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Crítica de Una joven prometedora

El efecto #metoo en el cine tiene cosas buenas y cosas malas. En el segundo grupo metería aquellas producciones que van al bulto, pecando de básicas y haciendo más mal que bien. Como Bombshell (El escándalo). Del lado positivo, discursos interesantes, empoderamientos con sentido, o en general nuevas voces que se alzan y tratan de lo mismo, la mierda de sociedad machista que tiene que acabar de una vez por todas, pero lo hacen con inteligencia, frescura, o sutileza (que no menor impacto). Como Estafadoras de Wall Street, o Mujercitas. Y vale, sutil, lo que se dice sutil, Una joven prometedora no es que sea precisamente. Pero sí es un descubrimiento como la copa de un pino, pues supone el debut en la dirección de la actriz y guionista Emerald Fennell, y uno de los títulos más frescos, irónicos, juguetones y ante todo punzantes, en materia. Vamos, una película de culto y con mensaje.

En una pirueta que, a priori, haría las delicias de todo fan de Quentin Tarantino, Una joven prometedora presenta a algo así como una superheroína de la venganza: una chica (gloriosamente interpretada por la reaparecida Carey Mulligan), se dedica a vengar al sexo femenino dando lecciones a los machirulos que, cada noche, pueblan bares y discotecas aprovechándose de las mujeres que han bajado la guardia, ni se van a enterar, es que van provocando, seguro que les gusta. Pocas dudas acerca de su discurso desde (ya digo que la sutileza no forma parte del menú) sus primeros segundos, en los que la cámara navega entre movimientos pélvicos, camisas por fuera y corbatas anudadas a la frente, antes de recaer en una chica que parece al borde del coma etílico para alegría de estas manadas de cromañones. Así es como la Mulligan caza a sus presas.

¿Estamos ante un slasher vengativo a lo La violencia del sexo? Pues en verdad no, y ahí está el jugueteo del film. Su discurso ya es lo suficientemente terrorífico como para necesitar que la Fennell se recree. Es más, una de terror, gore o similar, hubiera desviado el tiro, y lo que le interesa a la directora es que su mensaje no pierda un ápice de fuerza. Motivo por el que… toma decisiones que, como poco, descolocan. Hasta que cobran todo el sentido del mundo: desde un tono claramente deudor de la serie B, el exploit, lo tarantiniano, Una joven prometedora va abriéndose paso hacia otros estilos de película. Hay romance, hay comedia, hay ambas cosas mezcladas a ritmo de Paris Hilton, y hay tribulaciones de una chica de 30 años que debe dar el siguiente paso. Es como si la película quisiera ser un inofensivo divertimento por y para mujeres (con socarronería, incluso a la hora de elegir la paleta de colores, bien de saturación rosa). Hasta que el macho aparece y se lo impide. Lo mismo que la protagonista, quien debe superar un trauma generado por el hombre, pero siempre hay otro que acaba siendo una decepción, un paso en falso, un ser necesitado de una lección.

Porque la humanidad, nos guste o no, sigue siendo retrógrada y machista. Por momentos, parece que la película llegue a dudar del juicio de su personaje principal. El espectador es invitado a plantearse hasta dónde tiene razón y hasta dónde se trata solamente de una mujer desequilibrada que debería ser encerrada. Todo sigue formando parte del plan de Emerald Fennell, y que culmina en un tercer acto que es un nuevo cambio de tercio donde la contención cede algo de terreno a lo fantástico, con muestras de ser plenamente consciente de ello (uno de los personajes dice «ni que estuviéramos en una película de los 90» en una alusión bastante clara). Pero, ¿fantástico? Que cada dos por tres aparezcan en las noticias casos de manadas invita a plantearnos hasta qué punto la ficción supera a la realidad y viceversa. Si Una joven prometedora adopta voluntariamente un punto de locura hacia su final (y hasta aquí puedo leer), es porque sabe que no dista mucho de lo plausible. Y eso es lo que acaba siendo lo más terrorífico de una película que no es de miedo, pero asusta. Que es cínica e irónica, pero cuenta con un discurso sumamente importante. Una comedia, negrísima, serísima a la vez. Y que de esta manera tan extraña, tan kitsch, tan contenidamente loca, consigue ir mucho más allá que cualquier otro burdo intento de subirse al carro sólo para embolsarse unos cuantos dólares. Debería dar que hablar.

Trailer de Una mujer prometedora

Reseña de Una joven prometedora
  • Carlos Giacomelli
3.5

Por qué recomendamos Una joven prometedora

Fresco, juguetón y, a la postre, retador ejemplo de cómo entonar un mensaje alto y claro, sin acomodarse en previsibles ejercicios de refrito formulaico. Una joven prometedora asusta, divierte, entretiene en todo momento, e invita a la reflexión con un ímpetu que más quisieran muchos.

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