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Crítica de The Boy Behind the Door

Una pareja de amigos es secuestrada y encerrada en una casa. Uno logra liberarse y podría huir y santas pascuas, pero en vez de eso, intenta rescatar al otro, que parece condenado a una muerte segura a manos de los malhechores. De entrada, esta sinopsis podría aplicar al noventa por cierto de los thrillers. Pero el debut de David Charbonier y Justin Powell a la dirección y al guion, cuenta con una pequeña diferencia que hace que The Boy Behind the Door se asemeje a una proporción menor de películas y que, de hecho, se confunda con otros tipos de cine: las víctimas son niños. De esta manera, si bien este escape room sea oscuro y violento, no deja de tener un toque retro de la buddy movie infantil. Un poco como si dos de los protagonistas de la primera mitad de It gritaran que ellos nunca dicen muerte, y esgrimieran su mejor amistad para siempre para salir con vida de No respires. Toma carambola. Pero lo cierto es que semejante batiburrillo cuaja a las mil maravillas.

Claramente, la originalidad no es el fuerte de una película que hemos visto mil veces. Pero The Boy Behind the Door logra mantenernos sobre aviso desde su primer minuto por un tono muy similar (en lo formal y en el ritmo) a la gratísima sorpresa que en su día nos dio Fede Álvarez. Sin apenas poner en situación al respetable, ya tenemos a un par de niños pasándolas bastante canutas en un lugar oscuro y claustrofóbico; y sin que nuestros ojos se hayan acostumbrado aún a la oscuridad, ya están tomando decisiones complicadas para poder sobrevivir un poco más. Todo ello cual apisonadora, con un ritmo muy picado y un planteamiento lúgubre y crudo. No es que haya demasiada violencia explícita, es que la lleva dentro, hasta el punto de lograr hacerse perturbadora: eso de que a los niños no se toca, lugar común aplicable a toda película salvo honrosas excpeciones, queda aquí en entredicho. Y claro, las evocaciones al cine infantil ayudan a intensificar este contraste.

Cuidado, que también hay otro punto a su favor muy a tener en cuenta. El nombre de Lonnie Chavis a lo mejor no os suene mucho de nada, pero si hay algún fan de This Is Us en la sala, caerá en seguida cuando lea que es la versión de 10 años de Randall. Esto es: de los escasos, escasísimos actores de menos de 15 años que no se hace irritable a los dos minutos. En esta ocasión carga con casi todo el peso de la propuesta a sus espaldas, y lo hace francamente bien.

La pena, en definitiva, es que The Boy Behind the Door sea tan, tan poco original. Hasta el punto de que cuando busca complicidad con ciertos acontecimientos voluntariamente previsibles, o evidentes guiños a otras películas similares, lo que se llevan Powell y Charbonier son levantamientos incrédulos de alguna que otra ceja entre el público. Pero pese a ello, el entretenimiento está garantizado: la película pasa en un suspiro por haber sabido dar perfectamente con la tecla adecuada, haciendo de ella un thriller trepidante y angustiante, que consigue desasosegar a todo tipo de espectador. Y es que dibuja a la perfección la línea entre la violencia, necesaria para el correcto desarrollo del film, y el gore, que hubiera generado el rechazo de más de uno; entre la acción más al uso, y el terror… ya digo, de haberse sacado de la chistera alguna idea genuinamente fresca, estaríamos ante otro caso de éxito rotundo a la altura de la citada No respires. The Boy Behind the Door se queda por debajo… pero tampoco tanto.

Trailer de The Boy Behind the Door

The Boy Behind the Door: los niños nunca dicen muerte
  • Carlos Giacomelli
3.5

Por qué ver The Boy Behind the Door

Sólido thriller sobre el secuestro de un par de niños que, pese a su falta de originalidad, consigue cuajar por dar en la diana con su tono y ritmo, amén de un reparto sorprendentemente acertado. Corta la respiración.

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