tres caras critica

Crítica de Tres caras

La carrera del iraní Jafar Panahi tiene en 2010 su año bisagra. Fue ese el momento en el que el gobierno de su país lo intentó sumir en un ostracismo creativo amenazándole con un lustro entre rejas y ordenándole el cese de toda actividad al considerarlo, básicamente, un grano en el culo del régimen. No eran de recibo sus películas anteriores, por lo visto, y mucho menos su visión progresista, crítica y abierta a capturar ciertas sensibilidades femeninas. De modo que fue condenado a arresto domiciliario y vetado para rodar cualquier nueva película. Lo siguiente que rodó, clausurado en su propio hogar fue, eso, Esto no es una película. Todo lo hecho hasta ese momento quedaba como feliz estrato de un historial ya de por sí intachable (pocos son capaces de un debut como El globo blanco y de obras tan radicalmente esenciales como El círculo u Offside), pero a partir de entonces se sumaba a la mezcla panahiana una voluntad de transgresión de los propios límites de la ficción. Un estudio entorno al metacomentario autobiográfico.

Tres caras es otra de sus no-películas. Una que se abre con una escena escalofriante rodada en móvil y que justo después rompe sus propios esquemas: cambia el formato a uno cinematográfico y pone en duda lo que acabamos de ver. En ese momento sitúa en el centro de la narración a la actriz Behnaz Jafari interpretándose a sí misma (o a una visión de sí misma) y al propio realizador, ambos embarcados en la búsqueda de una joven cuya hipotética desaparición, o presunta escenificación de la misma, no parecen demasiado claras. Y articula un relato al que, más que nunca, le trasluce el maestro: esta es la película más Kiarostami de Panahi, tanto en lo conceptual como en lo formal. No es difícil ver en los dos protagonistas, que recorren en coche algunas zonas deprimidas de Irán, a aquellos que hacían lo propio por el Koker post-sísmico. Es más, el plano que cierra la película recuerda poderosamente a cierto otro, muy icónico, de ¿Dónde está la casa de mi amigo?

A lo largo de semejante paraje cartografía Panahi las tiranteces de una sociedad en la que la mujer libre sigue siendo un ente molesto, en el que las familias se rigen por preceptos tradicionalistas relacionados con el honor y en el que la represión sigue empobreciendo la calidad de vida de las personas. Lo hace mediante un cierto estatismo argumental, pero se las maneja para que su cine sea, una vez más, una china en el zapato y un arma de libertad, tanto ética como estilística. En Tres caras se permite oscilar entre el naturalismo de la miseria (nunca miserabilista) y una tensión dramática más afilada, no exenta de momentos aislados de gran intensidad pero ajena a la sobreactuación. De hecho a menudo la cámara deja de seguir a sus personajes y permite que el mensaje ocurra en un mucho más expresivo fuera de campo. Todo, obviamente, sin abandonar una deliberada austeridad expositiva y un riguroso temple escénico. Una serenidad que resulta sorprendente no sólo por lo magmático de lo que cuenta en realidad sino por su naturaleza de producto rodado en la semiclandestinidad. De nuevo, la libertad vuelve a abrirse camino.

 

Trailer de Tres caras

 

 

Valoración de La Casa
  • John Blutarsky
4

En pocas palabras

Jafar Panahi no se despega de las constantes de su ideario y se las ingenia para volver a burlar las duras condiciones de su país, ofreciendo una nueva tajada de cine minimal ideológicamente encendido y moralmente necesario.

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