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Crítica de Terminator: Destino oscuro

A veces hay que asumir que algunas cosas no tienen solución. De la saga Terminator nunca, jamás, saldrá nada que vuelva a triunfar. Ha quedado claro, bien por la calidad de las películas, o por la de sus fans, que nada llegará nunca a equipararse a las primeras dos entregas. Tanto da lo que intenten, y es que de hecho, esta saga no es inferior a otras mucho, más longevas y exitosas. Cierto es que venimos de terrenos pantanosos; ese Terminator – Génesis era francamente mediocre (que no necesariamente deleznable, ojo). Pero resulta que la que ahora nos ocupa, Terminator: Destino oscuro, está inesperadamente bien. No es descabellado situarla entre los mejores entretenimientos del año. Claro, a años luz del trabajo de James Cameros. Y demasiado tarde: a la tercera va la vencida, a la sexta, la gente ya ha perdido toda esperanza y no da ni un duro (literalmente, se habla de fracaso de estrépito en taquilla). Lo dicho, ya no hay nada que hacer, habrá que ir asumiéndolo.

Y eso que con su segunda película, Tim Miller da un paso hacia delante de cuidado. Su hiperalabada Deadpool era una bromita que triunfó más por necesidad que otra cosa, pero con Terminator: Destino oscuro, la broma ya no valía. Enfrentarse a una saga sagrada a la par que mortecina y tratar de relanzarla, artística y comercialmente, eran aspiraciones quizá excesivas. Pero si ha fallado en algo ha sido sólo en lo segundo. Esta nueva aventura, continuación oficial (ejem) de las primeras dos, recupera su esencia: de nuevo un bicho bueno y uno malo se pelean, atrás en el tiempo, por una persona llamada a marcar un punto de inflexión en la futura batalla contra las máquinas. Y de nuevo, se establece una persecución constante que por fin consigue el que sin duda fue el mayor logro del trabajo de James Cameron: la sensación de amenaza continua, de fuga sin tregua, de agotamiento nervioso. Tan sólo uno o dos (evidentes) parones rítmicos dan la oportunidad de rebajar pulsaciones, y seguramente no entraban en los planes. Pero claro, es que Destino oscuro no es perfecta.

Claro que no. Además de esos altibajos, el guion cuenta con infinidad de patilladas, con todas sus letras. Intentar plantearse la plausibilidad de lo que ocurre (aplicada al universo fantacientífico en el que nos movemos, clar), es arruinarse a sí mismo el espectáculo. Y dice muy poco de los nuevos personajes, que los únicos capaces de despertar la menor empatía sigan siendo Sarah Connor y un T-800 que habrá añadido, a lo sumo, un par de gestos faciales nuevos tras tropecientos años de updates. 

Pero aquí se viene a lo que se viene, y Miller parece tenerlo claro: la única manera de afrontar el reto era apostando por el espectáculo. Y da en la diana con una película, de acción, magnífica. Terminator: Destino oscuro se traduce prácticamente en una concatenación de persecuciones con infinidad de destrozos por el medio (la primera grande recordaría a la imponente grúa de Terminator 3), mamporros mecánicos, y en medio de todo ello, un enemigo que llega a acojonar como lo hizo en su día Schwarzenegger, por parecer realmente imparable. Miller demuestra tener ojo para la enormidad en materia CGI, pero se evitan esas perezosas grandilocuencias que se desprenden de películas de igual género y pretensiones con un montaje de lo más ágil. Su estructura se convierte en repetitiva por la cantidad de set pieces, pero hay espacio para el pavor, para las ganas de juerga, para el humor y para la épica, con un tramo final enorme y extenuante a partes iguales, del que difícil es saber dónde empieza y dónde había acabado la persecución anterior. Y es que la película, en serio, no para. 

Muchos están rasgándose las vestiduras por la falta de peso, su escasa seriedad y los más que probables saltos a la torera de retrocontinuidades o demás. Tendrán razón, pero qué pena que no hayan podido disfrutar del que un servidor considera como uno de los grandes blockbusters de la temporada.

Trailer de Terminator: Destino oscuro

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3.5

En pocas palabras

Injustamente vilipendiado espectáculo que recupera la dignidad de la saga Terminator, con una trepidante persecución sin tregua y sin miedo a la épica. Muy reivindicable.

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3 comentarios en “Crítica de Terminator: Destino oscuro”

  1. Vaya ya pensaba que era el único al que está entrega le había parecido entretenida sabiendo salvar el lapsus de los años entre T2 y esta trama.
    A mi de hecho, que fui a verla sin pretensiones, me pareció mejor de lo previsible.
    Pobres críticos los que por significarse tienen que dar la nota, y en este caso poner una estrella. Jo, pues como si no hubiera o hubiese cantidades industriales de películas dignas de esa puntuación por deméritos propios.
    Un saludo y contento de no ser el único que lo paso bien en el cine con este T6 🖐️

  2. Carlos Giacomelli

    Vamoooos! Llega tarde, pero llega la reivinidicación de la peli maldita del año! Sí, un poco (la escribí tarde y mal) es lo que quería decir al principio de la crítica: esta peli iba a ser mala ya por definición, porque como no iba a ser tan buena como las primeras dos, pues es una mierda y fuera. La verdad, cuando la Crítica se pone así me genera hurticaria. El cine también es relajarse y disfrutar, y joder, esta la vi días después de haber visto la soberana memez de Emmerich, que es un tostonazo de cuidado. Ya quisiera él entretener como Terminator 6, coño!

  3. Para mí el cine es entretenimiento y esa es la raya que tiene que saltar cualquier producción para aprobar bajo mi criterio. Yo no soy más listo que nadie, más bien justo lo contrario, y de ahí que sepa reconocer una buena interpretación, una historia bien contada o un buen trabajo bien hecho y si me aburre (que puede ser posible) mi nota no podría ser inferior a tres o cuatro sobre diez. Hay que reconocer un buen trabajo aunque el resultado no sea de nuestro gusto cinéfilo. En el caso contrario, que se suele ver por ahí, tampoco se me ocurre dar un 9 o un 10 a una película hecha de esa manera porque yo tuviera el día tonto y me haya resultado entretenida. Sobrevalorar la mediocridad solo nos hace más mediocres y menos dignos de criterio.
    Me parece que me he enrollado sin venir a cuento. Para mí T6 es eso un seis o incluso 6,5 para diferenciarla de todas las mediocridades y encima pretenciosas que te hacen volver a ver un clásico para recuperar el gusto cinematográfico.
    Saludos y hasta la próxima película estemos o no de acuerdo :)

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