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Crítica de The Assassin

A quien haga unos años le hubieran dicho que la próxima película del prestigioso cineasta Hou Hsiao-Hsien versaría alrededor de las artes marciales en la época feudal china (popularmente conocido como wuxia), más de uno no acabaría de creérselo, y no sería para menos, ya que el director taiwanés no se caracteriza precisamente por un cine de estas características, más bien se coloca en el otro extremo del espectro, siendo uno de los principales representantes (junto a Tsai Ming Liang y Edward Yang) del movimiento que surgió en la década de los 80 bautizado como Nueva Ola Twainesa, que revisó desde un punto de vista crítico y desencantado el pasado del propio país, reivindicando así su identidad desde un cine que acercaba el carácter autóctono de dicha cultura con sus problemas sociales (frente al de Hong Kong que inundaba las pantallas) mediante un formalismo que se consideró referente mundial de la vanguardia cinematográfica en su momento (y que hace bueno ese mantra de «la revolución está en la vuelta al origen», debido a su parentesco con los cineastas primigenios), plagado de enormes y larguísimos planos secuencia (rompiendo muchas de las leyes temporales del relato, entre ellas la de inicio-nudo-desenlace, y por ello, desmontado los códigos de lectura de la mirada occidental) que intentan captar la mayor veracidad posible, pero marcando una clara distancia ante lo que vemos. Y si Hsiao-Hsien cuenta en su haber con algunas de las películas más importantes de dicho movimiento (Aquellos días de juventud o Tiempo de vivir, Tiempo de morir) y, posteriormente, otras que guiaron el cine de autor de las últimas décadas (Millenium Mambo o Three Times), parece bastante claro que lo qué podía surgir del nuevo proyecto sería, como poco, curioso de ver. Y finalmente no ha sido simplemente curioso de ver, sino que ha arrojado como resultado una de las mejores películas de 2015: The Assassin.

Primer film del cineasta en 8 años desde El vuelo del globo rojo, su particular homenaje/revisión al clásico de Albert Lamorisse, el cineasta quería realizar una adaptación de las novelas que le apasionaban en la infancia y que nos sitúa en la China del s. IX mediante la historia de Nie Yinniang (interpretada por la ex actriz de soft-porn Shu Qui), que regresa junto a su familia tras varios años de exilio, tras haber sido criada por una monja que le enseña el gran secreto de las artes marciales.

Con la idea de eliminar a los tiranos de los Gobernadores que evitan la autoridad del Emperador. Tendrá que elegir entre el hombre que ama o romper definitivamente con el orden de los Asesinos.

Si bien la sinopsis puede resultar sencilla, digna de una película de artes marciales más (y como en todo su cine anterior, con una mirada al pasado), debido a la peculiar narración que viene siendo habitual en el cineasta, con un marcadísimo uso de la elipsis y el fuera de campo y no siguiendo siempre una continuidad secuencial, privando de información al espectador y que tal vez le sea dada en la próxima escena, al final del film o en ningún momento, dejando muchas ideas en la mera sugerencia o hipótesis para obligar a re-analizar todo lo visto, y que unido a la complejidad de los nombres, puede llegar a despistar al más pintado (de hecho, muchas críticas la tachan de ininteligible). Hsiao-Hsien siempre ha intentado mantener un diálogo con un espectador activo que participe en la construcción de lo que está viendo, y esto queda brillantemente expuesto en su uso de la distancia, ya que apenas realiza tiros cortos o primeros planos, relacionando constantemente a los personajes con el entorno que los rodea y alejándolos del espectador, para que este pueda realizar el análisis de la escena partiendo del encuadre, la cadencia y el tiempo (Antonioni rules), básicos en el desarrollo de sus historias. No se trata de dejar la cámara en un lugar y que simplemente grabe, se trata de crear una composición milimétrica de los objetos, planos y texturas dentro de la imagen pero permitiendo mediante la extensa duración de sus tomas la espontaneidad de los actores, de la luz y de los diferentes elementos encuadrados, creando una unidad emocional de los personajes con los espacios que recorren. Podrá gustar o no, pero nunca se podrá decir que es gratuito.

Y si de alguna película en la última década podemos decir que, obviando sus valores lingüísticos, resulta realmente brillante en su faceta puramente estética y que merece pagar el precio de una entrada para poder disfrutarla en un cine, sin duda esa es The Assassin, con un excelso uso del panorámico mediante el plano general y el gran plano general (a excepción de su prólogo, rodado en B/N y 4:3) para captar toda la inmensidad y belleza de los parajes retratados, y toda la vida que existe en ellos (cimentado en la brillante captación sonora), prácticamente todos mediante planos estáticos (a excepción de algunos travellings) pero que, paradójicamente, parecen mostrarnos a cada encuadre un retablo en movimiento, con una utilización de los cromatismos cálidos (especialmente los rojos) que otorgan a la cinta (junto a otros recursos como los velos, ramas u otros objetos colocados entre la cámara y los personajes o re-encuadrándolos) una lectura de todas las pasiones y turbulencias emocionales que esconde en su interior la historia. ¿Y sólo de estética vive el film? Para nada, también podréis encontrar escenas de acción (eso sí, escasas y bastante espaciadas) correctamente capturadas, pero con cierta diferenciación en su planificación que las hacen tremendamente curiosas, además de intrigas palaciegas, complots de dinastías, clanes secretos e incluso algo de brujería, además de asistir a una historia de pasión, amor, redención y maduración por parte de nuestra protagonista. No, definitivamente no, The Assassin es mucho más que una bonita postal, simplemente es una película alejada narrativamente del cine que se consume en Occidente.

En definitiva, un film inabarcable y de proporciones épicas (y nunca esta frase hecha tuvo tanto sentido), no tanto por su trama, más cercana al drama íntimo, sino por las intenciones estéticas y formales que esconde el film, un paso más en esa lucha incansable a brazo partido del cineasta taiwanés prácticamente desde sus inicios (aunque con una más que notoria evolución estética/formal), y que pretende conseguir representar la esencia de la realidad histórica y cotidiana captando el tiempo y el espacio cinematográfico e interrogando al propio medio acerca de las nuevas formas y fronteras existentes entre ficción y realidad. Pocas veces hemos estado tan cerca de tener la fortuna de presenciarlo en pantalla grande (del cineasta en nuestro país, con ésta, sólo se han conseguido estrenar 3). No lo dudéis.

 

Trailer de The Assassin

https://www.youtube.com/watch?v=cm-ZquE5LOY

 

 

Valoración de La Casa
  • José Antonio Bracero Díaz
  • Carlos Giacomelli
4.3

En pocas palabras

Una película increíble, en especial por su espectacular apuesta formal. Ocho años después de su última película, Hou Hsiao-Hsien vuelve por la puerta grande.

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1 comentario en “Crítica de The Assassin”

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