmo va y viene en los capítulos centrales, y lo mucho que tiene que contar no siempre es de igual interés si bien sea igualmente necesario. Vaya, que cinematográficamente perfecta no es, y de hecho la decisión de poner a un actor a hacer de Larsson en algunas escenas se puede cuestionar con dureza. Pero da igual, porque el espectador debería estar por encima de ello. Es fundamental que se vea, se hable de ella y se comparta todo lo posible.

Trailer de Stieg Larsson: El hombre que jugó con fuego

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
4

En pocas palabras

Serie documental que descubre el verdadero valor de Stieg Larsson para la sociedad como desenmascarador de neonazis en la sociedad sueca y no sólo. Como producto artístico tendrá sus más y sus menos, pero como documento sobre la Europa actual su visionado se antoja fundamental.

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