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Crítica de The Owners (2020)

Pues de allanamientos de morada va a ir la cosa en la edición 2020 del festival de Sitges, parece. Y sin que acabe de tener éxito la propuesta, dicho sea de paso. Si este género ha servido, en el año de la pandemia, para una desafortunada presentación de Kevin James como actor serio (Becky), también ha valido de nueva intentona para que Arya Sta… digo, Maisie Williams, trate de desprenderse del encasillamiento de Juego de tronos. Y digámoslo de entrada, ella es lo mejor que tiene The Owners, thriller en el que un grupo de canis ingleses entra en un casoplón para intentar vaciarlo, creyéndolo vació, pero son pillados por sus dos habitantes: una pareja de ancianos que a lo mejor no es tan inocente como parece.

Nada hay, en The Owners, que salga abiertamente mal. Al guion (basado en una novela gráfica) le va grande cada uno de los giros que va dando, pero al menos los da, queriendo aportar algo de frescura en un género manido como pocos. La película no brilla por su esplendor técnico, pero tiene cierta personalidad, marcada por un estilo voluntariamente feo y hortera (acorde al grupo de quinquis protagonista primero, y con la pretendida locura posterior). Y el gore que se gasta aquí y allá no acaba de pegar, pero al menos es gore, que siempre es bienvenido y más en un festival de estas características.

Pero a su vez, tampoco hay nada en The Owners que salga del todo bien. No acaba de tener demasiado sentido nada de lo que ocurre, ni se hace del todo atractivo por un guion que bien pronto empieza a poner en evidencia sus carencias. Es incapaz de hilvanar una narrativa que una con cierta armonía un cambio de tercio con el otro, de manera que estos no ocurran a trompicones impidiendo que el espectador los digiera correctamente. ¿Será porque, en el fondo, Julius Berg (director y coguionista) sabe que traen más ruido que nueces? ¿O porque intenta alejarse a toda costa de No respires? Podría ser, pero en cualquier caso, lo que no tiene tanta excusa es la pobre descripción de sus personajes, planos y desaprovechados.

Por su parte, ya decía que The Owners parece apostar por un estilo cutre. Pero hay maneras y maneras, y aquí no son pocas las ocasiones en que nos descubrimos arrugando la nariz por puro desagrado. Realmente, la película no entra por los ojos: el feísmo se traslada a todo su planteamiento formal, los borbotones de sangre no encajan con la función, y ciertos pasajes generan incluso repulsión (esa situación en el sofá con la jeringuilla, o los planos finales, por ejemplo).

Entre un guion demasiado picado y un estilo que no encuentra su comodidad, al final, la propuesta de Berg desprende sobre todo incredulidad. Tanto, que cuando toma una decisión técnica genuinamente acertada (al menos a juicio de quien esto escribe), entran dudas: ¿a ver si se trata de un problema de la sala de proyección? Pero no, se da por hecho que es voluntario, y si bien no del todo original, es un recurso infalible para generar claustrofobia. Bien puesto, en los momentos en que la película ya está totalmente loca.

Así que supongo que lo que tiene The Owners es, principalmente, mala suerte. Tiene diversas piezas la mar de molonas, pero ha tenido la mala pata de no saber encajarlas para que el resultado global fuese igualmente resultón. Queda en un entretenimiento regulero, un pasarratos para ver si no hay ninguna otra alternativa, y olvidar tal y como se acaba.

Trailer de The Owners

Reseña de The Owners (2020)
  • Carlos Giacomelli
2.5

En pocas palabras

Muy poquita cosa depara esta enésima película sobre allanamientos de morada con giros curiosos pero sin cabeza. Maisie Williams es el único foco de luz de una película que vale como entretenimiento, pero da la sensación de dispararse en un pie ella solita. 

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