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Crítica de Tiempo después

José Luis Cuerda es sinónimo de humor manchego, de surrealismo, de una forma de entender el cine español que ya no se estila. Su último filme antes del que nos ocupa, Todo es silencio, se alejaba de sus cánones y su género predilecto, ese que comulga con frecuencia con sus chascarrillos y frases ingeniosas o locas en Twitter, y le salió el tiro por la culata, con un drama ambientado en la Galicia dominada por la droga y la corrupción, que funcionó bastante mal en taquilla y del que apenas nadie se acuerda, con un Quim Gutiérrez haciendo lo de siempre y un Juan Diego al que pocas veces se le ha entendido peor en su dicción.

Ahora, el cineasta albaceteño regresa por sus fueros para traernos una historia coral ambientada en el año 9177, mil años arriba mil años abajo. Una sociedad de ricos que habitan en un edificio gigantesco, donde solo pueden existir tres negocios del mismo oficio, frente a los parados, que malviven en el exterior, en chabolas en mitad del campo. Todo parece cambiar cuando uno de los pobres se introduce en el complejo para intentar vender su limonada, lo cual puede cambiar el modo acomodado de vivir de los que están por encima en el escalafón.

Con ese argumento nos podíamos encontrar con un buen puñado de momentos marca de la casa, con la gracia habitual del director manchego, pero el filme se alarga en exceso y al final uno está más pendiente de todos los actores que se pasan por ahí: Arturo Valls, Carlos Areces, Joaquín Reyes, Raúl Cimas, Miguel Rellán, Berto Romero, Andreu Buenafuente, Blanca Suárez, Javier Bódalo, Carolina Bang en un breve cameo, Antonio de la Torre, Manolo Solo, Gabino Diego con acento inglés… y cientos más que siempre encuentran su momento para soltar el chiste de turno. No obstante, en la película que parece más berlanguiana de su director, el humor acaba resultando cansino y forzado, siempre basado en comentarios surrealistas de los personajes, donde todos parecen declamar igual, sin personajes que destaquen por encima de otros y sin hacer avanzar un argumento muy pobre, al servicio de este humor que al final aburre.

Pese a todo, siempre da gusto ver que un director tan mayor siga apostando por su estilo y por obras en cierto modo valientes para los tiempos que corren. Menos mal que no andaba Mario Casas en el reparto en busca de rendimiento taquillero.

 

Trailer de Tiempo después

 

 

Valoración de La Casa
  • Mario Parra
  • John Blutarsky
2.5

En pocas palabras

Nobles objetivos traducidos en una película fallida por su paulatina disolución conforme se van acumulando personajes con chascarrillos de gracia menguante.

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