the ritual

Crítica de The Ritual

Ojo, que el cine sigue siendo un mundo maravilloso en el que cuando menos te lo esperas, te llevas la sorpresa. Hete aquí el enésimo grupo de amigotes perdidos en el bosque. Hete aquí, por tanto, el enésimo horror in the woods: búsquense parecidos con brujas de Blair, pero en general con cualquier otra película o serie reciente (desde Señales a The Descent, pasando por The River o Expediente X) en la que lo desconocido sea el principal protagonista. En The Ritual se encontrarán sin reparo alguno. Y sin embargo, ni se puede hablar de fotocopia impersonal, ni de pérdida de tiempo. La película de la que ya se ha agenciado Netflix se descubre como una pequeña alegría, una sorpresa con capacidad para aportar algo y para, si no generar miedo, cuanto menos algún susto digno a lo largo del más que entretenido viaje que propone. Cosa de la novela homónima de Adam Nevill en que se basa, de la hábil mano tras la cámara de David Brückner, o de un atinado reparto encabezado por Rafe Spall. Sea como sea, tales cartas juegan una mano inesperadamente vencedora.

De por sí, la premisa por la que cuatro colegas, ya mayorcitos, acaban de trekking perdidos por los bosques de Suecia, se antoja más coqueta que de costumbre: la muerte, seis meses atrás, de un quinto miembro de la cuadrilla durante un atraco a una tienda, ante la pasividad de uno de ellos. El pasivo es personaje interpretado por Spall, justamente, quien no se sentirá del todo cómodo ante las constantes miradas y comentarios del resto durante la excursión. Conforme empiezan a pasar cosas raras, la película se va centrando en él y en su periplo interno por ver si consigue, esta vez, convertirse en héroe de la función en vez de mirar como un pasmarote cómo se ponen en peligro las vidas de quien lo rodean (amén de la suya, claro).

De ahí, la verdad, tampoco es que el libreto se convierta en una disertación profunda y ceñuda del tema de la culpa y/o los remordimientos: se queda en un plano muy superficial, justo para aportar el suficiente interés en sus personajes como para que éstos no caigan en el acostumbrado olvido, o rechazo directamente. No, la cinta en realidad prefiere asustar, motivo por el tardan poco en alternarse sustos y set pieces de terror en curvatura ascendente y empinada, hasta llegar a un clímax delirante y generoso en excesos.

Pero aquí toca, ay, comentar dos tiros al palo: el primero, un desaprovechamiento del potencial para acojonar de The Ritual. Y es que Brückner apuesta por el exabrupto audiovisual antes que por explorar la atmósfera que le ofrece el claustrofóbico bosque en que todo sucede. Susto antes que miedo. Lo que imposibilita que el film se pueda tildar de pesadilla, ni pueda trascender lo más mínimo en los anales de la historia del cine de género.

El segundo se deriva de una decisión arriesgada, que no necesariamente equivocada: si a lo largo de sus primeros dos actos se apuesta por no mostrar nada, un giro inesperado cambia de tercio y lleva a un tercero en el que todo misterio es resuelto, regodeándose y abusando, incluso, de efectos digitales. Mostrar antes que insinuar. Puede tomarse como un homenaje lovecraftiano, como una recompensa al espectador, o como una oportunidad perdida por dejarle con el mal rollo en el cuerpo. Sea como sea, para lo que dicha decisión sirve es para despejar dudas sobre el único objetivo real de The Ritual: el de entretener. Por eso la ágil realización desde su primer minuto. Por eso los chistes del primer acto. Pues oíd, el género también se nutre de propuestas despreocupadas y palomiteras. Desde esta perspectiva, el objetivo se cumple de sobras.

 

 

 

Valoración de La Casa
  • Capi Spaulding
3

En pocas palabras

Netflix se propone hacer un Blair Witch y le sale un producto entretenido y de lo más eficaz, que ni sorprende ni perdura pero, por lo menos, entretiene. Se le echa en falta riesgo, pero se le agradece su honestidad.

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