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Crítica de Suspiria (2018)

Bien esperado era el remake de una de las obras maestras del mítico director italiano Dario Argento, del cual se llevaba hablando unos veinte años sin llegar a concretarse del todo. Pues bien, ha tenido que ser el también italiano Luca Guadagnino, famoso sobre todo por su filme Call Me by Your Name, quien ocupara la silla de realizador en esta ocasión. Y aunque su retrato ostenta una gran personalidad y su virtuosismo artístico es innegable, la película hace aguas por los cuatro costados.

Los puntos en común con la obra original son varios: una joven estadounidense llega a una escuela de danza donde una alumna ha desaparecido en misteriosas circunstancias, aunque en este caso la academia de baile se sitúa en Alemania en plena Guerra Fría, en lugar del país de la bota, lo cual le otorga un halo inestable y de terror interesante. Las férreas normas, el extraño ambiente del escenario y unas profesoras extravagantes y exigentes, conforman los ingredientes de susodicha escuela, que ríete tú de la de Fama con Paula Vázquez.

Las comparaciones con el filme de 1977 son odiosas pero necesarias, y el principal escollo de la película actual es su extensa duración, de 152 minutos, demasiados para lo que el director nos pretende relatar. La historia no da mucho más de sí, pero Guadagnino peca de moderno y nos presenta un baile tétrico tras otro, conversaciones insustanciales y planos largos que no aportan demasiado más allá de sus primeros segundos. Por si fuera poco, agrega una subtrama de una investigación que entronca con una antigua relación amorosa entre un anciano psicólogo y una joven a la que no volvió a ver tras los años de la Segunda Guerra Mundial. Dicha historia solo alarga más el filme y no añade nada de interés, salvo la posibilidad de un sabroso e inesperado cameo relacionado con la primera Suspiria (no, no es el de Miguel Bosé).

De hecho, una vez terminado el largo largometraje, uno solo puede quedarse con algunos detalles, como las tenebrosas ensoñaciones de la protagonista o el final, lo mejor de este sarao, en el cual el director se vuelve loco y nos regala una conclusión al estilo Mandy, pero sin Nicolas Cage. Para algunos puede ser otro revés: si quieren ver una película similar a anteriores obras del autor, se verán obligados a apartar la mirada ante el exceso. Para otros, el único respiro y momento con garra tras dos horas de NADA. Porque crear una atmósfera es una cosa, y hay que trabajar en ello, sin duda, pero otro tema es tener una atmósfera generada y no sacarle provecho hasta casi el final.

Pese a sus muchas imperfecciones y ser hija de su época, la Suspiria de Argento es una obra mucho más interesante y redonda que esta, en la que Guadagnino solo parece querer ponerse la etiqueta de “guay” y sacar una obra “artie” de un clásico de terror, al que casi parece mirar con desprecio en ciertos momentos. Pues mira, guapo, quédate con tus Call Me by Your Name, y que otros se encarguen de actualizar el terror sin necesidad de una capa de modernismo y pedantería.

Eso sí, olé por el departamento de arte de esta película. Y por los que tuvieron que limpiar el estropicio del final…

 

Rueda de prensa de Suspiria en Venecia

 

 

Valoración de La Casa
  • Mario Parra
2

En pocas palabras

Un relamido ejercicio de autor que le hace un muy pobre homenaje al clásico de Argento. Sus 155 excesivos minutos la convierten en insoportable por momentos.

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